Adulterio y Engaño
El adulterio es la relación sexual ilícita fuera del matrimonio. Suele ir unido al engaño. Es la denominación jurídica para calificar una falta de contrato en tanto que el matrimonio establece un acuerdo entre dos partes para la fundamentación de una convivencia y una familia. En realidad, estrictamente, el matrimonio es un vínculo de deberes tanto asistenciales y económicos como conyugales y sexuales; al que se le supone una fidelidad. La cultura más que la ley se encarga de que esto sea así. Cuando alguien comete adulterio una parte de la sociedad en representación a su cultura ancestral lo reprobará y otra parte no se colocará en la posición de juzgarlo.
Sabemos que las conductas adúlteras son castigas sin piedad hasta la muerte en culturas-estado fundamentalistas y que en algún momento de la historia de cada país ha sido motivo para repudiar y dar muerte a las personas, generalmente mujeres, adúlteras. En esos linchamientos las iglesias han sido las principales instigadores en lugar de ocupar el rol de la prédica de amor al prójimo y de respeto a la vida humana. Lo interesante de la cuestión es que la conducta adúltera no sólo no ha dejado de existir sino que nada pronostica que no siga siendo así. Lo que es más, su perspectiva va en aumento en un tiempo en que el diagnóstico del futuro del matrimonio como institución es desfavorable. Hay que reinterpretar el concepto del adulterio como engaño o traición a la pareja por el de la extralimitación del deseo. Esto es, extender el deseo que no queda complacido en la relación de pareja constituida fuera de ésta. El adúltero no es un sujeto perverso incapaz de mantener la lealtad o dominado por los pecados de la carne. Es simplemente alguien que sus necesidades o sus déficits de autorrealización personal le llevan a una búsqueda más allá de lo inmediato y a situarse en una inercia para el contacto potencial con otras experiencias y sensibilidades de acogida. En realidad ésta búsqueda no tiene porqué concluir en otra u otras relaciones sexuales completas, puede quedarse en la insinuación, en el contacto comunicativo o en el amparo afectuoso. Sin embargo basta que la pareja sea vista paseando con otra persona o intercambiando sonrisas en una conversación o mostrando un cierto júbilo y aproximación corporal para inferir –o inventar- el resto. Lo que puede ser una omisión o una no confidencialidad suficiente de lo hecho por temor a la reacción de la pareja se puede acabar convirtiendo en una sensación creciente de esta de haber sido engañada y, lo que es peor, de haber sido desplazada. Lo cual no se corresponde con la realidad. La figura transgresora, sea él o sea ella, al buscar en una segunda relación lo que no tiene en la primera no significa que vaya a deconstruir ésta, a no ser de que por el peso del superyo y de la cultura reproducida del compañero/a exija el divorcio y la separación desde un ultimátum implacable incluso a costa de arruinar el proyecto que se lleva a medias y de enviar a los hijos, si los hay, a un futuro inmediato de perplejidad y confusión y, desde luego, de carencias.

Meneame
del.icio.us