Recreación sentimental
El lenguaje amoroso y re-creación sentimental.
Para enamorarse hacen falta dos. Uno que enamora y otro que se deja, o uno que lo propone y el otro que coincide; o bien, uno que expresa su falta de amor y el otro también planteándose remediar entre los dos ese déficit. No hay un amor igual a otro aunque todos tienen algo de parecido. Enamorarse es un proceso complejo que pasa, ¿cómo no? por enamorar. Hablar desde la ternura y la sinceridad, mostrando lo que uno es y por lo que está pasando ya forma parte del lenguaje amoroso. A veces, sucede que un sujeto resentido con su ultima historia amorosa se la cuenta a ese otro, que es nuevo en su vida, como algo que forma parte ya del pasado mostrándose tal vez como ex resentido, depositándosela dentro del parámetro de la amistad o de la consulta analítica sin advertir que con su confidencialidad puede enamorar. El amor es un complejo proceso de cariño lleno de pequeñas y sutiles unidades de información, de pequeñas e inequívocas entregas, de detalles del deseo y de reconfiguración de antiguas escenas que se vivieron con otros pero que ya quedaron atrás. Hay algo de común en todos los procesos amorosos pero no hay una historia de amor igual a otra. Se dice que en comparación al primer amor no hay ninguno pero la verdad es que cada nueva historia de amor al tener incorporada la experiencia de los anteriores puede ser mucho mejor que todas éstas. Todo depende de la energia que se ponga, de la ilusión que genere la otra persona. Desde el primer momento de la expresión del placer mutuo por su encuentro dos amantes potenciales ponen en consonancia su lenguaje y sus células: el uno vibra por el otro y entre ambos hay un fluido especial sea cual sea la distancia. No hay energia mayor que la amorosa para vencer distancias y dificultades del tipo que sean.
El lenguaje amoroso se confunde con el lenguaje seductivo. Incluye, por supuesto, la seducción pero no se limita a eso. Mientras que el lenguaje seductivo no deja de ser una estrategia del cortejo para la posesión corporal del otro al que se desea para un placer o la procreación, el lenguaje amoroso va más allá de la conquista del cuerpo e incluso, eventualmente, puede prescindir de tal conquista. El lenguaje amoroso es la forma verbal explícita para manifestar el amor por alguien. Se llena de palabras pero sobre todo de conceptos que van definiendo lo más exactamente posible el valor del sujeto amado en la vida del amante. El lenguaje amoroso es el que rescata a una persona que es amada del anonimato o de un mundo informe. Es un lenguaje personalizado y fundamentalmente induplicable aunque se pueda caer en palabras repetidas diciendo cariñito o cuquita a distintas personas. Por encima de algunos gestos similares cada relación es privada e inimitable. La ventaja de cada historia de amor es que no suplanta a ninguna otra. Las que hubo tuvieron su tiempo y su valor, las que van a venir pueden tener el suyo sin necesidad de maldecir o negar el valor de las anteriores. El plural ha sido la constante de la historia aunque para algunas personas, más victimas que adherentes de sus culturas, toda su experiencia amorosa no ha pasado de la intimidad compartida con una sola persona a lo largo de subida y terminada ésta, por ruptura o por defunción, ya no intentaron ninguna otra.
La experiencia del amor es algo que se proporcionan/nos proporcionamos unos amantes a otros. Sin ella la vida es deficitaria. La comunicación superficial para gestiones o para cuestiones mecánicas de la supervivencia no atraviesa las paredes de los corazones. La amorosidad hace de la vida algo realmente estupendo, con todas sus vicisitudes, vaivenes e, incluso, intrigas. Amar genera un conjunto de conductas especificas de nuevo cuño dentro de un comportamiento inherente del/de la enamorado/a. Estar enamorado es estar dentro de una expectancia, incluso cuando verbalmente no se haya formalizado ningún compromiso de futuro o del tipo de relación a gestionar. El amor introduce variables que dislocan la agenda. Para amar hay que tener tiempo. El estado de amor también te sigue en tus horas de trabajo aunque sean espacios diarios en los que la otra persona no esté. Amar genera una química y una disposición de ser y de agradar no experimentada en los periodos de desamor (definido aquí como la transición entre un estado de amor y otro estado de amor con personas distintas o puede ser también que con la misma persona independientemente de su performance de tragedia que no tiene porque ser tal). Es uno de los sentidos existenciales, Vivir con el recuerdo del amor pasado o frustrado tras una tentativa intensa es aceptar una vida deficitaria por no decir mediocre. Por supuesto que se puede vivir sin alguien que te englobe con el lenguaje amoroso especial y sin practicarlo. Hay formas de sublimar esa necesidad. Una de las mas conocidas es la de reconstruir el amor particular, personal y corporal en un amor universal, etéreo y solidario. El amor de primer tipo genera energías no exentas de conflictos en tanto se unen dos personas que se atraen poderosamente pero que pueden ser muy distintas, tanto en sus ritmos de vida como en sus preferencias como por lo que hace a sus otras relaciones personales, el amor de segundo tipo aunque es mas extensivo a mas personas curiosamente genera menos variables por que no se espera tanto una correspondencia en el plano de igualdad del tú a tú. Se trata de energías sentimentales distintas. En el lenguaje amoroso a un tu concreto, a un objeto de deseo y pasión