Xenofobia como enfermedad
Dentro de las temáticas cuyas polémicas son más viscerales, la cuestión nacional y la extraterritorialidad de los grupos étnicos ocupan un lugar preeminente. Cuando surge el tema, pronto los resentimientos biográficos de los polemistas pueden aflorar con toda su crudeza dejando la objetividad del debate en el lugar de la ausencia. Muchas actitudes históricas fascistas cabe atribuirlas a la ignorancia. La xenofobia puede ser una reacción autoprotectiva frente a la extensión inmigratoria en el propio suelo acompañada de desajustes culturales, pero ¿tiene también que ver con una disposición patológica del sujeto a negar lo diferente y las diferencias?
Tanto si puede ser establecido como no el origen patológico, la persistencia xenófoba convierte al sujeto xenófobo en un intolerante que se pierde la oportunidad del aprendizaje de la diferencia y especialmente de las diferencias intrínsecas de aquello que rechaza u odia. Lo fija pues a su reducto fortificado incorporando los atributos tópicos del obsesivo.El problema principal de la xenofobia acaba volviéndose contra el xenófobo que se cierra para no ver las ventajas que aporta o podría aportarle aquello que rechaza o aquellos con quienes no quiere saber nada. En los primeros minutos de un encuentro (o colisión) verbal con una mentalidad xenófoba la hipótesis de diagnóstico obsesivo puede ser establecida y actuar en consecuencia, reconduciendo la conversación o neutralizándola. Es importante no confundir las razones subjetivas del malestar del xenófobo frente al extranjero por su multitud de razones anecdóticas´ que lo avalen (que sin duda las tendrá) con el hecho cardinal de su negación de lo distinto que le cuestiona los valores identitarios propios.

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