Colocar al jefe en su lugar
Una respuesta muy extendida como si todo el mundo la hubiera aprendido del mismo tebeo, es la de “lo comprendo y estoy de acuerdo pero no puedo hacerlo”. Suele ir pegada a la lengua de subalternos, empleados, asalariados de bajo nivel y subordinados en general que siguen estrictamente las normas establecidas en el centro de trabajo en el que está y que a fuerza de darles instrucciones para conductas mecánicas han conseguido que aparquen por completo su capacidad de razonamiento. Con una de esas actitudes dimos el otro día en una empleada de self service de comidas, que no admitía cambiar un plato por otro de dos menús diferentes con el mismo precio. Ante su no puedo, me vigilan. Le repuse que todos hemos tenidos jefes y nos ha tocado colocarlos en su lugar y que debía emplear la razón para algo. Creo que la chica no entendió lo que dije. Propuse a mi acompañante de irnos pero no aceptó. Nos quedamos cometiendo el error por mi parte de comerme una comida que ya no me gustó ni en su aspecto. Mientras ingeríamos parte de los productos, (comida plastificada, un ladrillo de lomo rebozado, creo que lo llaman librillos, y un melocotón de textura algodonosa absolutamente desaborizado) decidimos no volver a cometer l atrocidad de elegir aquel sitio para ninguna otra comida. Bien, estaba claro que el establecimiento nos perdía como clientes, cosa que por otra parte ya no lo éramos, pero la cosa no acabó ahí. Por la noche una intensa descomposición me llevó a entronarme en la taza del wc absolutamente ridiculizado ante mi mismo por caer en esas tesituras. Entronizado en la poltrona de los excrementos me juré nuevamente de no volver nunca más a ese establecimiento y lugares parecidos donde la imagen y la velocidad de la comida la priorizan a la misma comida. Por supuesto extendí mi odio de la firma a la empleada que me atendió, alguien que para conservar un puesto de trabajo y un salario miserables, representando a la inmensa mayoría de la clase trabajadora sea dicho de paso, no fue capaz de hacer una excepción a la norma, con lo cual posiblemente me habría evitado la indisposición intestinal. Quien no sabe adaptarse a las situaciones, traducir las normas cuando las circunstancias varían, y por ende, no sabe colocar al jefe en el lugar al que le corresponde, sabiéndolo burlar; deja mucho que desear como trabajador honesto.

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