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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

21/09/2007 GMT 1

Recicladero de dioses .

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 17:05

Si bien Lhasa, la capital del Tibet, significa en tibetano la tierra de los dioses y es considerada como la ciudad más sagrada por China, Mongolia, Bután, Nepal, Ladasdkh y los tibetanos, después de Bodh Gaya donde Buda alcanzó la iluminación, lo cierto es que no hay tierra sin dioses ni ciudad sin oratorios. La literatura deífica es abundante y las conversaciones intencionales sobre divinidades requieren de verdaderos expertos en su vistosidad, folclorismo y creación. La enorme variedad de sus referencias hace pensar más en un interminable menú de nombres y en un festín de atributos que le son asignados que no en el dios-único que las religiones monoteístas de masas insisten. Hay tantos dioses en el imaginario popular que nadie tiene motivos para sentirse huérfano de ellos. Por si alguien lo olvida, hay consignas pintadas de tono taxativo en furgonetas evangelistas que afirman “dios te ama” o a veces el texto dice Jesús te ama”. Una leyenda de esta clase tal vez neutralice por un rato la depresión de un infeliz que la lea absolutamente perdido en el área metropolitana, que necesita urgentemente relaciones sociales y algún tipo de apoyo afectivo. Muchas sectas van creciendo a base de ofrecer esos dividendos a individuos perdidos y desorientados que van a llamar a sus puertas en busca de consuelo. La consigna funciona porque el parque religioso es un sector comercial de éxito. Y, ciertamente, no poca gente encuentra amistades o parejas entre ritos y devociones. Eso tiene un itinerario que viene de lejos. Antiguamente el espacio comunitario fundamental en infinitud de asentamientos poblacionales era la iglesia. Era ahí el único sitio del poblado donde se agrupaba la gente en torno a un rito o entorno a la palabra colectiva. Todavía ahora podemos encontrar iglesias en aldeas selváticas como en la zona lacandona donde son el único sitio de congregación humana. En torno a la parroquia de los domingos la gente iba a orar pero también a mirarse, a evaluarse, a encontrarse, a hablar entre ella a la salida del servicio y a coligarse.
Las religiones y sus dioses han tenido en litigio a los seres humanos como sus pobres seguidores por milenios. No se ha alcanzado ni hay perspectiva de que se alcance un consenso universal de los credos y una redefinición unitaria de un creador universal. Antes bien cualquier sospecha de una conversación teológica a la vista es motivo para no cruzarse con ella. La humanidad infantilizada en su conjunto sigue necesitando de padres universales que le den coberturas y coartadas para su existencia. En la actualidad imaginar una humanidad sin dioses es inconcebible. Dentro de unos milenios, de continuar existiendo nuestra especie, las personas no necesitarán referir este tema ni escribir o leer esta clase de artículos, no necesitarán creer en vidas eternas ni acudirán a las armas para enfrentarse entre ellas como enemigas según si son infieles o no, creyentes o no. Habrán asumido que el debate central no es si hay vida después de la muerte sino si se vive realmente antes de ella. No vivir éticamente la vida dada en virtud de una hipotética posterior para el espíritu deja a los cruzamientos humanos al azar de voluntades y factores extraños no controlados de una manera protagonista.
Vivir nuestras biografías como procesos dignos de creación nos plantea la tesitura de reciclar viejos y caducos valores, entre ellos los de las creencias y las adoraciones. La idea de un Parlamento antirreligioso o de Templos de uso unitario para distintas fez, son ideas geniales que no van a reducir en el futuro el volumen de ideologías aunque sí pudieran liquidar las imágenes (algo de lo que se resentiría la imaginería artística). Las efemérides para afirmar el respeto mutuo a los distintos credos sin superarlos es un gran absurdo metodológico. De lo que se trata es de construir y fortalecer comportamientos prácticos de respeto recíproco sin tener que ir a foros para fariseamente darse golpes en el pecho para afirmar que se hace.

