El Acoso Periodístico
Si alguien te asalta por la calle hablándote, insistiéndote, fotografiándote, persiguiéndote, molestándote, posiblemente --con el código civil o penal en la mano- se le puede exigir por la vía judicial que te deje tranquilo. A esas acciones se les llama acoso. Hay gente que va a la cárcel por ello. Toda insistencia por repetido que busca tu respuesta cuando no la quieres dar o te roba la imagen porque eres famoso o eres noticiable es desagradable. Si encima la gente de la molestia son un par de periodistas (generalmente, un cámara y un reportero con la pera del micrófono metiéndotela en la boca) la revisión de su profesión se hace obligatoria. Quienes más interesados pueden estar en hacerla es el propio gremio profesional que tiene que soportar a sectores de su medio que son la vergüenza del oficio. Ese periodismo, el más sabueso y rastrero de todos, compuesto de gente sin muchas luces o que no tiene otra capacidad para hacer un trabajo mejor, no sabe lo que es el respeto ni le conviene saberlo. Antes de aceptar una entrevista están ya enfocando con las cámaras, antes de averiguar si estas interesado en hablar o en tener un momento ya te están tomando planos de tu cuerpo, de tu cara, para llenar minutos o segundos de su programa y generar expectación y morbo. Lo peor no es solo eso, sino que digas lo que digas, van a utilizar tus palabras para ridiculizarte. El único amparo que se toman esos ladrones de imágenes es el de creer que una figura noticiable, sea porque forma parte de la galería de los famosos, o porque puntualmente es noticia por alguna clase de percance, es una especie de cosa de usar y tirar a conveniencia de los programas que se dedican a eso.
No se trata solo de gente que inspira asco como los de “Aquí hay tomate” –un programa que debería ser exterminado por razones de salud psíquica social para no alimentar el morbo y la insidia-sino de conocidísimos reporteros como la Milá, perdón la Merceditas según Monagal) , que llama a una puerta particular cámara en marcha ante alguien que ni los deja pasar ni que quiere hablar y que sin embargo reproducen eso para avidez de todo el público.
No entiendo como no se incoan procesos contra esta clase de conductas por muy famosos que sean quienes las hagan. Si la gente no desea malgastar su tiempo, se trate de personas de categoría como la Obregón a la que siempre andan molestando –la cual muy tranquilamente los trata de estúpidos haciéndoles creer que no sabe que van sus preguntas, o se trate de cualquiera con el nombre desconocido, para personarse como querellantes por sufrir molestias, las fiscalías deberían hacerlo de oficio.
El fenómeno del periodismo-espectáculo está muy adelantado y es difícil que de un frenazo. Al contrario hay una forma de televisión que es despótica e insultante y su línea de actuación ni está amparada por la deontologia periodística ni por las leyes en vigor del país. ¿Hay alguna moción en curso para plantear una ley que regule la actividad periodística en cuanto al estilo de acoso que tan amplia tolerancia tiene?
Cuando puntualmente alguien se enfada y rompe la cámara del periodista o se vale del micro para darle un tortazo al reportero o reportera que le acosan, parece que el entrevistado a la fuerza tiene mucho que ocultar y que esos agentes de la imagen cogida in y facilitadores del texto insidioso son ángeles inocentes. No hay manera legal para pararles los pies y ponerles en su sitio. Que hagan de periodistas y para ello que pidan el consentimiento de sus entrevistados.
Propongo que la gente asediada por ellos que no quiere darles audiencia y que sin embargo utilizan sus imágenes, los denuncien, es decir denuncien a sus programas y a los reporteros concretos que les molestan. Esa no es una solución --si hay una es con su reeducación – pero al menos les hará reflexionar sobre sus estilos tan mezquinos.

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