La Elección del Destino.
La disyuntiva corre entre elegir o ser elegido. Todas las acciones podrían/pueden ser divididas entre estas dos categorías: las de elegir y las de esperar, colocando las segundas a la persona que las adopta en el lugar pasivo de la elegibilidad. Quien no se mueve con motores propios es empujado por otras fuerzas. Es algo comprobable en la naturaleza en todas sus expresiones. La evolución animal ha dotado a las especies de mecanismos de propulsión, de supervivencia y de elección. No hay ser vivo que no pueda elegir dentro de un cierto margen de posibilidades. ¿Es que la semilla germinada no elige salir fuera de la tierra y buscar la luz, alimentarse de ella? ¿Es que el insecto que se resiste a ser echado de su sitio por una corriente de aire o de agua y se ancla a su territorio no se opone a caer en un peligro impuesto? En todas partes el principio de supervivencia puede ser interpretado como una elección por la existencia. Lo contrario: una elección por la no-existencia es lo excepcional. El ser humano hace elecciones a cada paso. Comer, reposar, andar son elecciones que se combinan dentro de otras muchas consustanciales al deseo de vivir. La vida es una pulsión. No es algo que en principio se reflexione. Se vive, se sigue viviendo y se revive lo vivido de formas multiversionadas una enorme cantidad de veces. Vivir es algo que da para mucho, contiene muchos actos, muy distintos, contradictorios incluso, entre ellos. Puestos a vivir por un imperativo categórico conviene pensar en hacerlo en aquella clase de vida deseable y mejor no aceptando cualquiera impuesta. El destino no es una imposición cuando es pensable como algo a organizar. Según sea el proceso existencial así va a ser su final. Hay quien prefiere pensar que todo está predeterminado o previsto. Hay un montonazo de cosas que se puede prever: las décadas aproximadamente que se pueden vivir, los países donde ubicar la vida, el estatus a conseguir, formas de eludir catástrofes y conflictos externos, la dedicación de la mayor parte del tiempo personal, el tipo de actividades con las que adquirir compromisos, los trabajos que se aceptaran, los viajes que se harán. El individuo dentro de sus límites y condicionantes tiene voluntad y medios autógenos con los que hacer frente a lo que sea y organizarse en función de sus deseos.
La biografía puede ser algo escrito por uno mismo llenándola con páginas a partir de un guión previo anteriormente predecidido o aplicando un guión decidido por algún poder externo. No es preciso buscar ese poder muy lejos, puede estar dentro de la constelación de relaciones más próxima: la de la familia. Hay gente que nace para cumplir los designios de quienes la han hecho nacer, sea para heredar una corona, un linaje familiar, un gremio profesional o una gestión empresarial.
Hay quien ha decidido de niño lo que hará de adulto y ha pronosticado su muerte prematura y lo ha cumplido (el caso del cantante de Nirvana).Hay quien se autoporgrma conscientemente y deja profundas marcas en su inconsciente en tal perspectiva para conseguir tal o cual objetivo y lo consigue. Hay quien ha decidido convertir su vida en un proceso meteórico hacia el éxito o que la ha convertido en una fuete inagotable de experiencias sorteando distintas clases de miserias y también lo ha hecho. Kipling sostiene, y cabe estar completamente de acuerdo, que el fracaso y el éxito son dos impostores. La vida no son sus etiquetas. Cada vez que me ha llegado la etiqueta de alguien tratándome de tal o cual cosa he comprendido lo fácil que es hablar y el nulo esfuerzo que se toman los clasificadores en comprobar. Lo extraño es que raramente quien te califica te lo dice directamente a lacara, te enteras por diferido (a veces años después).
Del destino se habla continuamente. Es tomado como una especie de concepto-coartada para justificar el presente en el que se está. El destino es una determinación para los perfiles sin espíritu de lucha y un escenario por construir para los que intervienen en la vida como un campo contradictorio en el que se mueven muchas fuerzas y cuya balanza definitiva tiene procesos relativos. Pensar que el destino es una cosa preestablecida sea por los dioses todopoderosos o por el pasado que lo engendra así implica la auto anulación como sujeto de voluntad. Lo que hace a una persona es su bagaje formativo y experimental además de su decisión de serlo como sede de voluntad, y en la medida de su posibilidad, en un foco de poder cuyo alcance va a depender de sus interacciones en su época histórica y su capacidad de ser según su saber y su conciencia.
El destino como tal, en principio no prepara nada ni obliga a nadie. Es una consecuencia y como todas las consecuencias es el resultado de una suma de elecciones encadenadas que le hacen de panorama multicausal. Eso no significa que todas las elecciones a priori de lo que se desea ser en el futuro o hasta donde se desea llegar vayan a corresponderse con la vida que se siga. Al contrario determinadas autoafirmaciones a pesar de su desbordante seguridad pueden encarcelar la libertad del tipo voluntarista en un solo camino o en una sola cantera de experiencias. Lo bonito de la vida es poderla dejar abierta a otros registros con los que ni siquiera se contaba. La elegibilidad del destino guarda relación directa con las transacciones de cada época biográfica y el caudal de energía para seguir luchando en lo que se crea mientras el banco de creencias no quede agotado.

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