La carta como intercambio
La Carta como instrumento de crítica y de cambio .
El universo epistolario ha fenecido definitiva e irremediablemente. Las cartas intercambiadas de otras épocas constituyen primarias fuentes documentales para investigaciones serias en casi todos los campos del saber: desde la historiografía a la sociología y por supuesto a la formación de las ciencias. la carta autógrafa era el documento personal e intransferible que tenía tanto valor como un documento notarial de fe. Era además la reafirmación de otros textos acabados,así como su enunciamiento. La consolidación del teléfono, del fax y de las redes de internet han puesto en lo anticuado la praxis de la carta. Las instituciones y organizaciones postales, estatales y privadas, han ido quedando reducidas a sistemas de transporte de un caudal de paquetería y de otro caudal de correo estandarizado.El correo personal ha quedado reducido a su mínima expresión y a lo sumo, en lugar de las cartas, prevalecen las tarjeta postales con una decena de semilíneas como máximo.No obstante las páginas más modernizadas, hasta ahora, las web cuyos pixels quedan llenas con contenidos gráficos, no pueden librarse de la palabra, por lo que detrás de la vía tecnomoderna, sigue habiendo una pluma imaginaria, aunque los borradores hayan dejado de ser necesarios y pueda expresarse directamente sobre los teclados el hilo de cada pensamiento. Las pautas entre mensajes y los tiempos entre envíos y recepciones se han reducido considerablemente, aunque sigue habiendo un toque literario y una evocación incuestionable al viejo correo.
Afortunadamente para la sensibilidad epistolaria y el habito creado con ella, las distancias telefónicas, sus tarifas y la progresión lenta de instalación de terminales circuitales en cada hogar y despacho permitirá por unas décadas seguir recurriendo a los viejos usos de la expresión escrita personalizada.Lo cual es un formidable pretexto para seguir escribiendo cartas como instrumento de cambio muy directo. Simbólicamente la carta dice y congela aquello que no siempre es capaz de soportar y sostener la palabra hablada y directa.Es, ha sido y continuará siendo además, la ventana donde es posible la sinceridad total y el lugar testamentario donde dejar todos los perfiles vividos. Un adecuado archivo de su continuum da la medida exacta de lo que el epistolario ha ido siendo y representando a lo largo de los años, y además de como ha ido siendo entrevisto e interpretado por sus corresponsales, si guarda y colecciona, tanto las cartas enviadas como las recibidas.
En la práctica hacer un compendio de todas ellas supone un enorme esfuerzo de seguimiento, a no ser que ya en una época de tecnografía avanzada y de multireproducción técnica, a los envíos personalizadas les haya acompañado el cuidado de las copias hechas para una colección privada. Eso puede ocasionar, como ha sido en mi caso, una considerable cantidad de volúmenes con miles de cartas, a lo largo de los años de atención con esmero sobre este asunto. Haciendo que su conservación por la parte de quien las recibe, ocupe un tema secundario. La verdad es que la duración de cada carta es relativa y todo receptor acaba por hacer una selección de las que tiene en el mejor de los casos, o incluso-como es mi costumbre-una destrucción tan pronto es contestada, salvo las menos que quedan archivadas en un bloque de correo escogido.En la destrucción de cartas recibidas hay varios motivos, uno es la prueba de criticas enojosas que no desean ser releídas ni mantenidas como algo escrito para deshechizarlas al tirarlas de su supuesto poder revelador;dos,por su poca aportación de contenidos o repeticionismo con otras y tres, en que la parte importante de su contenido ya es recogido en la respuesta,que permite por lo tanto saber suficientemente a que está respondiendo.
La carta de desarrollo desborda los protocolos y la cortesía.Es la manera documentalmente mas directa de un autoreconocimiento sobre un momento de pensamiento y de actuación a lo largo de un proceso existencial.Y es desde luego una manera robusta para poner a prueba la propia coherencia o poner de relieve su falacia ya que al escribir nuevas cartas,en la totalidad de veces hasta el momento, no he recurrido a la información de las cartas previas hechas para dar consistencia entre unas y las siguientes, sino que he contado con mi memoria biológica. Solo una lectura global de todo -algo que no he hecho-me daría más pistas sobre el gradiente de la consecuencia.

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