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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

14/11/2008 GMT 1

Renacimiento de las Tertulias

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 16:32

El renacimiento de las tertulias: pasar el mundo por la palabra.
Durante los discursos de la militancia y en la época en que era perentorio tomar partido y organizar las discusiones en torno a las acciones sociales, las apreciaciones que merecían las reuniones discursivas eran un tanto despectivas.Se las veía como charlas de café o conversaciones descomprometidas o debates pequeñoburgueses. Unos años después, con el modelo democrático consolidado y con una enorme multitud de grupos vertebrados en torno a sus praxis concretas (ediciones de boletines, parcelas ecologistas, ongs de solidaridad, ongs para lo que sea, peñas naturistas, grupos naturalistas, dentro de una variedad de especificaciones)se ha generado otro vacío con el que no se contaba: frente a tanta especificidad y fragmentos del movimiento social se encuentran a faltar lugares para la cultura lúdica. Antes estaba bastante mal visto reunirse para hablar sobre sociedad, teoría,opresión, problemas, sentimientos o realidades y no tratar de llegar a conclusiones. Mucho peor visto estaba no concretar caminos para solucionar las cuestiones detectadas sobre el tema hablado. La idea de la concreción era idolatrada, a la vez que temida, pues quien no proponía lo concreto corría el riesgo de ser tachado/a de intelectual, diletante, filósofo, abstracto, teoricista, estudiantil o inútil. Ciertamente para cambiar lo social y lo externo, los discursos no podían andarse por las ramas (otra denominación hiriente),sino que cada reunión debía llegar a una conclusión factible o a una evaluación de gestiones y pasos dados dentro de una táctica-plan o un programa de trabajo previamente decidido. No había otra forma para convocar a la conspiración y a la lucha y hacer de los deseos de cambio un movimiento fuerte de renovación. Tal herencia metodológica sigue persistiendo en nuestros días y no puede ser de otro modo.Para que un grupo determinado sea útil a un contexto social debe tener claro p ara que nace y qué persigue,sino caerá irremediablemente en su dispersión y en la demora de sus pretensiones. La variedad de grupos con los que colaborar es tal que hay un menú de propuestas y praxis políticas y reivindicativas al gusto de todos. Las ofertas están servidas y las elecciones están hechas. Pero ¿qué pasa con lo otro? ¿con las ganas de hablarlo todo? ¿con el discurso de la vida? ¿con la filosofía personal? ¿con la relación lúdica intelectual? ¿con el amor por el saber compartido? ¿con el flujo de conocimientos heterogéneos desde la base? ¿con conocer el pensamiento de los compañeros inmediatos de lucha sobre otros temas fuera de la reivindicación o gestión del momento? ¿qué sucede con el deseo pretérito de pasar al mundo entero por la palabra modesta de cada uno? Todas esas preguntas se resumen en una: ¿qué pasa con el habla sobre nosotroas mismoas?
No es extraño que la falta de la conversación plural más allá del ámbito amical o estrecho,esté incitando los últimos años a convocatorias tertulianas o a su florecimiento. Tácitamente hay una reivindicación de aquello época de los neutrales, o de los conversacionarios en sus cafés, que en torno a figuras lúcidas o a deseos creativos se reunían para ejercer una de las cosas más bonitas y más antiguas de la condición humana: hablar en paz. Volver a hacerlo ahora es tratar de compensarnos en algo que no nos ofrecen nuestros grupos reivindicativos, estemos en los que estemos y sin entrar en sus diferencias ideológicas o de programas. Si cada grupo tiene la ventaja de su especificidad también tiene el sesgo de su discurso parcial.En contrapartida las tertulias inspiradas en el impulso por el saber y por co-opinar sobre la vida, las efemérides o lo que se tercie otorgan unas coordenadas comunicativas más liberadas de normas o de eficacias forzadas. ¿Acaso las reuniones de trabajo y militantes,no pasan una y cien veces por la experiencia desagradable de eternizarse en un mismo punto de impasse?¿Acaso de eso no brota una inferencia frustrante,por la cual no se v vuelve a repetir asistencias irrentables? ¿Es o no es que cada grupo de trabajo social acaba siendo una porción parapetada en si misma que no admite otras entradas si los planteamientos son muy distintos? Bien,forma parte del panorama otoñal de la fragmentación.
