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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

21/09/2007 GMT 1

¿Un error de 1000kms?

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 17:06

Fuimos al Foro Espiritual de Estella en su segundo año para conocer nuevos amigos y escuchar voces de antiguas y clásicas sensibilidades. Después de un par o tres de días por las aulas de conferencias, el polideportivo de los cantos y las convivencias en el comedor, en el camino de vuelta a casa nos enfrentamos a la siguiente reflexión ¿Había merecido la pena ocupar la carretera durante tantas horas enviando partículas contaminantes a la atmósfera para hacer lo que habíamos hecho? ¿Qué ganábamos reuniéndonos gentes próximas a una forma pacifista de tratar unos temas, procedentes de distintas partes del país que no íbamos a convencernos de nada y prácticamente no habíamos aprendido más de lo sabido? No dejamos que nuestras neuronas nos aguaran la fiesta siguiendo por esta línea incisiva. Estella es una ciudad preciosa con un parque extraordinario en el que te puedes tumbar al césped y actualizar romanticismos si tienes a alguien que te acompañe en ratos de paseos y sosiegos. Tiene espacios tranquilos y rincones bonitos.
El foro por su parte, con el apoyo institucional, puede ser un sello distintivo de la ciudad. Por unos días gente de la farándula religiosa surca sus calles. Los blancos o los azafranes de las túnicas, los trajes de lino, las telas de la India, los turbantes o las barbas sedosas, los sones de los chamanes, ponen añadidos al cromatismo local. Pero nuestras mentes no nos dejaban en paz: ¡confesadlo!,Con el pretexto del foro os habéis montado un viaje superfluo. Habéis ido hasta allí para justificar el trayecto. Podíais evitároslo. 1000 kms por un par de conferencias interesantes y un par de recitales ¿no son demasiados? En realidad solo hubo una conferencia realmente interesante que dio motivos para que la elogiáramos. Lo demás: más de lo mismo, de los tópicos, del todos-somos-buenos, de vaguedades y abstracciones como la de la conciencia universal el deseo de la paz mundial. La función vinculante del foro para hacer cambios personales y organizacionales, se puede decir que fue nula. Hoy en día ya no se va a los sitios para alumbrar nuevos hijos históricos. Se va porque la movida pasa por ellos. En la nueva era hay no pocas cosas que rezuman a viejos tiempos. En Estella y su foro las transacciones místicas de las que se hablaban en los círculos de energía o en las ruedas de varios credos o confesiones quedaban algo desmentidas por la calle comercial en el parque. Ahí una tienda junto a otra ofrecían músicas envasadas, tejidos y trajes caros, revistas promocionales y literatura especifica de cada grupo. Su semblante fue el de un mercado cualquiera. No nos dio la sensación que sus mercaderes fueran personas más puras que cualesquiera otras o que desistieran de sus altos precios para divulgar sus ideas.
Las caras más beatíficas circulaban con sus poses carismáticas. Observando atentamente a los seguidores del evento se podía adivinar distintas beatitudes: de las más monjiles a las más, a las más... a las más entrecomillables. Una de las conferencias a la que acudimos, que no llevaba título, la mujer al cargo después de agradecer aquella incodicionalidad en la asistencia habló de que era la portavoz de un espíritu y a continuación pasó a leer una carta simplona que supuestamente le había dictado. Huimos a los cinco minutos. En otra, al cargo de un tipo vestido de sij llenó la pizarra de palabras en sánscrito. Le discutimos un par de conceptos contradictorios. Cuando coincidimos con el titular del dictum en la calle se hizo el longuis como si no nos conociera.
En otro espacio, el paraninfo de la escuela de música, con una docena de representantes confesionales, se empezó con más de media hora de demora. Uno de los últimos en llegar fue un anciano que hablaba de la tradición sufí -que luego actuaría en el polideportivo dejando ir sarcasmos en contra de otras confesiones-.Este hombre y otro más joven vestido de igual forma que le hacia de traductor del inglés parecían una ballena y su ballenato y sus pintas no pasaban desapercibidas. Todo era complaciente. Todo el mundo habló bien. Estábamos ante un arco de sabios. Nadie reprochó a nadie sus tardanzas. El futuro del foro dependía que cada cual tapara los pecados de sus vecinos de tarima.
Los católicos inventaron un gran instrumento: el de la confesión para descargar de culpa a sus feligreses, el foro ni siquiera necesitaba ese recurso todo encajaba perfectamente. El tipo de público estaba instalado en el perdón permanente y en la sonrisa hierática de cualquier museo de cera.
