El grafitti tachado
No en vano las galerías y museos se hallan protegidos bajo siete llaves. Aun así no siempre las obras quedan a salvo de los ultrajes de quienes no las consienten, como en aquella ocasión que alguien rompió los genitales del David de MichelAngelo y tantas otras veces que gentes de pocas seseras han atacado con sus sabotajes a cuadros que no eran de su agrado. En otras ocasiones ordinarias alguien decide que no le gusta el graffiti de alguna parte y saltándose el código de los mismos pintores que se respetan mutuamente los espacios empleados para sus pinturas decide sabotearlo, como el de la ralla blanca continua de franja ancha que tacha varios graffitis consecutivos en la valla que da a la calle del riu Sec de Cerdanyola cerca de la avenida Catalunya. Desconocemos si la mano o manos autoras de la tal ralla tiene que ver con la propiedad del recinto o con alguna parte de vecindario que no ha podido soportar tal fiesta de colores, lo que sí constatamos es el hecho del arte saboteado. Atención especial merece uno de los graffiteros tratando de restaurar el desaguisado repintando la parte anulada. Queremos creer que ante un mundo de gamas de grises, el color se abre paso de manos vírgenes que todavía creen en la pasión de los sentidos.

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