La Mujer Violada
En el análisis de la fantasía de la violación se demuestra la reivindicación inconsciente de un dominio, esto es, el deseo de un sojuzgamiento a una práctica conscientemente reprobable pero instintivamente deseable. La fantasía es el resultado de un conflicto entre una moral interiorizada, que se traduce en una auto prohibición de según que prácticas y la ensoñación de éstas (sexo plural, penetraciones simultaneas, felaciones, forzamiento,…) con unas ganas instintivas de experimentar aquello por lo que no se ha pasado pero se sospecha que produce un placer extra o superior al ordinario que se suele estar practicando.
En el análisis de la sociedad patológica, con una impresionante casuística de delitos de violación, lo que se demuestra es una incapacidad proverbial del sistema para curar las tendencias criminales que promueve. Las obsesiones sexuales que llevan a conductas agresivas tales como la violación son el resultado de desajustes de los individuos con las influencias de sus medios que en lugar de reconducir sus ansias a los consumos lícitos satisfacen sus pulsiones de forma violenta contra víctimas propiciatorias. Para el violador su víctima está pidiendo guerra por su modo provocativo de vestir. El entorno de ésta no dejará de hacer comentarios en contra de su comportamiento como pseudocómplice de quien la ha violado en lugar de ayudarla a reponer el mal trago y perseguir al culpable. La psicología del violador demuestra la biografía de un infeliz incapaz de resolver sus necesidades por una via natural, sensata y en todo caso, siempre, consensuada. El hombre que se vale de su fuerza para violar a una mujer no es un verdadero hombre, es un mamarracho que sabe que es pura escoria. No es extraño que en el mismo código carcelario los violadores sean los peores aceptados en su comunidad. Pero ese mamarracho, despersonalizado, tímido, inútil, inseguro y jada seductor que acude a la fuerza para copular y con eso entrar a la fuerza en el cuerpo del otro no deja de ser el producto de una cultura hedónica que no para de inducir a la sexualidad sin que todo el mundo pueda satisfacerla.
La gente llega a la edad adulta castrada sin formación general suficiente y sin educación sexual en particular. Está quemada por sus extremas necesidades no resueltas que piden la urgencia de ser satisfechas. El violador trata de satisfacer por la peor vía de todos lo que podria o debería conseguir por la vía del cortejo. Todos los animales copulan y muchos lo hacen de una manera violenta. Otros se blindan cuando no tienen necesidad. El sexo no siempre funciona a conveniencia de las dos partes sino de una sola con lo cual el sexo, aún consentido dentro de una pareja, no deja de ser una violación atenuada cuando la satisfacción es unilateral. Eso aumenta considerablemente la población de violadores aunque no de penitenciarios cumpliendo pena por tal condición.
La psicología del violador demostrará la de un incontinente despreciable que sólo piensa en sí mismo a la vez que es totalmente negado para la comunicación. O lo hacemos por las buenas o por las malas dirá ante la chica sorprendida que se ha puesto bajo su dominio. La chica, tal vez, por su talante, desenfado y aspecto sexy, habrá sido confundida por el otro que es una ninfómana que folla con todos. El mismo juez que juzgará la situación podrá decir o pensar que no debería haber salido a la calle tal como lo hiciera en la noche de autos. Sus familiares la criticarán una vez más a propósito de esta fatal experiencia por su ideología progresista y su visión hedonista de la vida. En resumen la violada lo será porque ha querido, pensará no poca gente. Por su parte puede llegar a tener dudas entre hasta donde llevó ella el juego de seducción o ya no recordará en que momento se perdió el control del juego pasando a una situación embarazosa en la que se le obligó a hacer lo que ella no quería hacer.
Ante una situación de fuerza mayor, en el sentido literal de la fuerza física del que impone su pene, víctima seguramente de su propio falicismo, es mejor salir con buen pie para contarlo que no machacada o apuñalada. La más valiente puede aprovechar el momento de la felación para dentellarle el pene al intruso (¿acaso el feminismo más radical no proponía la castración a los violadores comprobados o últimamente se se volvió a hablar de castración química?) o sentarse en su cara y asfixiarlo –si pesa lo suficiente para esto y tiene suficiente fuerza-. No se puede quitar la importancia del tema ni con una ni con otra idea. La sola perspectiva ante la violación resulta aterradora como lo es toda condición de debilidad frente al fuerte que se rige por el imperio de su ley y solo se tiene en cuenta a sí misma. Un violador es antes que nada un enfermo, un tarado, un descolocado, un antisocial, un inhumano, pero todo eso pueden ser eximentes a su favor para pagarle al terapeuta más caro mientras su víctima infeliz se tiene que pelear con su entorno por que sigue dudando de la autenticidad de su versión. ¿Quién empezó primero? ¿Quién tiró el primer tejo? El violador, sea el que se agazapa en la oscuridad para asaltarte porque esta al tanto de tus pasos, o el conocido que ha venido a casa, o el familiar incluso, que se aprovechan de una indefensión para conseguir su penetración, no tiene perdón de dios si hubiera algún dios que pudiera perdonar algo. En los casos más graves solo obtienen placer de ese modo y no conciben el sexo a conveniencia de las dos partes que lo practican. Todo el desprecio social que puedan recibir no ha hecho desaparecer esa conducta dentro del comportamiento sexual de los humanos.
