Amor y deseo: un doble registro
Las consignas sobre el amor como la solución a todos los males se repiten en diversos formatos y contextos. El slogan opuesto a esto no existe. Lo poco que he conocido de la apología al odio se auto justifica con otra versión amorosa. El amor es la gran palabra, tanto de las religiones como de las psicologías, tanto del humanismo como de las relaciones bipersonales. El amor es la energía que sustenta la vida y permite aguantar toda clase de adversidades y penurias. Vale la pena cruzar toda una vida desértica sentimentalmente si en algún momento de ella aguarda una historia amorosa con alguien que te convierte en su eje, en su objeto de dedicación, en su persona de mimo, en su complementario, en su objeto de deseo, también.
El amor mueve un tipo de energías y lleva una serie de implícitos, el deseo dentro de ellos. Sin embargo son parámetros completamente diferentes. Ni todo amor comporta deseo ni todo deseo pasa por la condición sine qua non del amor. Se puede intercambiar puntal pero no siempre la palabra deseo por el concepto pasión. Al halar de pasión amorosa se pretende afirmar un implícito o inherencia que no siempre existe en todas las situaciones. De los atributos del amor la pasión ni es una constante atemporal ni siquiera tiene porque darse. La pasión tiene la proyección connotativa de la posesión sexual, es decir de la posesión corporal. Es la forma de concretar el contacto sensorial. El deseo refiere una dimensión mayor que puede o no incluirla. Desear al otro no se limita a desearlo para poseerlo, tenerlo, degustarlo, probarlo, penetrarlo, amarlo, mimarlo, adorarlo, lamerlo, besarlo o gozarlo, también puede referir a desearlo como hijo, a tenerlo dentro de una relación pura, a tenerlo como ideal, a procurar su progreso y su futuro. Es un sesgo del lenguaje pensar que deseo significa automáticamente deseo sexual. Deseo es antes que nada la idealización de una posibilidad en el campo que sea. El deseo es la utopía en lo social y la relación sublime en lo particular.
En las relaciones personales concretas el amor y el deseo son dos canales de energia distintos que pueden o no complementarse según los casos. Se puede amar a una persona a partir de irse dejando amar por ella e irse correspondiendo sin tener un deseo erótico por ella. Podemos amarnos los unos a los otros sin tocarnos aunque sería difícil decir, sin percibirnos. El otro amado pasa por nuestro campo de sensorialidad, sino por la degustación lingual, la sensibilidad táctil o el olfato, sí al menos por la escucha y por la vista. De los 5 sentidos, estos dos son los que actúan como más civilizados y distantes, mientras que los otros tres son los que se permiten reduciendo las barreras distanciales de los unos con los otros. Oler a alguien, besarlo, tocarlo significa pasar de la proxemia marcada por la cultura a la no distancia, al menos por lo que hace al roce físico. La sensación de formar parte del otro o de hacer de los dos cuerpo unos fusionándose y estando completamente pegados es difícilmente inigualable en un contacto conversacional, aunque los elementos argumentales e informativos que proporcione este no lo proporcionará aquel. Las parejas convivenciales tenemos un espacio diario mágico donde reconsolidar permanentemente el contacto sensorial. Con las manos nos tocamos, con la boca nos besamos, con los genitales nos fundimos. Todo esto es una concreción del deseo erótico. No siempre tiene que darse y la misma cultura proporciona coartadas para su extinción. Hay parejas que duermen en camas separadas e incluso habitaciones separadas o que circunscriben sus contactos sexuales a muy pocos por mes. Lo contrario, el contacto erótico sensual diario o explícitamente copular u orgasmático también puede derivar a una gimnasia genital en la que uno goza y el otro hace de ayudante técnico. Se confunde el amor con su deseo pasional de temporada. La pérdida de interés sexual por el/la partenaire no significa ni la liquidación de la energía libidinosa que puede resurgir y reproyectarse hacia otra persona ni la liquidación del amor. Hay otros valores de la persona a la que se quiere que no pasan por una forma física estupenda y deseable o por la práctica erótica alta.
Al revés, el deseo puede ser voluptuoso, sicalíptico, intensivo e irreprimible por alguien que ponga la forma, el sex Apple, la correspondencia sin remilgos, la suficiente dosis de transgresión y la falta de inhibición sin que una historia convivencial sea posible o sin que la misma historia amorosa esté clara. ¿Hasta qué punto la psique humana no evita caer en las trampas conductuales del amante que bascula entre su amorosidad y su deseo? Es fácil encontrar un criterio que marque la frontera. El amor es algo anterior y posterior a la consumación del deseo erótico. El deseo sin amor es algo que se desentiende del objeto del deseo –el otro seducido o corresponsivo- tan pronto se ha visto satisfecho.
