La masturbación en la edad adulta
La escena de una mujer automasturbándose ha sido más promocionada y premiada por lo pornografía que la de un hombre en solitario haciendo otro tanto. La de este, por exigencia de los guiones porno, es admisible ante y sobre una mujer, para que su surtidor lácteo quede realzado. La de aquella, queda envuelta en un halo de purezas e insinuaciones. La masturbación es el nombre de la auto sexualidad, aunque desde luego está incorporada en las actividades eróticas compartidas. Examinemos su valor según su contexto escénico: la manipulación manual del pene o del clítoris, pretende una resolución orgásmica y una descarga de placer. Y esa es una pretensión común tanto en una situación acompañada como en otra solitaria. En alguna ocasión un amante con experiencias fallidas puede llegar a pensar que es mejor la masturbación que la intimidad genital compartida con amantes que lo que menos se podría decir es que no estaban a la altura de sus roles.
La vagina y el pene siguen siendo universos desconocidos por amantes que todavía no saben como tocarlos, acariciarlos o lamerlos. Los manuales de sexología dan indicaciones de cómo hacerlo. Hay una vasta y rica literatura que podría convertir al amante más negado en el sexólogo más experto. Pero una cosa es la sexología y otra muy distinta la sexualidad real. El estudio del comportamiento sexual no convierte su estudiante o investigador en el espécimen más erótico y bien dotado aunque sí puede ser el más consciente de los puntos de placer y de las fallas al no procurarlo.
La masturbación ha dejado de ser un tema tabú para ser naturalizada como una forma de sexualidad rápida, directa, barata y satisfactoria. Es en todo caso la vía dominante de acceso a los placeres sexuales para la inmensa mayoría de personas en una etapa determinada de su existencia que suele estar situada en la pubertad y primera adolescencia. La hetero u homosexualidad, en definitiva la sexualidad compartida con alguien, debería poner fin a aquella. No es así, ni tiene porque serlo. Las condiciones para al auto caricia pueden seguir prolongándose toda la vida siempre que las posibilidades de placer compartido estén bloqueadas o momentáneamente negadas. Hay, además, otra razón muy poderosa para hacerlo. El recurso a la masturbación es tanto mas inevitable cuanto menos placer se obtiene con el partner de al lado. Pasar por la experiencia de masturbarse mientras éste –o ésta- se halla dormido forma parte de los secretos íntimos de cada cual. Esa escena que es más común de lo que se reconoce introduce un factor de reconsideración con respecto a lo que es la sexualidad solitaria de lo que es la compartida. El hombre o la mujer que se masturban mientras su partner esta ya completamente dormido a su lado desde luego está protagonizando una actividad solitaria pero es de un orden distinto a quien lo hace dentro de su apartamento no sospechando lo que hace el vecino del apartamento contiguo. La soledad del primer caso es discutible a pesar del no conocimiento de uno en lo que está sucediendo. Lo más probable es que quien se masturba este pensando en situaciones lejanas y extrañas a la realidad de su dormitorio o tal vez no, su fuente de inspiración sea la anatomía que yace a su lado. Las masturbación es tanto más placentera cuanto más real sea el estimulo que la induce. Si bien hay una autoinducción natural a ella que surge espontáneamente a partir de una libido que presiona y que busca una descarga en forma de orgasmo, lo que incrementa o reduce sus calorías es la cantidad de estimulación real con la que se cuenta. Una vez mi compañera de aquel entonces me dejo muy sorprendida porque la desperté al masturbarme a su lado (algo que hice en contadas ocasiones) acusándome de que había estado abusando de ella mientras estaba dormida. Descubrí en esa frase que me había unido a una persona con una ideología que no le había advertido. Vale, tal vez si rocé mi pene en su glúteo mientras me estaba masturbando o la acaricié con mi otra mano libre pero jamás sospeché que eso pudiera ser interpretado como un abuso. Estábamos ya en nuestra fase de desencuentro que daría lugar a la ultima de separación y nuestra vida sexual en común no era precisamente la más exuberante, algo imperdonable cuando se tienen veinte años y se necesita hacer el amor cada día para vivir la calma del pensamiento y ocuparse con relax para otras actividades creativas.
