La Disintonía Convivencial
Afirmar que detodas las aventuras la convivencia es la más atrevida no es decir nada nuevo. Compartir la intimidad, la comunicación y la mayor parte del tiempo con la misma persona es una de las osadías más complejas y que más a prueba pone la comunicación humana. La ceremonia falla a favor de una convivencialidad para siempre hasta que sea la muerte la que la disuelva, con una cierta gratuidad y alegría. Antes de que el cuerpo diga basta surgen motivos a distintas rachas para terminar la relación. Lo cierto es que mucha parejas se separan antes de lo que incluso la misma estadística social pueda establecer como media generalizada y otras que continúan lo terminan haciendo por razones instrumentales o materialistas o por razones psicológicas por temor a volver a la soledad. También hay parejas que se sostienen toda la vida y que son ejemplos de devoción reciproca, de acoplamiento total, de sintonía máxima y de carantoñas incombustibles.
Reflexionemos un rato sobre la disintonía convivencial y que es lo que la produce, si tiene solución o no y que criterios se deben seguir para valorar en cada coyuntura el estado de la relación personal.
Se suele decir que el amor no es para siempre y que su pasión dura apenas el inicio de una relación de pareja. Si esto es así lo que hace continuar la relación son otras razones distintas a las que, en general, inicialmente llevaron al encuentro y al acto de unirse bajo el mismo techo. Las parejas de vieja usanza mantenían largas relaciones de noviazgo en las que se perdían las mismas posibilidades amorosas a la espera de la llegada del gran dia en el que ella se entregaba a él cuando tenían bendecida previamente su relación matrimonial. En esos casos extremos y extremadamente peligrosos por no decir patológicos ambos cónyuges podían llevarse sorpresas mutuas. Algunas relaciones terminaban –o siguen terminando- a los pocos meses de la vida marital lo cual demostraba que lso años sesgados de noviazgo no proporcionaban el conocimiento total del otro. Modernamente se han invertido los términos. Antes que una pareja opte por el matrimonio parece más razonable optar por la convivencia conjunta. Ésta y no la relación a distancia de citas de besos en los umbrales de las puertas y en las esquinas sin farolas es la que proporciona información recíproca. Muy bien, la convivencia empieza y no tiene porque hacerlo con una aceptación reciproca de ambas partes en todo lo que contenga o sea el otro. Esto es tanto mas cierto en la pareja adulta con tiros pegados por el mundo, batallas hechas de todas clases e inmersiones en discursos lesivos desagradables en otroras. Del otro, compañero, compañera, no se pide que colme todos los sueños sino lo esencial e innegociable para una pareja: el bienestar y el respeto, el compartir recursos y confidencialidad. La sinceridad es algo que no se toma como condición sine qua non, se la supone. Ningún partner le dice al otro lo ocurrido en su cabeza cada vez que tiene un deseo transgresor, tampoco cada vez que su onírica espontánea lo ha llevado a soñar con alguien en una escena no publicable. La sinceridad en las parejas, lo mismo que el valor en los soldados de un ejército es algo que se le supone. Tiene tan poco objeto para la milicia preguntarle a un quinto si es valeroso como preguntarle al partner si es sincero. En cuanto al que se apresura a la respuesta declarándose como el ser mas sincero de la capa de los mortales lo mejor es ponerlo una temporada en el bote de la sal para que se lo repiense. Una cosa es la autoimago que uno se hace de si mismo y otras las tesituras existenciales que le llevan a callar no pocas situaciones para no tensionar una relación.
Resulta más que curioso que sea la falta de sinceridad lo más castigado en una relación bipersonal. Lo que menos toleras a la persona que quieres y que te dice quererte es que calle cosas esenciales para la relación. Pero al mismo tiempo hay que verdades que puedan destruirla. Ella le dice a él: tenía que haberme dicho que tenías una amante, nos habíamos prometido decírnoslo todo. El le dice a ella, no te lo dije porque sabía que te iba a hacer daño y además ya ha terminado totalmente. Ella le dice a él: has demostrado no estar a la altura de nuestro querer y ya no te quiero como antes. El le dice a ella: yo no he dejado de quererte por el hecho de acostarme con otra. Ella le dice a él: me asquea pensar en esa escena en la que le hacías a ella lo mismo que me hacías a mí. El le dice a ella: en lugar de preguntarme por la relación concreta ya tienes tus conclusiones tomadas. Ella le dice a él: en efecto no quiero saber ningún detalle, lo mejor es que nos separemos. La sinceridad tan reclamada cuando se da el contexto en el que decirla al detalle no es aceptada lo cual confirma la justificación en parte de no haberla dado antes.
La vida nos pone en tesituras no previstas para las que las tesis principales del compromiso previamente establecidas a ellas no nos sirven. Una de las disintonías convivenciales más habituales viene dada por este tipo de interferencias de un/a tercero. La pareja como espacio estanco lleva en si misma la erosión de la relación. La táctica convivencial consiste en atenuarla. Las relaciones paralelas vienen a ser complementarias de los déficits que carga y con los que continua la relación primera. Los conflictos dados por el adulterio son una expresion concreto de formas conceptuales distintas de tratar el amor, admitiendo su desarrollo por la vía de la pluralidad o cerrándolo en la estanqueidad de la fidelidad.
