Autoanálisis
Tras Un primer año de análisis del Uno Mismo.
El año es una unidad de tiempo que dice muy poco de un análisis psicológico. Así como puede tener una importancia extraordinaria para otros trabajos o procesos y también para la maduración de ciclos y procesos naturales; el año analítico con una frecuencia de una o dos sesiones por semana puede contabilizarse en medio centenar o un centenar sobrado de horas. Su conjunto podría ser comprimido dentro de una semana desde el cálculo del tiempo empleado.Pero no, desde luego, desde la dimensión terapéutica.Entre sesión y sesión el discurso analítico deja una reflexión motivada y un repaso de las construcciones valorativas. El yo que toma consciencia de los sucesos biográficos a los que quiere darle el valor de subjetividad va manteniendo un doble nivel de valoración: el del progreso personal (medido en términos de una liberación de sufrimiento o en términos de liberación de un malestar residual) y el de la deconstrucción de las justificaciones previas, que amurallaban al ser tras unos límites innecesarios. Las secuencias de crecimiento están verdaderamente entre sesión y sesión,Es en ese lugar interexpositivo en tanto que entreacto, lo que proporciona al organismo y a la psique la oportunidad de trabajar hacía otras perspectivas y soluciones. Pero un año en cuanto a tiempo global es una unidad nada despreciable. Se han podido mover las cosas y las circunstancias suficientemente como para que emerja un sentimiento impositivo de resultados.De hecho, algunos tomados por tales, estuvieron siempre en un estado de latencia. La positivación de un análisis es una discriminación entre los imponderables y las cuestiones movibles o los temas posibles de cambiar. Esa jerarquización entre los mandatos limitantes externos y su imposibilidad de transformación y las propias excrecencias mentales y patologías de ansiedad y miedo,;dedicando cada aparatado su justo lugar de consideración, permite el salto cualitativo entre la maduración ante un objetividad y la crisis de subjetividad ante un externo que se ha refijado obsesivamente. en ese proceso el di´diálogo psico-analítico habrá tenido una importancia extraordinaria desde la asimetría que constituye la interacción entre el que enseña su miseria y problemática existencial y quien ya salió de ella. Se trata de una habla y una escucha y al mismo tiempo de un diálogo .
Tras un primer año de análisis si el establecimiento de esa discriminación suficienta al analizante, posiblemente el análisis requiera ser suspendido o pospuesto sine die.si esa discriminación no desplaza la necesidad íntima de la continuación de un abocamiento y un evacuamiento de consideraciones privadas tanto como teóricas acerca del uno mismo, entonces su continuación queda prescrita. Tal continuación puede ir variando cualitativamente (de hecho su variación se da o puede darse de mes a mes y de sesión a sesión,. e incluso dentro de una misma sesión quedando diferenciado su comienzo de su final)hasta dejar de ser un análisis personal para convertirse en una construcción epistémica del ser. Al final resulta que el desarrollo consecuente de los actos de comprensión y de descompresión de uno antes lo que habían sido sus aflicciones, le lleva a superar la condición de analizante para ser la de analista de sí mismo y de procesos que se dan en la vida humana.
Ciertamente después de un primer año puede seguirle un segundo y otro, y otro más y hasta una docena o incluso una fracción de una siguiente u otra entera..¿que es lo que determina una continuidad autentificada? ¿La verdadera necesidad analítica o un apego (una costumbre relacional)generado por esa misma necesidad? tener un espacio sesionado semisemanal, semanal o bisemanal (o diario si eso es lo pactado)de asociación libre que permita construir el discurso apetecido del momento e irlo librando as cada cita, de una configuración personalista y culpabilizadora de los protagonistas de escenas descritas o transcritas, para irlo convirtiendo en un análisis objetivista y referido a leyes de comportamiento; es lo que va constituyendo ya no solo una vía de salida de un laberinto, sino una adhesión a una teoría o la construcción para sí de esa teoría de cambio y soluciones. Evidentemente el lugar(despacho, consultorio) del habla y de la escucha espacializados y especializados pueden jugar un rol de acostumbramiento y de adicción. Lo que marca el progreso no es el año analítico en sí mismo y por mucho que desde un punto de vista externo de una relación de análisis, se pueda impugnar el hecho de un tiempo supuestamente excesivo, la cuestión es el balance psíquico de este tiempo y su traducción en beneficios existenciales e implementación de cambios en la personalidad.Y también, por supuesto, en las aplicaciones de las facultades superiores. Cada persona tiene su cifra esencial y el tiempo concreto no es sino un número de expresión de un tempo o de un ritmo evolutivo.Y su cura pasa por su desapego de sí librando ese sí, como consciencia substancial, de su fascinación por el yo , por un ego adulterador de un plano de vitalidad principal. Tras un período de análisis hay que contar en como continua el análisis aunque haya terminado o se desee concluir una versión del mismo. De hecho todo análisis viene a ser concertado (y/o negociado)en función de unas demandas precisas y por lo general en un contexto de agobio, pero un análisis no termina al trascender aquél contexto y tras la neutralización de un síntoma. El análisis es algo inherente a la expresión intelectiva de la vida y necesita ser continuado como una constante permanentizada en la vida. Puede quedar decretada una terminación analítica en un contexto profesional o vinculada al oro depositario y escuchante principal, pero su interminabilidad es patente en las circunstancias vivenciales y en la cotidianeidad.Sus variaciones pueden imprimir rutas distintas o packs temáticos nuevos. La insistencia toda la vida en los mismos puntos no deja de ser una expresión neurótica de las fijaciones de las que uno no ha podido librarse y hace su personalidad una explotación de aquellos temas o argumentos que le proporcionan mejores resultados. Con lo que saca partido de sí mismo a partir de una canallesca relación con su interioridad.
La continuación analítica a grosso modo es la proporcionalidad del pensamiento. Un auto/analizante o un analizante es quien acaba enfrentándose a sus zonas dolorosas parte de las cuales atenuará o eliminará,rompiendo radicalmente con los agentes del dolor y otra parte reinterpretará como no dolientes.Su análisis psicológico persistirá hasta que resulte extinto en sí mismo e innecesitado. Pero el análisis total es ineludible de la adhesión al pensamiento y a diversidad que representa una multitud ilimitada de variables que exige continuas tomas de reflexión y de posición.
Cuando al fin el yo personal es transformado y expresado en tercera persona ,el sujeto da cuenta de una libranza: la de quedar despegado de turbias visiones y de un desdibujamiento fronterizo acerca de cada parte que lo compone y de donde procede. Ese verdadero trabajo para descifrar las sombras y alumbrar las perspectivas lleva a reconocimientos sobre lo que uno es y por donde le toca seguir. Le tocará establecer donde es el controlador y donde ella controlado/a. La idea del locus de control vendrá a establecer una visión sumaria de donde están las palancas de mando y quien las maneja si el uno mismo o lo exógeno aunque sea a través de uno.En el aprendizaje de lo que uno es como autenticidad hay pasos obligados por el desenmascaramiento de aquellos contenidos arrastrados que no son propios pero que se mantienen como prótesis o bastones de ayuda o segurizantes ficticios.

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