Detrás de cada nominación de un fenómeno, de un hecho o de un misterio, hay una tradición que ha tratado de interpretar los efectos para los que no siempre ha tenido una capacidad analítica acudiendo al parámetro de lo sobrenatural. La explicación causal ha sido algo relativamente tardía en los seres humanos. Ésta arrebata a la sensibilidad sus recursos al misterio y al amparo. El análisis causalista nos deja sin padres, sin protección, sin dioses que nos esperen, sin paraísos a los que ir. Nos deja sin esperanza en el sentido que el catolicismo da a esta palabra. Tal como la ciencia antagoniza con la religión es desautorizando sus presupuestos, y aunque haya formas para-religiosas de creer con fe ciega en lo científico, desde esta área se proponen métodos que dejan en segundo plano el creer para poner en primer lugar el saber. Se puede creer en lo que se sabe y en cambio no saber por qué se cree. Se examina los distintos tipos de creencias desde el estudio de los fenómenos pero quienes creen no suelen compartir lo que se sabe de ellos.
Los dioses tienen sus séquitos de creyentes que van de los más crédulos e incondicionales a los más hipotéticos que no renuncian del todo a ellos “por si acaso”. Su recurrencia en todas las latitudes hace que los tomemos en serio. Todo lo humano es muy serio incluido por tanto todo aquello de lo que hay de devoción sea o no racional. El rito y la ceremonia están por todas partes, la credulidad parece que sigue creciendo a pesar la presunción de las crisis de fe y de las religiones. Nos encontramos con una abundantísima nómina de dioses al gusto de todos mezclando la mitología y la teoría del dios-único. El que la teología que los elabora no alcance el rango de científica no impide que siga prodigándose como otra dedicación discursiva plenamente en curso. En su discursividad no entramos quienes tenemos de cosas más interesantes de las que ocuparnos que de nuestros supuestos gestores de los que nos quede en una situación post mortem.¡Qué terrible sería tener que tratar con espíritus o almas de aquellos con quienes en la vida terrena y corporal tuvimos conflictos graves e irresolutos! Mucho más con nuevas autoridades celestes que nos metieran en un lugar u otro en función de si les cayéramos bien o no. Esos y otros muchos supuestos tienen más que ver con la fabulación imaginativa que no con el misticismo. Las religiones se han nutrido de feligresías dadas al cromo, a la iconografía, a las leyendas y a los cuentos para adultos. Convertidas en grandes organizaciones para el enredo cuando no para la manipulación ideológica dejan a cada creyente en el rol del ritualista quitándole su pasión mística si es que en algún momento la tuvo.
La vida sin religión es posible admitiendo otros recursos explicativos para los hechos y para los misterios. Admitiendo también la imposibilidad explicativa para todo en todo momento. Eso nos coloca en un lugar difícil de sostener al no tener la suficiente convicción sobre la continuidad espiritual.
La vacuidad es una interacción entre el yo y el vacío. Una de las experiencias más dramáticas. La tesis del vacío sin embargo está en todas partes. Un átomo contiene más partes de vacío que partes sólidas. El universo contiene más parte de espacio no ocupado por nada que lo que está ocupada por planetas, estrellas o meteoros. El cuerpo une la materia con la antimateria. El pensamiento tiene aun más agujeros por llenar que preguntas explicadas.
Andre Gide nos propuso que aceptáramos la búsqueda de la verdad pero que rechazáramos a la postulación de quien ya tenia una. Él dijo de si no aportar ninguna doctrina y propuso la duda de todo. Pascal dijo que el asunto de la felicidad se reduce a la capacidad para mantenerse quietos en un espacio. Necesitar salir continuamente en pos de la búsqueda del otro es tanto como demostrar una falta de estabilidad del yo consigo mismo. La inquietud además de sinónimo de interés lo es de déficit y de incapacidad de concentración y de contemplación. Ser provinciano, lugareño, pequeño, forma parte de la humildad (que nada tiene que ver con la humillación). Kant no tuvo que salir de Konisberg para saber más del mundo que la mayoría de nosotros habiendo viajado por él.