Los que hablamos nos sentimos más o menos bien con nuestras inquietas almas, los que fueron a danzar, a conocer, a escuchar, se convencieron que fue un buen asunto. Los análisis dicen que el foro tiene futuro. Cualquier lugar heterogéneo y poli cromático lo tiene si no trata de tocar demasiado sustancialmente los grandes temas. Las religiones más convencidas de que son aparatos de manipulación como los Evangelistas o los testigos de Jehová no estaban. Un párroco local católico sí. Los círculos de música en el césped, las danzas compartidas, las manos entrelazadas, todo esto reavivó antiguas imágenes de paz y amor. En el tú a tú, el asunto era otro. Un residente de la localidad, un navarro de los puros, se acercó al rollo patatero de un chamán anoréxico que hablaba del creer y le increpó: Yo no puedo creer si no sé. Solo puedo creer en lo que sé y si sé algo ya no necesito creer en ello, me basta con saberlo –le dijo más o menos- El tipo aludido se fue por las ramas en la respuesta y el navarro no le soportó la falta de inteligencia en su respuesta y se fue. Entretanto las sonrisas burlonas de su intervención de las adeptas que en circulo y sentadas en el suelo rodeaban a ese mesías en minúsculo, le decidieron para irse a otra parte. Fue una de las pocas personas con la que nos detuvimos a hablar –no con el chamán sino con el navarro que no se dejó manipular- y su conversación una de las más ilustrativas de aquel fin de semana.
Nuestro vehículo siguió rodando por el asfalto de una tirada hasta casa. De pronto nos había cogido la prisa el domingo por la tarde y decidimos no quedarnos una noche más para vivir la ciudad en su verdad de un lunes por la mañana y preguntarles a vecinos espontáneos que percepción tenían de aquel foro. Nosotros le auguramos un futuro. Muchas ciudades tienden a rubricar sus nombres aglutinando nuevos referentes. Nuestra estimación fue que pasarían los años y eso quedaría ahí como una efemérides con el sello de lo espiritual sin intención de fondo en espiritualizar la ciudad por unos días, aun menos plantear un nuevo instrumento asociativo unificado que estuviera por encima de todo dogma doctrinario y de todo grupo estanco. La sociedad necesita sus farándulas y nosotros no íbamos a interrumpir esa dinámica imperiosa de los consumos de cualquier clase de cosa con tal que moviera una clase de promoción u otra. No descartábamos en volver a ir y plantear otras conferencias o en intervenir en debates, o en gozar de los conciertos o en tener unos días para cambiar de escenario habitual. Lo que no podíamos era justificarnos de ninguna manera por nuestro despilfarro de combustible y malbaratamiento de la atmósfera para satisfacer nuestras inquietudes. Hay quien se siente muy orgulloso por haber llevado su verbo crítico a los foros más importantes del mundo pasando por la Asamblea de las naciones unidas (una organización que necesita 20 años para editar una ley básica de protección a los derechos de los indígenas entre otras demoras vergonzantes) y tener su curriculum lleno de vuelos para ir por las universidades o las conferencias satisfaciendo sus egos creyéndose que lo que ellos dicen es palabra sagrada que exige sus presencias olvidando que el texto es una cosa con valor en si mismo indistintamente del portador. Es cierto que dentro de la sociedad de consumo hay también el consumo de presencias. Sin determinados nombres o caras hay un sector del público que no escucha, pero esa es otra dependencia a atajar. Seamos francos: vamos a los sitios, sea aesuchcar o adar ponencias para satisfacer nuestros egos. La alternativa no es la de quedarse en casa y n o hacer nada sino la de evaluar a priori lo que pueden hacer o dar de sí determinados espacios que ya están hipotecados en su libertad interna desde el momento de su concepción.
La respuesta a la pregunta del titulo de este relato es que efectivamente fue un error. No necesitábamos ir para saber lo sucedido pero de no haber ido no habría sido escrito esto y nos habríamos perdido los ratos entre bastidores que gozamos allí. La verdad es que nos dejamos empujar a hacer muchas cosas de las que podríamos perfectamente prescindir pero que al hacerlos crea un halo energético que hace que nos sintamos bien pensando que hemos hecho algo grande. En esa olla espejista nos dejamos atrapar en plena cocción de visionarios de todas clases fusionados en una expectativa para lo que no hay definición común ni –lo más importante- decisión de lucha.

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