Flirt por correo
Un buscador a piñón fijo, por principio más que por estrategia,posa sus pupilas de lince en un mensaje aparentemente atrevido: busco tíos para hacer el amor sin especular ningún amor ni convivencia. La cosa está clara y el buscador ya se siente como la carne de la empanada en la boca de !por Fin¡ su gata buscada. En la oración simple no hay ningún alarde de literatura florida y no pasa de ser un brevísimo: una muestra de negro sobre blanco que apunta directo a las necesidades básicas e impacta en el territorio entre las ingles. El buscador, demasiado persuadido para creerse la verdad de lo leído, envía parte de sí, en forma de textos aleatorios, fotocopias de fotos de carnet y una circular porno traspapelada escrita unos años atrás. En sus prisas, en lugar de enviar la circular para chicas heteros, se confunde y envía la de lésbicas; ambos formando parte de un dossier de otras muchas en un estudio sobre estimulación postal y relaciones por correo. Unos días después la artífice del mensaje llama por teléfono y hay un primer contacto que se deshacen unos entuertos para rehacer otros. La chica se siente alagada y con ganas de calentar motores.Por si fuera poco tiene nombre de diosa de discoteca, se llama Ojiva, que sugiere ocultismos y pecados. el tema se pone bien.,solo hay una distancia de unos miles de kms para saltar desde el trampolín de la ansiedad al universo vaginario de la amante hipotética.esta por su parte,se reafirma como una liberada, una esnifante de pasiones y sensaciones, una carne legal, un cuerpo diez y una ganadora de récords en la horizontal. El funámbulo no se decide por tomar la carretera y espera unos intercambios más. No tiene que esperar demasiado: al siguiente, la proponiente revela ignorancias y analfabetismos, lo cual para el buscador de sensaciones intelectuales más que del cuerpo de modelo es un duro revés en el bajo vientre.Sus neuronas no pueden aguantar el argot barriobajero de la flirteante aunque bien mirado ¿qué tiene que ver el lenguaje con el cuerpo sensual?¡ Hay un par de intercambios de letras sobre lo que me gustaría hacerte- y- lo que me gustaría que me hicieras, y ambos satisfacen sus libidos desde el cuadro imaginario colgado en sus respectivas y despintadas paredes. La liturgia no ha ido más allá de unas cuantas estrofas dignamente logradas pero que no dan paso al gesto del caballero medieval: tomar su armadura y caballo (su imagen y su coche ),su lanza (su pene afilado) y su ruta(su mapa de carreteras), para alcanzar a la doña al otro lado del país, rescatarla de sus límites municipales y llevarla al nirvana de los placeres. Pero el caballero no tiene rey que se lo exija ni credos en los que creer, ni-bien pensado- una necesidad imperiosa de sumar experiencias a su vida por un flirt sin garantías de continuidad. Las tetas y los culos féminos ya no mueven las carretas de antes ni hacen del buscador un épico en sus búsquedas. Prefiere quedarse en sus cuarteles y aposentos, intercambiando cartas y flirts imaginarios con otras princesas a la espera de que sus mundos imaginarios se filtren por las paredes de su fortaleza haciéndose realidad. Y aunque ciertamente eso no se lo cree , cruzar esas mismas paredes en pos de la aventura siguiendo un circuito de testajes de mucosas bajo las faldas, puede ser suficientemente disuasorio como para dejarlo en la lista de los proyectos sin tocar.El flirt distal tiene algo de la sobriedad de la aristocracia de los amores, demasiado empeñada en unos protocolos que realzan unos contenidos que nunca llega a medir del todo. Pero también tiene un regusto particular por decir en las letras lo que no e dice -o cuesta de decir- en las palabras. sobre la fragilidad de los papeles de los manuscritos se han depositado las esperanzas de todos los tiempos y , sobre todo, los secretos que a viva voz fueron calladas. El decir en voz alto tiene algo de prohibido, quizás por una excesiva acumulación de ordenes imperativas grabadas en la infancia (!calla, calla¡ se nos dijo innumerables veces)o quizás por un temor intuicional a que los predicados de la verdad se vuelvan en contra de uno como piedras kármicas.el caso, es que las manos escriben lo que las bocas callas. Es así, como el flirt por correo se posiciona y consolida como todo un género literario, que permite por y su constitución en sinceridades, el permiso para todos los espías de acceder a las verdades personales. Lamentablemente las tecnologías crecientes:desde el teléfono al chat han ido socavando las tumbas para las artísticas caligrafías y han cuestionado la necesidad de los textos intimistas y personalistas. Aún así, mientras queden interlocutores válidos en cualquier parte del planeta,dispuestas a una lectura y a una respuesta, el género seguirá teniendo un ejercicio y una defensa, y por encima de su hecho cuantitativo el imaginario que hay detrás aliado de la dulzura de las palabras serán un motivo sobrado para escribir sobre papel de carta lo que no se dice de otro modo. Y eso mantendrá un valor documental,indistintamente incluso del desencadenamiento a que de lugar cada carta: desde sus relecturas múltiples con no respuesta, a su indiferencia total por la parte destinatario. en ambos extremos el flirt se habrá abierto paso y el dechado de sentimientos habrá creado una escuela y pequeñas victorias de la sensibilidad.

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