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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

20/08/2008 GMT 1

En la lonja de las imágenes

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 13:10

En el ambiente de los paparazzi y de la prensa rosa en general está extendida la idea que en la galería de los famosos los hay que se prestan a hacer el rol de monos de ferias para que sus caras y sus cuerpos (que no sus ideas o sus trabajos) salgan a menudo en los medios. Hay un tipo de gente con caras conocidas que pagan su famoseo utilizando la provocación o vendiendo sus imágenes; otra, que sabe mantenerse a distancia de los moscones de esa clase de periodismo lo cortan adecuadamente para que no les persiga acribillándola a fotos o con la pera de los micros metida en sus bocas. Victoria Vera lo expresa claramente al afirmar que se sale menos en prensa cuanta más exigencia digna se pide al rol de los profesionales de ese sector del periodismo.
Pongámonos por un minuto en la piel de estos perseguidores de imágenes, auténticos ladrones de caras, gestos y cuerpos que autojustifican sus trabajos, siempre de sabuesos, esperando horas y más horas en las calles, bajo el sol, en el absoluto anonimato, hablando de tonterías entre ellos si tienen la suerte de ser dos lo que están a la espera, matándose a pajas si estás solos, hasta que un artista o una farandulera sale de su casa, para perseguirlo/la allá donde vaya. Tratemos de entender a estas lacras del periodismo que se han hecho expertos en capturar con sus objetivos lo más íntimo de gente de renombre para venderlo al mejor postor. Con Jacqueline Onassis se abrió la veda de los desnudos espiados. Pongámonos en el lugar del pobre desgraciado que se pasó horas y horas subido de un árbol hasta dar con el inesperado desnudo integral de ella (pobrecito) e imaginemos las distintas revistas a las que les son ofrecidas fotos de famosos y negocian con ellas en una especie de lonja o mercadeo para comprar lo mejor, publicar y saciar el morbo del personal de a pie que desea saber intimidades de los personajes públicos y entre unos y otra se venden y roban imágenes en una crisis rotunda de textos y de significados mejores.
Hipotéticamente en una sociedad adulta, libre del imperio de la represión sexual, no se iría tan de culo por ver las tetas o no se qué de la diva o divo de turno. Si la gente pide esa clase de circo y toda una industria de papeleo ilustrado (por la tinta a color no por la Ilustración francesa) lo favorece y una fauna del zoo humano presta su imagen para ganar su sueldo así, al resto de la sociedad (ya no diré que sea la mayoría) no le queda (no nos queda) otro remedio que aguantar, hacer de tripas corazón y tratar de compartir el mundo en paz sin que se mezclen los espacios de tanta chorrada con los nuestros. El paparazzi no es un mandado. Puede evolucionar y hacer un trabajo de verdad para vivir. Es un espía con una estructura psicológica muy definida. No es una profesión digna aunque sus freelance (pobrecitos bis) no tengan otros recursos profesionales mejores. Es un segmento de gente que resulta desagradable y molesta, que no pide permiso. Lo más parecido con ellos es aquel otro segmento que vía satélite o micro instalado espía conversaciones ajenas o explota los secretos y las confidencias de los demás cuando se enteran. Todos hemos conocido a la gente que no saben guardar un secreto u ocupan su tiempo en hablar de tu vida a terceros que no tiene porque conocer. Ya sabemos lo despreciables que son. Pero por si fuera poco el paparazzi es capaz de perseguir, interrumpir, sabotear. En el fallecimiento de Lady Di se lucieron. A nadie le gusta que tipos desconocidos te vayan detrás a cada dos por tres haciéndote fotos a cada rato, a nadie salvo quienes hacen de su narcisismo la única razón de ser. Por eso cuando de tarde en tarde uno de ellos termina la jornada con el careto arañado o echado a empellones por el famoso que no les aguanta parece que es lo menos que le puede suceder.
El paparazzi no tiene nada a ver con el fotoperiodismo que consiguen escenas de primera mano de noticias políticas, sociales o bélicas de primer orden que interesan mayoritariamente a la sociedad.

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