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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

15/11/2008 GMT 1

Ideas de Marca

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 19:49

¿Cuántas palabras son necesarias para expresar una idea? Respuesta: depende del tipo de idea. Hay ideas que por muchas palabras que se lleven usando en la historia lingüística para ser explicadas siguen sin ser entendidas del todo, otras pueden ser resumidas en una o dos palabras. Cuantas más palabras compongan una idea dada, más difícil es que su estructura verbal sea coincidente entre dos o más que la hayan elaborado, Y al revés: cuantas menos palabras necesite una idea más posibilidades teóricas hay para su coincidencia espontánea. De hecho, hay ideas que pueden quedar resumidas en una sola palabra aunque no sea lo habitual por la función polisémica de la semántica. Lo más habitual es tratar de expresar runa idea en una frase breve. Dos palabras o tres (contando copulativas o preposiciones) son ya una frase.
En el planeta digital donde la vasta plataforma internáutica permite catapultar las ideas, con una aceleración y manejo popular en soporte gráfico, nunca antes visto, la demostración de la coincidencia en formulaciones de frases o títulos y, en definitiva, de palabras combinadas, es total. Hay frases afortunadas como el río de la vida que pueden tener una impresionante cantidad de autorías. Cualquiera que sea el título de un artículo o de un blog en el que se piense obliga a pensar si ya no está en circulación o si no ha sido “inventado” previamente por otra persona. La palabra “inventado” realmente no es el denominativo correcto. Desde el momento en que tenemos a nuestro abasto miles o millones de palabras ya inventadas, combinadas de una forma u otra es más el resultado de la ocurrencia que no de la creación misma. Se puede hablar de creación a partir de la generación de nuevas ideas a partir del empleo de palabras viejas. Muy bien, tenemos que la originalidad obliga a un esfuerzo en decir las cosas y en titularlas de maneras ocurrentes y distintivas. Aún así, al hacerlo nadie puede garantizar la permanencia biunívoca entre el diseñador de una idea de marca (un título, un slogan o una frase) que le represente y ésta a la que personaliza. Si la idea es buena, si la expresión es impactante, antes de qué pase mucho, otro, desde otra latitud y sin que tenga la deferencia de decirte: tu frase me ha gustado, la hago mí; se apropiará de ella y hasta es probable que olvide en el futuro que lo hizo atribuyéndose su paternidad. Este fenómeno ya se conocía en la era predigital y por ello se desarrolló toda una jurídica de marcas registradas para evitar plagios o duplicidades. Estas marcas se extendían y siguen extendiéndose a los nombres de empresa, a los logos, a los sloganes publicitarios, a los títulos de revistas. Todo eso no ha evitado que una estética del plagio, totalmente fraudulenta y poco ética, haya ido desarrollándose. Hay que tener entrañas para dedicarse a copiar los originales de otros: desde envases parecidos a logos holográficos, a idénticas cromografías. Por otra parte todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida y quienes no tienen ideas no les queda otro remedio (¿de veras?) que copiar las de otros.
No siempre el diseño, la idea, la conclusión, el esbozo, la combinación a la que llega una persona desde su creatividad puede pretender que sea única y exclusiva. En otra parte del planeta otra persona puede estar combinando lo mismo y puede llegar a la misma combinación. En esa probabilística de combinaciones, puede suceder que dos o más personas, desde fuentes de inspiración distintas y sin alevosía para copiarse, lleguen a la misma conclusión combinatoria. Concedámoslo. Pero eso poco importa. La distinción a la que llega uno por separado de otro con su idea de marca, su eslogan concreto, su palabra, su neologismo incluso, otro se puede tomar el derecho de reproducirlo y hacerlo pasar por suyo. ¡Que más da! En realidad una idea de marca no deja de ser una proposición de un mensaje. Cuanto más corra tanto mejor a favor del mismo. Vengo usando unos cuantos nombres para mis revistas y/o plataformar textos disertativos y/o noticias, desde hace más de diez años, tales como Fluéncia Transcultural, Transculturália, Utopía en Marcha, Letras y Musas, Psicodharma, Entrevecinos y otros. En un principio en la red los que verifique de estos estaban solos. Palabras como Fluencia o Utopía, desde luego no, me habían precedido. Al tiempo al tratarme de localizar a mi mismo en tales plataformas he ido encontrando la proliferación de algunos de ellos. Lejos de sentirme copiado o expropiado más bien me siento alagado. (tampoco puedo descartar técnicamente que otras personas sin haberme leído se les ocurriera la misma combinación y forma gráfica. También hay que decir que a veces al psiquismo se le ocurre sacar ideas que tiene almacenadas por haberlas tomado de otras fuentes habiéndolo olvidado.). Hay que decir que la probabilidad para llegar a una combinación de dos substantivos centrales es bastante alta, pero a partir de tres es bastante baja. Como que la mayoría de combinaciones utilizan dos palabras clave hay que contar siempre con la posibilidad de la coincidencia a no ser que se rebusquen neologismos que las distingan. Uno de los últimos blogs que he construido se llama Analiticonda tratando de protegerlo por la vía del neologismo. En cuanto a la lista más atrás mencionada cada uno de los títulos lleva incorporado un mensaje sutil. LetrasyMusas refiere ese mundo arduo de la literatura y de la bohemia, con la inspiración convocada de seres deificos para ayudarla. Utopía en marcha es la propuesta de un movimiento social como proceso, también de un movimiento en ideas. Recuerdo que alguien se me rió de esta combinación que tengo en el login de uno de mis emails en catalán utopiaenmarxa desautorizando la utopía como posible realidad de futuro. Psicodharma, vincula otras leyes del cosmos y otros misterios con la estructura psicológica del individuo. Entrevecinos es una voz que sugiere la confraternización de ciudadanos y ciudadanas desde el universo de los barrios y de la vida cotidiana, es un nosotros en un tú a tú campechano.
En la actualidad no tiene el menor sentido ir a hacer cola a las oficinas de registro para legalizar tal o cual nombre o idea nominal. (nos pasaríamos el día en estas gestiones y dejaríamos de hacer el trabajo creativo) Que la gente copie todo lo que quiera y más, si esas copias sirven para promover unas ideas positivas tanto mejor. A uno siempre le gusta que le reconozcan por sus méritos y que si alguien toma una idea o un título al menos sea citado, pero ni siquiera eso es imprescindible. Esperar o desear el agradecimiento no deja de ser un tic de las viejas costumbres. No hay mejor forma de reconocimiento de un trabajo o de una idea que se popularice aunque nadie sepa exactamente de donde surgió o quien la hizo. Por encima del quién lo fundamental es el qué, por encima del autor tiene prevalencia el mensaje. Focault se pregunta con ansiedad –referencia tomada de Bernard Henri Levy en su libro sobre el siglo de Sartre- por la paradoja de anunciar la muerte del hombre a la vez que se lucha por la defensa de sus derechos. Esa paradoja se reactualiza cada dia en los menores detalles de la existencia creativa. De una parte estamos abocados a crear, a proponer, a sugerir, de otra no podemos evitar que toda creación sea condenada al destino de una estandarización desproveyéndola de su función original. No importa, la creatividad tiene la fuerza descomunal de su crecimiento mientras que la vulgaridad por mucho que no la entienda en su plagio también contribuye a divulgarla. Evidentemente no toda copia es plagio y el reconocimiento pasa por la reproducción de los que otros hicieron.

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