Existe una violación figurada que evoca aquella. Cuando alguien quiere sexo rápido, o fuerte, o impositivo incluso emplea esa palabra para con su pareja: ¡viólame! Hay algo de la sexualidad que puede ser escénicamente muy fuerte y que sin embargo forma parte de la complacencia de las partes. Los niños pequeños pueden no entender según que gemidos, gestos o movimientos de sus papas mientras follan a unos metros de él que no puede decodificar esa clase de gestos, más bien los menos, en relación a los de la ternura del resto del día. En el repertorio de los placeres sexuales, las insinuaciones sado-maso sin llegar a ser filias con la parafernalia apropiada (faldas cortas, ajustadas y de cuero, chalecos sin nada debajo, cinturones y arneses de cuero, los látigos, los ligamientos y ataduras) están de moda y en crecimiento. Se podría asegurar que lo mismo que el sexo oral tuvo que mantener batallas con la ideología dominante para pasar a ser aceptado como natural y placentero, va a suceder lo mismo con los juegos de dominación y sus vestuarios, decorados y artefactos.
Los actos sexuales que procuran más placer son los de mayor compromiso íntimo, es decir, los de socialización de las zonas corporales más privativas. Hay un salto cualitativo entre ofrecer los genitales para que sean chupados esperando que la lengua llegue también al ano a sentarse en la boca del partner para no permitir que su lengua se desentienda de la cuestión. Este segundo gesto puede ser una acto impositivo que a la vez puede estar siendo deseado por quien esta abajo en la posición dominada. En el juego sexual apasionado no hay pocas posiciones que son de dominio. Ese no es el problema sino que cada uno tenga su turno para dominar al otro.
Pero, obviamente, una cosa es jugar a eso aun representando la posición de la persona violada y otra muy distinta es sufrir la violación de un invitado o de un recién conocido porque interpretó erróneamente las señales del desparpajo. Es posible que lo peor del violador sea su falta de delicadeza por no decir de humanidad. Su deseo de copular no deja de ser un deseo universal. Es probable que muchos violadores ocasionales convenientemente preeducados y en contextos más permisivos no hubieran llegado a esos extremos tan reprobables. Hilando fino el violador es un tipo sometido a códigos férreos que no le han permitido evolucionar y experimentar el placer, bramando como fieras cuando ven una oportunidad para hacerlo. En las ideologías menos permisivas, la islámica entre ellas, los violadores son chalados dispuestos a perder la libertad por un solo polvo o incapaces de crecer como adultos dentro de una sociedad compleja y contradictoria. Lo menso que se puede hacer por ellos es despreciarlos e inmediatamente excluirlos. No se puede esperar demasiado de quien pone su pulsión sexual en el puesto de mando de su vida y no tiene ninguna consideración para complacerse como sea.
La violación no es exclusivamente femenina, o la mujer como violada. Una mujer también puede simularla con un pene artificial penetrando a un hombre pero de eso hay menos noticias. Un doble pene, que de un extremo este en su vagina y de otro en el ano de él. Es posible que los hombres penetrados así por sus mujeres aprendieran bastante más de la psicología femenina.
La experiencia o experiencias repetidas de violación en lugar de desarrollar una sexualidad creativa puede blindar a la mujer que haya pasado por ella/s ante iniciativas sexuales transgresoras o provocativas. El sexo tiene dos invitaciones a ritmos distintos según el momento y la sintonía con el amante. Hay propuestas sexuales que no son aceptadas al principio de un contacto y que son buscadas más adelante en el mismo encuentro o un tiempo después.
Tampoco se puede olvidar los factores de inhibición para cualquier clase de nueva relación sexual tanto en tiempos de sida como los pretéritos, en los que sífilis y gonorreas hicieron sufrir no poco a la condición humana en la búsqueda de sus placeres. Ante las primeas alarmas del contagio del Aids y las muertes espectaculares por esta causa (nunca se ha puesto en claro porque en la década de los 80 se moría más por el sida que en las posteriores) Anthony Fauci participó de las investigaciones para combatir los reservorios o santuarios del VIH. Parece que ya no es necesario eliminar el virus para controlar el Sida. Duda de la posibilidad y también de la necesidad de purgar el virus del reducto de células infectadas. Los ensayos demuestran que siempre queda un virus residual imposible de eliminar. Lo fundamental es la contención de sus reservorios no su eliminación. Aunque es prudente y afirma que de momento no hay ninguna evidencia clínica q sugiera la conveniencia de suspender los tratamientos. La sola posición de la mujer abajo mientras es penetrada ya es una postura de sumisión y es la más estandarizada.
En un estudio riguroso de violadas para conocer las distintas fases de uan violación habría que preguntar a una muestra honesta si en el curso de ella hubo algo de placer o no lo hubo en absoluto, en cuanto al dolor en que medida fue soportable. Por lo que hace al placer se tendría que discriminar mucho del valor en si mismo del acto sexual de la imposición de una conducta no deseada en si misma displacentera. Lo terrible de la cuestión es que una imposición (la violación en sí misma) no esta(ría) divorciada de la posibilidad de su goce en el momento de ser impuesta.
El tema de la violación no es tan fácil de dilucidar cuando en la parafernalia del juego puede tener su performance y en la realidad de la vida tiene su tragedia con una conducta criminal.

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