Enamorar
Amar es algo que viene dado. Te amo, no me preguntes por qué. Puedo incluso vivir tu amor en conflicto porque tengo una lista de razones para no amarte, por tratarse de una historia inconveniente, fuera de tiempo y de lugar, pero te amo. El amor es presentado como una condición e facto, como algo decidido o procesado por innumerables factores en los que la propia voluntad se añade como al final fallándolo como una constatación. El amante acepta su condición o sigue su rol a partir de tener al objeto amado que acepte serlo y que le corresponda. Es una transacción si entre dos seres que se buscan para ejercitar el amor y enfrentar la falta de él en un mundo que ve aumentar las indiferencias entre sus ciudadanos.
En cambio enamorar es un proceso voluntario, una agenda de planning, una estrategia de seducción. Tengo experiencia en amores pero no en el rol de enamorado. Soy he sido un enamorado pero nunca me he sentido conquistado ni me he puesto las botas del conquistador. Sencillamente, he dejado que las coas fueran fluyendo y mi percepción las fuera captando. Enamorar es planificar un tipo de relación para que conduzca a una situación de entrega amorosa con los consiguientes beneficios en el campo del placer. Solo escribirlo me da algo de repelús. El enamorador sería el donjuanista seguro de sus dotes y atractivos, para que caiga en sus redes la persona de su deseo.
A fuerza de tener contactos amorosos y otros desde el sondeo del deseo se termina por aceptar que hay unas constantes en el proceso de seducción. Cada acto no pasa desapercibido y tiene su valor de aproximación o de alejamiento, Hay cosas que enamoran y otras que desenamoran. Decidir enamorar a alguien a priori es un poco absurdo si de ese alguien se conoce poco más que la imagen. Quien quiere enamorar corre el riesgo que la otra persona lo desenamore por tal como es no porque lo rechace explícitamente.
Enamorar coloca en un aprieto a quien se pone en esa tesitura cuando no está seguro de corresponder a la persona que se enamore. Una cosa es enamorar y otra es estar ya enamorado. Como son dos procesos muy mezclados y que van en paralelo no se suelen diferenciar. Nos queremos, dicen los cómplices. La parte que ama más y la que ama menos ya no entra en el campo de la conversación aunque sí es un artefacto del discurso. Hay quien ama y enamora y hay quien se deja amar y pone en duda su arrobamiento. El amor, además de expresar un sentimiento, también expresa una conducta activa. Tiene categoría de estrategia cuando se recurre a gestos concretos para persuadir a la otra parte. Las regalías y deferencias forman parte de las tácticas amorosas. Las mujeres llevan siglos sabiendo y comprobando como sus pretendientes tratan de impresionarlas ofreciéndoles presentes y dándoles amparo. Inconscientemente ellas aceptan de su elenco de proponentes quienes puedan garantizarle más seguridad o más protección. Eso sigue estando dentro de los mecanismos instintivos aunque las mujeres modernas relativicen el rol del protector y se sientan mas iguales a ellas. Es por eso que
En principio, mostrar la carta de intencionalidades desde el primer momento no es una buena idea protocolaria. Todo el mundo sabe y se reconoce en su interioridad que lo que se esta buscando es un encuentro en la intimidad o una compañía estable mas allá del orgasmo de una sola vez pero se actúa en público como si esa tesis no fuera cierta. Enamorar pasa por aceptar el tiempo de maduración de un proceso. No tiene nada que ver con el objetivo de flirtear para pasar la noche juntos con la persona que has conocido ese mismo día. Enamorar es dar elementos suficientes para que la otra persona te capte o comprenda suficientemente. Es la manera por la cual se dan señales de uno y reconocimientos del otro.
El proceso pasa por la seducción y admitir como hipótesis de amante al desconocido o al amigo que presenta una insistencia. Hay que partir de lecho de que todo el mundo tiene una cuota de reserva o se mantiene en la autodefensa ante propuestas, iniciativas o aproximaciones atrevidas y que puedan zarandear el frágil mundo sentimental que se tiene. Enamorar no es irse a pasar un fin de semana juntos y punto, es algo que mueve energías hasta tal punto que puede cambiar radicalmente la biografía. Muchos flirteos que empiezan como tales han transformado mutuamente las historias de sus protagonistas, aunque la mayoría han pasado sin dejar huella.
Enamorar es un verbo de acción que se ha dejado más en manos de hombres. Una nueva psicología más afeminada varonil va permitiendo que ese rol se comparta por los dos sexos, Para que una mujer sea enamoradora tomando la parte activa de la seducción, tiene que diferenciarse muy explícitamente del rol de puta en la que todavía hay hombres que la meterán al sentirse perplejos ante su iniciativa. Sea ella o sea él, el verbo enamorar significa no dejar al azar los contactos o los gestos de aproximación o coincidencia sino insistir en ellos, planearlos, organizarlos, disfrutarlos. Las relaciones humanas no se miden en unidades de tiempo sino en procesos. Lo que a unas les cuesta años a otras les cuesta semanas. Enamorar de una forma activa, algo en lo que pueden coincidir dos partners potenciales que se caen bien y se gustan desde el primer momento que contactan, significa seguirse mostrando esa carta de intencionalidades. El problema es que se puede utilizar un vocabulario de la seducción y prever que es posible no estar a la altura de corresponder a todo el proceso que se genera. Otro problema añadido es que enamorar consiga el resultado de un amor unilateral no correspondido. La perversión del seductor profesional es ésta, enamorar sabiendo que no va a poder corresponder a ese amor que genere.
Las autodefensas nunca caen del todo y eso hace que sea difícil que el objeto del deseo de alguien corresponda con la fascinación absoluta por el hecho de haber sido elegido por su deseante. Asi como el enamorador puede jugar sus cartas a la perfección pero sin dejar de ser un seductor y no enamorarse de su objeto de amor este puede prevenir ese juego aceptándolo y correspondiendo desde la seducción pero no desde el amor total. Eso hace del juego de intimidades un proceso híbrido de supuestos y certitudes que podrá prolongarse mucho más allá de la fase inicial de cortejo.
Hay que distinguir entre quien tiene valores naturales que en si mismos son amorosos y de lso que enamorarse pero cuyo sujeto los ostenta con frescura y espontaneidad sincera de las sabandijas, de alma escuálido y cerebro gélido, que se aprovechan de su físico o de su pico de oro para enamorar sabiendo a priori que no van a poder corresponder o dedicarse a esa historia.
Muchas historias de seducción pasaban por el sustento o la función económica que garantizara el partner conquistado. Todavía hay quien se plantea los acercamientos íntimos con esa perspectiva. Las encuestas siguen afirmando que las mujeres prefieren hombres seguros y estables económicamente como compañeros o futuros maridos. Sigue siendo una minoría humana la que prioriza el amor a la seguridad.
Dado que la falta de amor es una constante en no pocas personas de ambos sexos y de todas las edades que no resuelve gozarlo a una cierta dosis, su energia latente sigue en espera de ser correspondida por otros. El proceso energético, define Lower, es una pulsación, una expansión y una contracción, que genera corriente en el cuerpo. Es algo físico, contable y real, que no se resuelve desde la soledad aunque se sublime con otras proyecciones. El amante en espera tiene una energía sobrada que se le vuelve en contra si no interviene tratando de encontrar una situación similar en otro que se le acople y acepte el juego mutuo en una historia, como mínimo, de a dos.

Meneame
del.icio.us