Una historia de amor no se limita a sus cópulas contantes, ni siquiera cuando estás sean diarias es lo más relevante de ella. Se pueden recordar como anécdotas curiosas, haciendo algunas en un vagón solitario de un último metro o debajo de la mesa de cocteles en un party, pero lo que queda fundamentalmente del otro es su valor global y el peso que haya tenido en la biografía de uno. Por el amor al otro se puede morir, por su acuartelamiento sexual no o no tanto. La acogida sexual se puede pretender en otro partner sustituto, pero el amor es insubstituible. Cada historia es única e induplicable. Expuesto el amor como tema en una rueda conversacional con personas de experiencias, culturas, curriculums completamente distintos nos encontramos con la dificultad de acotamiento temático. El moderador deberá insistir una y otra vez que se hable del amor y solo del amor, que no salte a los temas de la pasión, del deseo o del sexo por muy colaterales que sean. El ejercicio será difícil. Hablar del amor como algo puro se hace inasible, lo mismo que hablar de la virtud dentro del vocabulario filosófico de la Grecia antigua.¿cómo medir el amor, interpretarlo, juzgarlo o entenderlo sin medir lso atributos que los confieren? Hay distintas clases de amor y ya se hadicho que el deseo erotico solo es una parte del deseo en general. De los amores clasificables el amor de entrega mutua en el marco de pareja es el que se ha llevado la escena-esquema para tipificar lo que es el amor. A los otros amores, al de la amistad o incluso al paterno filial, mucho mas al fraterno entre sujetos que tienen los mismos genes, se les recaracteriza con otros adjetivos: cariño, afecto, preocupación… El amor es el amor de y a alguien singular que suele llegar después de llevar ya bastantes años viviendo y que viene a desbancar las primeras figuras de interés que hasta este momento centraban una biografía: compañeros, padres, familiares, amigos…El amor de pareja coloca en la proximidad, en principio diaria, a un partner con el que contrastar y al que prestarle mayor atención que a nadie de lso anteriores. El recién llegado a la biografía de una persona si es un enamorado autentico desbanca a los antiguos instalados en ella. Es así que las parejas, mientras duran, pasan a tener la prioridad aunque eso se haga difícil de señalar de esta manera. De hecho, cuanto menos claro tenga una persona emparejada su rol en el universo que ha concretado con su pareja, más condicionado se verá el desarrollo de su amor. Hay amores que se sostienen más allá delo decible porque la pasión sigue en alza. El deseo erótico puede llegar a perdonar errores conductuales de carácter insufrible en el otro. El deseo concretado en un beso puede seguir común una sumisión a los caprichos de la persona deseada. En la otra óptica, un amor sin pasión que nunca la tuvo puede tener una perspectiva de duración incluso mayor que aquel otro que si tuvo un periodo de pasión y al fenecer esta se tradujo como un amor terminado.
A menudo una historia de amor empieza por un deseo en bruto o genérico. Todo empieza por un “me gustas-tú también”. Gustar es un verbo que sirve también para una infinidad de cosas relacionadas con el placer que tienen un eco en el sentido del gusto. No es porque si que el ser humano emplee el mismo verbo para definir que el gusta uan comida, un espectáculo o una persona, todo remite de alguna manera a la fase oral. En esta simple doble frase ya está contenido el tipo de pauta verbal que se va a seguir desarrollando. Quien se atreve a dar el primer paso para hacer una declaración espera su recibo y retroalimentación a partir de lo cual dará los pasos siguientes. El lenguaje amoroso protocoliza una negociación del alcance sentimental. Tal vez uno lleve la iniciativa y el otro se deje seguir convenciendo. Quien es más deseado y es menos deseante se puede sentir condicionado por tanto arrobo ajeno o por generar tanta expectancia en el amante en puertas. Por su parte, quien desea y no calla su deseo puede descubrirse a si mismo como alguien casi incontinente incapaz de esperar a la primera cita para volcar toda su energía. La construcción amorosa es algo que se va dando y conectando con la expresión del deseo. La no correspondencia de este puede poner freno a aquel. Pienso que no están completamente claros los límites entre lo uno y lo otro y sus intersecciones. Hay un conflicto epistémico entre la definición de amor como algo sentimental y el deseo como algo de la necesidad fisioneuronal. Sabemos que no hay un amor igual a otro ni una historia de amor que copie otra. Cada distintividad la singulariza y la convierte en algo excelso e irrepetible. Un nuevo amante puede proponer una historia de amor sublime, incluso superando todas las anteriores, lo que no puede esperar es volver a repetir la/s misma/s que hiciera antes o volver a sentir exactamente lo mismo. Es cierto que hay un lenguaje amoroso repetitivo. Inevitablemente acabo diciendo cariñito o cuquita o amore o cuca mía o cosas parecidas pero no olvido nunca con quien estoy y quien es quien. En las aproximaciones seductivas cada amante en espera pensará sus propias estrategias para llegar a sus objetivos de conquista o si no las hay se dejará seducir por las influencias que reciba o llevar por las coincidencias con las que se vaya encontrando. Habrá quien no se perderás las crónicas de Natalia Espesi para vestirse de acuerdo al look de mayor éxito y habrá quien olvidará por ejemplo las exigencias de etiqueta para el cortejo.
La intensidad pasional va a favor del recremento amoroso pero la conexión interenergética entre ambos no tiene porque colocar necesariamente el uno como variable dependiente del otro. Hay otras razones por las cuales continuar una relación amorosa: compañía, proyecto común de vida, sin que haya pasión.

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