La pasión pactada
La aventura amorosa. Pasión pactada a la carta. Historias de 7 días.
Si dios pudo construir el mundo en 6 días, dos humanos bien pueden construir su historia de amor en una semana. Ese argumento no convence a nadie pero el contraste entre la gran escala de lo uno y la pequeña escala de lo otro bien podria llamarnos la atención. Las historias sentimentales se inician sin una agenda. Será luego, que al recordarlas, se las pone dentro de un calendario. El amor a término no suele ser pactado a priori por nadie a pesar de la sugerencia cervantina. Probablemente si las personas iniciaran sus procesos sentimentales compartidos estableciendo un final a priori el alma humana se evitaría muchas tragedias. Lo más que la madurez pacta es la continuidad mientras haya adhesión por ambas partes para hacerlo. Otro asunto son los flirts de fin de semana o los placeres sensoriales puntuales de una noche para los cuales ningún protagonista cuenta con un después.
El amor es una de esas palabras mayores que viene con la tesis de intencionalidad para una larga duración. Cuesta tanto elegir o encontrar a una persona como objeto de deseo y de ternura, que una vez que se tiene no es cuestión de dejarla escapar. Tras una larga vida colmada por muchas, si no todas, las experiencias deseadas a la hora de hacer un inventario de amores sus referencias tampoco son tantas ¿Cuantas personas elegibles para amores tiene uno durante toda su vida: una, dos, tres, diez, una docena? Eso son números menores para, sin duda, la experiencia eléctrica y energética más intensa de cada biografía. Los amores no son tantos y ni siquiera los que lo han sido son claramente definibles como tales.
Cuando le preguntas a tu partner cuantas historias de amor ha tenido antes que la tuya es posible que te de cifras distintas o que te vaya añadiendo nombres a su lista según la/lo vas conociendo. Es un tema que no tiene porque ser preguntado. Si surge bien, si no cada cual tiene derecho a silenciar su pasado como mejor le parezca. Se diría que hay partes del pasado que es mejor no tocar. Es como si relecturas posteriores las pudieran dañar o descolocar del lugar donde las tenemos puestas. Por otro lado, muchos silencios sobre lo sucedido son solo la consecuencia de una amnesia selectiva o una desmemorización notoria. Cuando te aproximas a alguien para saborear el amor con ese alguien, no es cuestión de gafarlo diciéndole que te tienes que ir al cabo de una semana para otra historia con otra persona que te está esperando al otro lado de la ciudad o del país. A los humanos les/nos encanta pertenecer a la categoría de la exclusividad o balancearse/nos en su/nuestra presunción aunque sepan/mos que es mentira. Dime que me amas aunque no sea verdad.
El/la protagonista del amor plural necesita(ría) su álbum en el que fotografías de cara y de cuerpo a todos sus partners con unos datos de ficha esenciales para poderlo ubicar en su memoria. Las profesionales del sexo que han tenido a miles de personas visitando sus genitales pueden dar referencia de unos prototipos y grupos dentro de una estimación numérica pero difícilmente dar señas de todos ellos. El personaje varón de Feminália. La casa de las mujeres empieza empapelando las paredes de su cuarto con las fotos de las mujeres de sus intimidades para terminar haciendo un inmenso book con varios volúmenes, de los miles de ellas. Pero eso ¿qué significa exactamente?, significa la hazaña del guerrero semental que fue solicitado por tantas mujeres hermosas para auto confirmarse/lo en su rol, el de tanta potencia, algo de lo que suelen hacer gala los machos que no tienen otras luces para otras actividades. No es el caso de ese personaje dentro de una novela de ficción, a cuya creación le debo tantos momentos de placer, la libido del cual lo eleva al éxtasis del placer revirtiéndolo en su creatividad para otros asuntos intelectuales y organizativos.
