Fracaso Escolar y Éxito
Para hablar de fracaso escolar se presupone la instalación del parámetro del éxito.Si este es la asunción de programas de contenidos con las calificaciones que lo demuestran, el fracaso es todo lo contrario. Este tema está condenado a repetirse curso tras curso y legislación tras legislación en el campo de la enseñanza si queda reducido a los datos numéricos, investidos en función de la categoría de objetivos asumidos o no.Tales datos miden la responsabilidad de una persona durante su infancia por lo que hace a sus resultados escolares, sus notas de exámenes y su aplicación atencional en las materias del curso que sigue.es decir, miden la adaptación a un ritmo previsto al cual se le exige obediencia. Tácitamente el pronóstico de futuro profesional y en la vida va a ser favorable para quien saca las mejores notas y rotundamente desfavorable para quien desaprovecha su inserción escolar pasando a engrosar las estadísticas del llamado fracaso.
Curiosamente los tests de personalidad y de aptitud a los que se someten a este porcentaje -cada vez más elevado-de escolares y estudiantes fracasados suelen dar niveles de inteligencia óptimos o altos y aptitudes ricas. Si es así¿cómo justificar su desvinculación al curso? Sin duda no a sus atributos personales si no a las condiciones objetivas ofertadas. El fracaso escolar como mínimo depende de dos clases de factores:los subjetivos, los que sabotean un ritmo estándar y los objetivos:los inherentes al propio enfoque del establecimiento de aprendizaje, en el cual muchos de sus componentes organizativos y a veces profesionales,. son reprobables. Por eso ante la diagnosis de fracaso hay que conectar con la verdad sentimental e intelectiva del afectado para no estigmatizarlo bajo el peso nefasto de aquella etiqueta. No seguir un ritmo institucional educativo no implica el fracaso existencial.Cabe considerar otras vías alternativas para la formación en el contexto de la universidad de vida.Y además recordar que muchas personalidades insignes en la evolución del género humano fueron verdaderos fracasados escolares. De otra pate esa categoría genera ansiedad a los padres o tutores que transmiten implícitamente a los escolares afectados multiplicando todavía más el síntoma de su exclusión.

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