nominal y determinado, la recreación sentimental trae una rémora de otros sentimientos pasados y extintos por personas que ya se fueron y que desaparecieron por completo de tu vida. Tras el paso de los años esos protagonistas del ayer que ocuparon el eje cotidiano durante años quedan en una nebulosa sentimental. Si tras la ruptura amorosa no quedó alguna clase de contacto es posible que la noticia de su defunción no obtenga ni siquiera una lágrima de tu sentimentalidad. No hace mucho experimenté una sensación un tanto extraña desconocida antes por mí. Algo hizo que me preguntara qué sentiría si me llegara la noticia del deceso de una mujer a la que quise más que a mi vida y que fue la primera mujer de la que realmente me enamoré y con la que llegué a mi madurez sexual. Para mi sorpresa tuve que reconocer que nada, que no sentiría nada. En algunos periodos biográficos la gente no para de acudir a sepelios como uno de los actos sociales más abundantes de su agenda sin que eso signifique que tenía una especial vinculación sentimental con la persona fallecida. La pregunta posterior que tocaba en el orden de una auto investigación sentimental sería, lógicamente, que sentiría con respecto a la misma noticia de otras personas amantes o de alta vinculación personal. A esta pregunta no llegué por temer que pudiera responder lo mismo. La muerte de alguien así como la propia no es, de hecho, ninguna noticia excepcional. Es más bien la noticia que todos llevamos dentro y solo es cuestión de saber la fecha en que publicarla. Los valores occidentales no están para perder el tiempo con la perspectiva del morir. Cuando alguien fallece lo único que sucede es que zanja definitivamente toda oportunidad de contacto o de palabra con los demás, pero desde muchos años antes esta imposibilidad ya existía. No es la finitud del cuerpo lo que pone el cierre a la comunicación sino la finitud de la voluntad la que la impide entre los vivos.
En el lenguaje amoroso el amante/cada amante debe saber y asumir sus responsabilidades hasta donde llevarlo y hasta donde entender el del otro. Hay personas que tienen la costumbre de terminar sus cartas diciendo: te amo, sin sentir realmente ningún amor personalizado. Hay una forma curiosa de utilizar el verbo amar dándole la equivalencia de gustar. No se puede amar a una determinada pintura, un plato típico o una conferencia o un libro. Pueden gustar o experimentar placer sensorial los uno o intelectual lo otro en su contacto. El sentimiento de amor se genera con seres vivos. Claro que eso es discutible y no dudo que pueda ser coherente el poema que declare un amor por los objetos decorativos o por las cosas no sensibles. Esa particular relación adherente con las cosas introduce una reflexión acerca de la sentimentalidad ante la insensibilidad. ¿Es posible la acción sentimental estable que no oscile ante la falta de sensibilidad ajena? El objeto material queda disculpado porque no tiene ni puede tener ninguna. Es solo una forma y un depositario de funciones que en suma son cargados con el valor añadido de los recuerdos que genera y, con éstos, los sentimientos que retrotrae.
El lenguaje amoroso es el distintivo entre las cosas que gustan y las personas que se gustan. No se habla con un regalo pero sí con la persona a la que evoca. Hay quien puede dominar el lenguaje amoroso y presuponer que es solo un recurso literario o una estrategia que puede dejar de emplear tan pronto no obtenga correspondencia o se cerciore de que se ha equivocado de persona. Al hacerlo, vuelve a confundir amor con seducción ignorando que junto a los conceptos dados se ha dado a sí mismo y la vuelta atrás no es tan sencilla. El amor pasa no pocas veces por la sin razón. Antes de pensar en sus consecuencias o en planificarlo ya puede ser un hecho, íntimo y no publicado pero hecho al fin y al cabo. Es su grandeza: iniciarlo sin pensar en convencionalismos o incluso en su oportunidad material para que se concrete en una relación estable, intensiva y convivencial (aunque no todos los amores tienen porque compartir un mismo techo a perpetuidad).Un proverbio latino dice que es una locura amar a menos que se ame con locura. Un algo de des planificación es inevitable. Una vez consolidado como amor autentificado ya habrá tiempo para las consideraciones logísticas. Los amores planeados no tienen más éxito que los no planeados. Debe ser tal vez el único campo de la relación humana en que el planning tiene que ser posterior a la sintonía y no al revés. De hacerlo al revés es posible que la sintonía no surja nunca. El lenguaje amoroso es mucho más que una hablar que tiene sus ecos en las pantallas y los estándares; es un decir que tiene sus recovecos en el pasado personal y en las reacciones sentimentales protagonizadas. No se limita a un acto formal o representacional sino a una posición actitudinal y una transformación del yo ante el otro. El beso o besos al final de una conversación los estándares han terminado por convertir en una forma protocolaria y vacía de pasión. Las mismas palabras pueden decir cosas distintas por eso hay que acompañarlas de otras para precisar el valor exacto que se le da a las primeras. En el cuadro de Gustav Klimt, ”el beso” irradia la cromía del deseo. Es una imagen del deseo, del dar y del recibir, de la pasión en puertas, y tal vez una invitación sutil o una idea germinal en quien lo tiene como poster en su despacho, a ser besador de los cuellos sino vírgenes si inocentes dispuestos a una relación amorosa clara y convencida.

Meneame
del.icio.us