Hay otras intervenciones terceras que pueden afectar a la relación, la más significativa es en relación al ámbito familiar de un cónyuge o del otro. Por lo general el tema de la familia política es un tema tabú. La sinceridad crítica que la pareja puede manifestar en relación a personas distantes (gente de la farándula, de la prensa, de la clase política o incluso en conocidos con los que se tiene poca implicación) puede ser coartada en relación a la parentela muy querida. Hay que tener la delicadeza de entender que la familia de la persona a la que quieres, aunque para ti sea un conglomerado de personas a las que vas a tratar una a una y opinar de manera distinta sobre cada una, para ella va a ser un grupo, su grupo, que puede defender con todo el sesgo apasionado de su incondicionalidad. La pareja es el pequeño universo que se erige con tal fuera que ocupa la mayor parte del tiempo atencional que dura y aunque esto no sea así es la que tiene la sede de la mayor energia e importancia. Se podria decir que la pareja nace como respuesta al mundo y no como una necesidad reproductiva. Es un asociacionismo privado a falta de que cualquier otro asociacionismo que se tenga con el mundo o con las partes de le que se presten sirva para cubrir un determinado tipo de necesidades que se pueden resumir en tres: las amorosas que ponen coto al vacio sentimental, las sexuales que ponen coto a la falta de placer y las organizativas que ponen coto a la soledad. Luego eso se convierte en institución familiar y viene todo lo demás: un proyecto de crecimiento, el de los descendientes y el patrimonial. La vida de pareja o del núcleo familiar derivado es lo que se convierte en centro biográfico y existencial pero todos sabemos que el mundo ni empieza ni acaba en la persona que nos binomia (nos convierte en dos) ni en nuestros hijos. En realidad cuando nos referimos al mundo nos referimos al de afuera, de tal manera que ese afuera siempre está con nosotros, dentro de casa, durante nuestros viajes. El mundo o sus representaciones te lo llevas puesto ahí donde vayas: a tu alcoba o a tu cueva. Nos importa mucho comprender y tener un lugar en este mundo además de recibir su respeto y poder contar con sus recursos, Guillermo Von Hulbold dijo que en el fondo son las relaciones con las personas lo que da valor a la vida. Hay un conflicto de pareja que viene dado por la diferente forma de tratar con este mundo, empezando por la familia inmediata, con los amigos, para seguir con la multitud de terceras personas con las que uno se va encontrando a lo largo de su biografía. Además de las anécdotas concretas en si mismas está la ideología que subyace atrás.
Después de unos años de convivencia y de tratar y examinar multitud de temas en distintas coyunturas dos partners pueden descubrirse como mas diferentes de lo que sospechaban. A sus diferencias por estimaciones distintas en analizar las cosas o en la manera de tratarlas se puede empezar a sospechar de verdaderos antagonismos ideológicos.
A partir de una disintonía convivencial recurrente acaba siendo obligado cuestionarse por las causas de fondo que la hacen así. Tomada una convivencia instalada en el conflicto permanente: la discusión diaria por diferencias de opinión teóricas, por maneras de ser distantes, por tratos distintos con al gente o por la relación con el espacio doméstica, cabe preguntarse si esto viene sucediendo desde el principio o es algo sobreañadido posteriormente. Es posible que la relación haya empezado silenciando unas diferencias importantes o unos déficits que no quisieron ser observados o reconocidos al principio. Muchas relaciones se desarrollan contradictoriamente con ellas durante años o al menos se soportan. Cada desavenencia puede ser compensada sobradamente por los ratos de comunicación profunda y no me refiero a la sexual que se establezcan. La relación de pareja con una armonía absoluta puede llevar a más sospecha que la relación episódicamente desarmónica. El valor, como las demás virtudes, tiene su límite, dijo Montaigne. Podemos cambiar la palabra valor por la de armonía y el autor seguiría subscribiéndolo. La pareja sin ninguna mácula en su expediente no es creíble. La fluencia comunicativa comporta la discusión y ésta las diferencias de postura. Ninguna discusión por grave que sea acaba con una relación si se integra dentro de un proceso de reparaciones de las posibles heridas sufridas. Prefiero un vicio tolerante que una virtud obstinada dijo Moliere. A fuerza de obstinarnos en que todo sea de color rosa es posible que consolidemos el camino más rápido a la mentira permanente. La supervivencia de una relación empuja a ampliar la región del no comment pero al mismo tiempo el sentido convivencial de dúo tiene sentido si sigue permitiendo el enriquecimiento mutuo. Bien es cierto que tras muchos años de convivencia de dueto, mucho más cuando es en solitario, porque los hijos ya son mayores y han levantado el vuelo o porque nunca se han tenido hijos en común y los que había ya estaban emancipados, hay una fuerza inercial que juega a favor de la convivencia tratando de soslayar todos las diferencias que puedan sobre surgir tomándolos finalmente como achaques de vejez.
Queda dentro de la ilusión de los protagonistas creerse con la suficiente voluntad y fuerza para superar los problemas que vayan teniendo. En todo caso la lucha contra ellos no es totalmente independiente de la hipótesis de separación que puede ser mencionado por uno o por otro episódicamente cuando la obscuridad panorámica de la relación produce más sinsabores que goces.
El futuro de cada relación humana depende de su gestión. Se puede decir lo mismo de todas y de su conjunto a categoría de toda la humanidad, Ernesto Sábato sostenía que la historia no es mecánica porque los hombres son libres para transformarla. El futuro de una pareja, la asociación humana más básica y primordial, no está condenada a priori a nada. Siempre depende de sus protagonistas o incluso del gesto de uno solo para que remonte sus desavenencias y haga de la disintonía una fuente de aprendizaje en lugar de un pozo sin fondo de frustraciones.

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