El autógrafo de Joaquín Sabina
El autógrafo de Joaquín Sabina. 07oct2005
Triangle. Lugar ideal de citas por sus coordenadas neurálgicas en el centro de Barcelona. Fnac. En la puerta exterior una cola que se pierde por la calle Bergara está esperando. Cada esperante está provisto de un cd. En el interior me entero que la gente que quiera un autógrafo de Joaquín Sabina deberá esperar fuera. Sabina es una de las voces que distingo en música y cuya poesía me cautiva. En ese momento me viene la idea que tenga nada que ver lo que dice cantando y expresando con un rol de firmador a destajo. Lo disculpo. Gajes del oficio. Por razones de contrato comercial o por sus negocios con su discográfica debe aceptar hacer de oficinista algunos ratos de su vida. Lo que no comprendo son dos cosas: una, que la gente priorice la consecución de ese pequeño fetiche, su firma, en lugar de convertir el acto en un espacio de palabra comentada y dos, que el propio divo no marque las pautas exigiendo condiciones para lo que le lleva allí hablando de sus discos, sus giras o sus temas en lugar de hacer de papanatas complaciendo el histerismo coleccionista del personal. Por nuestra parte, mis acompañantes y yo, nos quedamos en la cafetería más próxima del edificio sin ir a estirar el cuello para espiar una minúscula porción del cantante de la voz rasgada. Nos perdemos la oportunidad de una conferencia dada por un artista del canto, nada comparado a lo que el pierde recoger opiniones espontáneas de lo que la gente ve o siente o entiende en sus canciones. Claro que, eso ya debe venirlo recogiendo durante toda su vida. Resulta extraño que alguien que habla de perdedores y de amores marginales admita jugar el papel ordinario de cualquier consumible en boga.

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