En la práctica, los hombres y mujeres reales, con sus/nuestros límites físicos y sensoriales vemos como nuestra erogenia pasa por distintas vicisitudes y nuestras psicologías necesitan tiempo para asimilar todas las experiencias con las que nos vamos cruzando. Dicho de otra manera: aún en unas condiciones totales de permisividad sexual absoluta, sin restricciones de ninguna clase ni por la cultura ni por nuestros partners, nuestros cuerpos y mentes necesitarían de tiempos de reposición y de períodos de latencia antes de reiniciar un nuevo proceso sentimental. Es así que enamorarse cada lunes para terminar la historia cada domingo es psicológicamente imposible si es amor lo que está en transacción y no un juego sensorial. Antes bien el sujeto multienamoradizo nos dará la impresión de ser alguien inmaduro que no sabe lo que quiere ni a quien quiere. Hay algo que psicológicamente no tenemos resuelto: no aceptar de nuestras parejas o cónyuges que practiquen una misma clase de actos con otras personas. Eso nos descoloca. Lleva a que pensemos que no tenemos el lugar de la importancia que nos habían asignado y que la elección que recibíamos, sin duda privilegiada, ha sido efímera. El gran tema de discusión para la consistencia amorosa es el de su exclusividad. De hecho amor y amor en exclusiva se toman como lo mismo. ¿Qué decir de historias de amor que si bien se inician con todo el reclamo y pasión para desarrollarlas intensivamente es fácil calcular a priori para ellas que no van a poder sostenerse en el tiempo? Se dice que hay amores imposibles. Las diferencias de edad y de orígenes sociales siempre han estado dentro de los argumentos favoritos de los opositores a que algunas historias se desarrollaran haciendo todo lo posible para abortarlas. Los padres siguen prohibiendo a sus hijas determinados pretendientes que las rondan. Hay otras muchas razones que las dificultan: relaciones previamente constituidas, distancias geográficas considerables, accidentes e imposibilidades físicas e impedimentos de libertad para el contacto. Todos los factores objetivos limitantes que se puedan enumerar nunca son tan problemáticos como los factores subjetivos de los mismos protagonistas al no exhibir la seguridad suficiente para la relación. No hay posibilidad de evolución amorosa con el escepticismo permanente del partner que proporciona más tiempo y energia a sus dudas que a la misma relación.
En una historia de amor con cita previa para la que hay el concurso de las condiciones iniciales de partida: deseo, erotización, voluntad para una nueva experiencia, apertura, liberalidad, tiempo, medios…no tiene porque haber, ni es lo más recomendable precalcularlo, todas las condiciones para su continuidad posterior. En un encuentro amoroso de ese tipo quizás el móvil mayor sea salir de un desatascamiento sentimental para despues juzgar las posibilidades de algo más crucial. Una compañera de militancias de muy buen ver decía que debería hacer algo para sacar de sus paradas sexuales a los camaradas masculinos para que rindieran mejor en la lucha política. No sé si llevo a la práctica su deseo, algo avanzaría, pero eso me recordó una forma particular de la tesis de la ayuda mutua de Pedro Kropotkin, a quien leí en un tiempo en el que su influencia teórica no fue tan poderosa como la marxista.
Iniciar una historia sexosentimental de la que se puede decir cuando empieza pero no cuando acaba, aunque una semana despues o tras 14 o 21 orgasmos, se vea interrumpida por la restitución de cada uno a su ciudad y a sus asuntos pendientes, no se puede medir su valor hasta este después desde una atalaya retrospectiva. Eso no es tan grave, antes bien es honesto. Hay otras citas planteadas como aventuras amorosas que ni siquiera llegan al tercer día o pasan del primer rato de cama. Eso dentro de un contexto de comunicaciones de sondeos en las que muchos conatos verbales, la mayoría sin lugar a dudas, no pasan de unas pocas frases que no consumen más de unos minutos.
Una cita para iniciar el amor es completamente distinta a una cita para volver a recordar lo que es un coito. La entrega al otro pasa por el atractivo de sus atributos, por la predisposición a la seducción y desde luego por la intensidad libidinosa. Sin embargo será cada situación concreta la que decidirá la envergadura de esta performance. El deseo se puede venir completamente abajo ante la falta de estimulación por la persona concreta que tienes enfrente. Hay muchas mujeres que todavía piensan que basta poner su desnudo para que todo lo demás venga dado. La sexualidad es el arte de la excitación y la sexología que lo estudia reconoce los valores añadidos a la desnudez anatómica que suelen pasar por la iniciativa, el desenfado y la transgresión.
Una historia de 7 días puede tener su principio, desarrollo y hasta su agotamiento y final. Un amante debería conocerse mucho a si mismo y a las parejas con las que se va encontrado para sacar de sí todo lo que pudiera contener una historia, por tanto el otro, en tan poco tiempo. En realidad fracasaría y no lo conseguiría. Podria tener varias relaciones durante un año pero seria totalmente imposible tener tantas historias de amor como encuentros en la intimidad hubiera practicado. De la misma manera que la puta profesional llega a olvidar, u olvida con suma facilidad, a los tipos que le pasan por encima no teniendo mas valor ser parte de su trabajo mecánico, el amante promiscuo se perdería lo mejor del otro aunque pudiera contabilizar cientos o miles de amantes con miles de orgasmos prodigiosos, su experiencia de persona. Por eso una historia de 7 días corre el riesgo de llegar al séptimo teniendo mas fuerza que el primero para seguir ante la expectativa de un amor que no pare de hacerse grande. Es así que incluso dos amantes que pacten estar y solo estar 168 horas juntos los dos corren el riesgo de que se vean en la tesitura de desear ver multiplicado este tiempo.
Como idea de la ficción no está mal, los humanos vivirían el amor desde el parámetro de la libertad pero también del respeto a su terminación y renovación continuas. Como posibilidad practica puede suceder en algunas ocasiones con algunas relaciones ajustada a un criterio difícil de sistematizar.

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