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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

03/12/2008 GMT 1

El hombre imperfecto

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 03:21

El hombre inevitablemente imperfecto es la coartada perfecta para no mover un dedo por él. El conservadurismo funda su vestidura ideológica en la convicción de que mas vale ajustarse a lo conocido, conservándolo tal como está que pretender imposibles para un futuro que no los otorgaría. Esos imposibles desbaratarían un presente regular o referencial y estable por unas hipótesis que podrían desequilibrarlo todo y, lo que es peor, engendrar una sociedad peor. Puesto que las historias de los países que hicieron revoluciones en el siglo Veinte, o que así se llamaron, han demostrado efectivamente que aquellos grandes futuros que prometieron se redujeron a otras versiones de la miseria humana, no faltan manantiales argumentísticos para apoyar la inactividad crítica y el bloqueo del progresismo. Quienes nos hemos pasado casi toda la vida protestando por el estado de las cosas y por las imperfecciones imperdonables en un mundo que podria admitir considerables mejoras para el bienestar de todos chocamos contra múltiples muros que nos recuerdan no solo a la realidad imperfecta sino a las multitudes imperfectas habitándolo. El hombre nace y muere imperfecto. Cuanto antes uno sepa esto antes dejará de perder el tiempo en esperar a que evolucione. A menudo me enfrento a la discusión sobre la creencia o no en el ser humano. Me retiro de ella. Creer o no creer no es la cuestión o en todo caso no es el sujeto temático de la exploración de la verdad. Hay una creencia posible en todo: reconocer su existencia. Yo creo en el individuo humano como parte del panorama existencia. Acepto su evidencia pero no creo en su potencialidad como tal ser. Es el miembro de una especie animal involuta o no tan evolucionada como en el siglo XIX se pudo creer. El narcisismo de entonces ha quedado totalmente infundado. Sus grandes proezas, sus inventos, su alta tecnología, su inteligencia, sus literaturas, sus experiencias quedan una y otra vez desacreditada con la enorme multitud de gestos antihumanos de los mismos humanos. Es así que dentro de al especie hay distintos ritmos y valores, hay humanos-personas y humanos-bestias. Muy bien, no podemos esperar otras cosas desde el momento en que habitamos el infierno y la sin razón prospera continuamente.
De hecho la dinámica lógica para los razonamientos no éticos impera por encima de la ética del razonamiento. Las palabras se ponen al servicio de las convicciones, la ciencia está al servicio de los intereses, la verdad se doblega a las mentiras necesarias, la pedagogía se doblega a las políticas de manipulación de los educandos y, en definitiva, el ser humano ha dejado de creer en el proyecto del humanismo de si mismo.
Mientras distintas cofradías y asociaciones rezan a sus credos y siguen sus programas sus vidas proyectadas dejan que desear. ¡Quien sea perfecto que dé un paso al frente! No nadie lo es. No andamos provistos de santos. Quienes accedieron a la lista bien pudieron formar parte de una política doctrinaria de expansión, pura estrategia comercial de ideologías. Muy bien si la condición humana nos obliga a una renovación continua en la imperfección ¿para qué continuar trabajando a favor de la tesis contraria? Si sé que nací y morí imperfecto ¿para qué repensar otras mil o más veces en el resto de vida que me quede esa crucial cuestión? Al quejarme de la imperfección mundana un sacerdote que tuve por vecino de habitación zanjó el tema con absoluta naturalidad: no, la perfección no es aquí donde hay que buscarla. Para él estaba claro que el cielo se la suministraría, la vida terrena era solo la sala de espera para entrar. Vale. La imperfección permanente hace de coartada para no hacer nada, para no progresar, para no proponer, para no corregir, para no evolucionar.
Tomemos el asunto con más rigor metodológico. No hay parámetros tan absolutos: perfecto-imperfecto. Me puedo auxiliar y sosegar con la idea de que ni todo es imperfección ni todo alcanza la perfección, pero ni lo imperfecto significa que sea inútil ni lo perfecto significa que sea siempre lo deseable. La gente sigue trabajando en la adversidad, esmerándose, investigando, desarrollando, a veces en las peores condiciones . A pesar de tener las derrotas aseguradas las víctimas de las coyunturas se levantan y reorganizan para seguir luchando. El ser humano tiene de grande pretender grandes objetivos o dicho de otra manera, lo que le hace grande es ambicionar futuros mejores y lo que le empequeñece es seguirse flagelando a sí mismo, aceptando sus inmundicias.
En la tesis del hombre imperfecto y, peor que eso, del hombre deliberadamente erróneo y corrupto, no poca gente funda su biografía en la desconfianza permanente, en la distancia glaciar hacia el otro, en la no lucha por un mundo mejor y en la reducción de la vida a los parámetros dominables de la proximidad. La tesis se viene añadir a las características de la misma imperfección. En tanto nazco, soy y seré imperfecto. La vida no me ha dado, da, ni dará las posibilidades para mejorar mucho más allá de lo que ya sé. La filosofía no explica el sentido de la vida pero el filósofo tampoco, porque tras concienciar sus contenidos vacíos ¿Por qué insiste en sumar años biográficos para repetir las mismas conclusiones? Lo más honesto es retirarse de un mundo de repeticionismos y de cabezas huecas como versiones dominantes. Pero ya sabemos que el discurso del suicida convierte a su subscriptor en un tipo longevo. Todavía no conozco de citas de suicidas de los domingos al atardecer en algún acantilado (¡no por favor! ¡Estrellatos sí, estrellados no!).
A la imperfección se le debe una prodigiosa fuente de conocimiento. El hombre imperfecto lucha contra sus límites continuamente, es gracias a esto que la extra-limitación forma parte de su historia, de su desiderátum y de sus posibilismos. Hay algo de trágico en la imperfección pero también algo de estimulativo en ella para superarla.

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