Diálogos Apreciativos
Un diálogo incluye ya por su propia naturaleza la hetero-apreciación:La apreciación de lo que dice el otro para interpretarlo debidamente.Dos hablantes pueden dialogar en tanto se hacen estimaciones recíprocas sobre lo que se dicen mutuamente. Por lo tanto sería suficiente con escribir el vocablo diálogos sin necesidad de acompañarlo de ningún apellido para referirnos a una comunicación con el presupuesto inherente de la comprensión. Podríamos, a no ser de que tal palabra ha sufrido un fuerte deterioro en tanto que se comprueba sobradamente que las conversaciones no cumplen un intercambio de inteligencias y objetividades entre dos o más logos. A menudo dos hablantes que se encuentran o citan para hablar federan sus monólogos sin pretender entender el punto de vista del otro, al que se puede vivir como contrario, opuesto o indeseable. De esta suerte el habla se puebla de actitudes de soliloquios aunque aparentemente se den en torno a mesas grupales o aparentes tertulias colectivas. Demostrar que un diálogo tan solo ha simulado serlo es muy fácil.Basta preguntar a cada participante que se haga eco o resuma lo que ha dicho el otro o los otros . La catástrofe sobreviene demasiado notoria. La gente prefiere inventar lo que cree haber entendido que no esforzarse por saber lo que ha sido dicho.
El drama no puede ser más patético.Quien tiene esta clase de mente incurre en un comportamiento altamente perverso y nocivo, ya que dará pie a poner en circulación bulos y a propagar una subcultura nefasta. Como carta de ventaja tenemos la posibilidad discriminadora entre conversaciones impostoras y conversaciones sanas y útiles. A veces basta menos de 60 segundos para intuir-y acertar-la categoría -válida o no-del hablante que tenemos enfrente.
La prédica del amor al prójimo y la universalidad sentimental se convierte en una pose patética si no se es capaz de interpretar el sentir ajeno. Para querer hay que apreciar y para apreciar hay que entender o saber aquello a lo que se aprecia. No es suficiente con aspavientos decorativos y actitudes escénicas de interés, es imprescindible poner en el lugar de objeto de atención a aquél y a aquello que se quiere comprender.
La estimación es una evaluación.Estimar a una persona pasa por estimar lo que es, lo que dice, lo que contiene, los conceptos que defiende, la estructura que le mueve, las ideas que le apasionan y comprender los dramas con los que sufre. No poder hacer el cuadro de todo ello, es estar imposibilitado para la empatía.Por lo tanto para su comprensión. el amor unipersonal y la estimación afectiva son proclamas demagógicas cuando uno es incapaz de colocarse en el lugar de aquel a quien dice querer o, lo que es peor, ni siquiera poderlo explicar, resumirlo o interpretar.
Los diálogos como vía de comunicación a través del logos mutuo permite la apreciación de las diferencias y de las posiciones.Algo que está rotundamente rechazado en la cultura que nos toca soportar donde se confunde cualquier clase de farándula palabrera con un acto de comunicación humana.en aras al espectáculo y por devoción a la eudiometría(uno de los nuevos tótemes a los que se viene venerando sin cuestionarlo)cualquier incoherencia es lícita si hay gente que la convierte en el estímulo que más le atrae.desgraciadamente a golpe de imbecilidades se subsume en la miseria intelectual a millones de personas y sigue quedando para furtivos minoritarios los trabajos de introspección y de análisis de lo que se es, lo que se dice y lo que se comunica.Aunque no hay ningún lugar santo y seguro donde por el hecho de ocuparla esta habilidad sea otorgada, ya que en todas partes es necesario hacer un esfuerzo de comprensión y un ejercicio de técnicas apropiadas para rehabilitar el valor de la comunicación humana en todo su extensión y esplendor.

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