Se llega a la edad adulta con una sexualidad inmadura Se tiene el cuerpo biológico suficientemente desarrollado para hacerlo todo pero con los deseos encarcelados y con una cultura mas restrictiva de lo que se puede estimar a primera vista. Aunque se forme parte de un registro supuestamente critico, siglos de ostracismo paralizan los pies, las manos y desde luego los penes y las vaginas. No es fácil superar el dictado de escolapios y curas de distintas raleas asegurándote que te quedarás sin sesos si te masturbas. A un escolar decirle algo es que hundir el cuchillo en un tarro de mantequilla. Tiene que estar muy seguro de si mismo para saber que el alegato de las autoridades eclesiásticas a las que es sometido obedece a una sola razón: controlarlo controlando uno de los lugares más íntimos y sagrados que un individuo tiene y al que nadie suele echar ojeadas por la mirilla de la cerradura.
Una vez resueltos los fantasmas engendrados por la mala educación de una mala escuela, el adulto sabe que uno de los mejores placeres que da la vida pasan por la capacidad erógena del propio cuerpo. Eso se multiplica por ene con intercambios eróticos con las parejas que la vida va proporcionando. La masturbación puede quedar en una etapa anterior cuando las copulas y los orgasmos de boca la sustituyen pero no hay porque descartarla totalmente ni meterla dentro de una etapa como si fuera un cajón. Cuando no se tiene a nadie o el amante está de viaje la masturbación regurgita su recuerdo. Cuando el coito deja de ser posible con el partner la masturbación es una opción que se puede rescatar para seguir con una cierta cuota de placer. Pero incluso en el acoplamiento mejor, con el máximo de energia y fuerza confluyentes por parte de los amantes, la masturbación, quiero decir la automasturbación, es una escena magnifica.
S se rechaza es porque sus vestigios de actividad estigmatizada no han sido eliminados del todo. He conocido mujeres que no han tenido el menor problema en masturbarse mientras las acariciaba o me ocupaba de otras partes de sus cuerpos, y otras que han rechazado eso en redondo porque han opinado que la auto masturbación es incompatible con una sexualidad compartida con pareja.
Puesto que la sexualidad es tanto más placentera cuanto más desinhibida se practique el campo imaginativo es abundante. Pedirle a tu partner que se masturbe ante ti mientras lo/la contemplas es una experiencia golosa, mucho más si se le pide que vierta su orgasmo en tu boca en el último instante.
La vida de pareja con los años puede perder emoción y como se suele decir falta de pasión. Por lo que hace al pene puede perder dureza para la penetración pero sí obtener la suficiente para la eyaculación si es convenientemente manipulado. Dos amantes masturbándose mutuamente es otra forma de practicar la masturbación en la edad adulta sin que ninguna razón clínica ni sexológica pueda objetarlo. Técnicamente, la masturbación es un masaje genital.
Los gabinetes de masaje erótico no están tan desacertados al anunciarse así. La cultura se ha ocupado de seguir manteniendo esto en zona tabú. Se puede ir a saunas y salones de masaje muscular o drenaje linfático pero en cambio el masaje genital enseguida es vinculado al submundo de la prostitución y a prácticas inconfesas.
Cuantas mas facilidades tengan los hombres y las mujeres en vivir sus orgasmos con placer y sin restricciones con mayor salud vivirán. La incorporación a la sexualidad en fases más prematuras prevendría de enfermedades (mentales también) posteriores a los sujetos que llegan al estadio adulto sin haber resueltos sus problemas de infancia, entre ellos el de gozar con el propio cuerpo.

Meneame
del.icio.us