Por el contrario las tertulias de conversaciones no tienen que normativizar nada, programar ninguna política, demostrar ninguna eficacia, teorizar ninguna tesis sobre la comunicación.Les basta con dejarse llevar por los temas sin espantarse por el discurso ejecutivo. Una tertulia a diferencia de cualquier otro acto comunicacional con pretensiones (congresos o jornadas de debate programadas de partidos y organizaciones) no necesita llegar a un consenso,o a votar una cuestión.Todo lo contrario consiente el disenso que es una manera de describir la tolerancia ante el principio de diferencia. Poder hablar en grupo, que sea además abierta y al que se puedan ver caras nuevas en cada una de sus reuniones sobre el tema propuesto para ese día y no tratar de imponer las propias opiniones,es un ejercicio maravilloso, una escuela de vida cuya calidad puede ser alta y permite la diferencia de velocidad y de pensamientos ante todo lo que sea presentado. Es el diseño de la cultura lúdica, disociada de un baremo de medios para su rentabilidad. Aunque directamente y voluntariamente no hay conexión con un propósito o un compromiso, el acto de opinar, de decir aquello en lo que se cree a otros, de manifestar lo reprimido,es un acto compromisario.Es una actuación aunque no reditúe una contusión práctica. si los grupos específicos para trabajos sociales llegan a ser restrictivos y de acceso minoritario,las tertulias en tanto que su naturaleza es no exigente, tolerante y abierta pueden masificar sus asistencias y constituirse en actos sociales públicos y cívicos de referencia,aunque esa no haya sido su pretensión.
El solo hecho de crear una tradición de habla en concordia y no caer en las trampas de crecimiento de casi todos los grupo: su tendencia intestina al autoencierro; es ya un reto formidable. Hablar en un contexto de permisividad recíproca es una manera también´ de concretar la utopía aunque sea desde una moderación y una sencillez.
Observar la pirueta histórica que ha dado la concepción de la palabra y la importancia de todos sus foros en hacerla: desde los que negocian acuerdos para bisturizar la realidad, a los que no negocian nada para mantenerse como observadores. Estar en el lugar de la observación ya no significa estar en aquel descompromiso tan criticado de las épocas de las dictaduras, sino en la fase fundamental de toda ciencia.Sin colección de datos no ha manera de estudiarlos, comprenderlos y transformarlos. Un contexto tertuliano no espera otra cosa que tener un lugar de flujos y intercambios de palabras, que -desde luego-puede derivar a otros espacios,pero que no constituyen una meta inicial ni posterior. Se trata de un contexto más pasivo que activo, más captador que interventor, más relacional que operativo.Y aún así puede hacer bastante para la vida social de una ciudad o de un barrio o de una gente,si mantiene su talante de transparencia y de profundización en los temas. como otra ventaja supletoria,permite un buceo o un sondeo en un conjunto de opiniones heterogéneas que pueden revelar momentos de opiniones convergentes en una situación social. Participar en una tertulia es participar también en un sondeo,que revela por donde corren las ideas de la calle y los fantasmas públicos.Es conocer lo que sucede y no especular sin fundamento sobre ello. Una tertulia transparente y sin temor a ninguna invasión o manipulación de nadie si permanece abierta(contrarrestando la tendencia natural en el crecimiento inercial de todo grupo a una cierta dosis de enquistamiento, selectivismo y cierre)también lo estará a otroas tertulianoas de otras tertulias, con lo que la transmisión de la palabra, el intercambio de conocimientos y la filosofía de la mutua com-penetración podrán prevalecer. La tertulia por su carácter distenso y lúdico y su disociación liberada con la conclusión no impide que sea rigurosa y enriquecida. Cada punto de vista y aportación es un valor en si mismo y todo el mundo siempre tiene algo que decir aunque a veces quede guardado.de entrada unas intervenciones o unos asistentes no tienen más valor o importancia que otros . La tertulia ideal es la que acaba creando una conversación colectiva de la que nadie se sustrae,algo que no siempre sucede en otros ámbitos de la palabra con formatos presentados bajo la etiqueta del rigor. A diferencia de otros ámbitos de vínculo cultural,la tertulia admite que la última persona en llegar puede decir lo que a nadie se le haya ocurrido expresar con anterioridad. En ese sentido todoas loas participantes están en una igualdad de condiciones. otra diferencia perfectamente marcada con los grupos orgánicos de carácter severo. Y una cosa más que no puede dejarse de lado.La tertulia en tanto que no es una asociación no exige nada a nadie y lo agradece todo a todos quiénes pasan por ella: tanto a quienes recalan una temporada o a quienes fichan sin fallar nunca, como a quiénes acuden una vez para no volver nunca más porque no es un lugar que quieran incorporar en sus agendas o sus tiempos ocupados.De un extremo a otro, todo el mundo puede decir la suya atreviéndose a enseñar lo que sabe y a aprender en lo que escucha.

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