Los dioses como representaciones explicativas dela necesidad en distintas épocas de tener amparos están indiscutiblemente ahí. Forman parte de las tradiciones culturales y de las creencias. No nos molestan, pueden seguir ahí por los siglos de los siglos. Que cada cual encienda sus inciensos o sus ceras a las figuras que le complazcan permitiendo que cada cual evolucione a su ritmo para que no tenga necesidad de tales ofrendas (tanto las velas y los inciensos son algo que seguimos encendiendo los no-creyentes sin invocar a nadie en especial). No es incompatible la convivencia social de los ateos más radicales con los crédulos más acríticos, siempre que los unos ni los otros traten de imponer su visión a los otros. Las religiones y sus dioses por principio no nos molestan. Todo lo contrario. Forman parte de la literatura histórica y del folclore popular. Llenan de fiestas las calles o a propósito de sus credos las ciudades viven efemérides de pantomimas e incluso lujurias. Otro asunto es que en nombre de tal o cual dios se nos haga creer nuestra condición de infieles y seamos perseguidos por tal o cual religión que quiera imperar sobre nuestras conciencias, modelándonos al gusto de sus jefaturas.
Las experiencias sociales de países con estados aconfesionales demuestran que los actos de los credos rebrotan una y otra vez o no se han dejado eliminar nunca del todo. Más bien parece que hay un regurgitamiento de formas y fórmulas de devoción que creíamos superadas. La tendencia a agradecer o a maldecir la vida a una superioridad extraterrena que se halla supuestamente detrás de todos los telones sigue formando parte de las escenas públicas. Los distintos credos se engañan recíprocamente además de engañar cada uno por separado a sus seguidores sobre el dios-único, el hacedor de la vida, de los mundos y de todas las cosas. La creación de tal creencia y su extensión ha ido dejando a la humanidad sin responsabilidad propia. Todo lo que sucede depende de la voluntad divina, luego entonces nadie es realmente responsable de sus actos. El ateismo empuja al ser humano a la mayoría de edad empujándole a crecer frente a la religiosidad que lo mantiene en la cuna de la inexperiencia.
El pensamiento ateo no tiene porque ser liquidador de todas las antiguas formas de creencia. Se desarrolla sin que el planteamiento del reciclaje de dioses sea la cuestión central. Independientemente del debate sobre la existencia o no de tal o cual figura sobrenatural, el hecho de su creación imaginaria significa que tiene un plano de registro existencial. Su referencialidad la hace existir, la renueva, la redescribe, la resitúa. En nuestra cultura existen muchos personajes literarios inventados y de máxima trascendencia popular que siguen existiendo en la mente pública y en el recordatorio. No dan lugar a dilemas sobre si existen o no, ni nadie les niega el derecho a que sean citados por su valor representativo. Todo el mundo sabe que han sido generados por la invención dotándoles de un tipo de personalidades distintas y superiores a las que se suelen encontrar en la vida ordinaria. Los dioses también son personajes inventados por las culturas para dotar de satisfacción a sus necesidades en momentos de su evolución. No hay porque ponerlos en duda en ese sentido. Es más apropiado hablar de dioses en plural que no de un dios-único en singular. Incluso las religiones monoteístas tienen para la denominación de un solo dios distintos nombres, determinados por las distintas propiedades que se le dan. Jehová (elevado),Sitael (esperanza),Deus (alabado) Haniah(refugio), Orsy (sabiduría), Agla (uno y trino), Hannah (justo), Zeut (maestro) y tantos otros para el caso de los nombres hebraicos dados a su dios, y Albasit (abastecedor),Almudil (opresor) Alkabir (altísimo), Algahhar(irresistible) ,Alfattáh (juez), Alqauí (fortísimo), Almuta´ali(sublime), Annur (alumbrador), Aççabur (omnipaciente) y muchos más para el nombre de su allah.
En el panorama histórico-mundial de lo religioso viene concurriendo de un lado los agrupamientos, asociacionismos, sectas, ideologías y corrientes que, en número de unos 5000, se reparten la adoración e interpretación de una nómina de dioses de cuyo inventario no dispongo del dato que los sume. La prodigiosa capacidad organizativa para lo uno e inventiva para lo otro del ser humano es admirable. Hay dioses para todos los gustos y situaciones: Tsao chun o dios de la cocina es una divinidad taoísta cuya imagen es instalada en la proximidad de la chimenea o cocina a la que se le encomienda la felicidad del hogar y la consecución de las riquezas. Dolma es rezada por los tibetanos como la madre de todos los budas, permitiendo obtener riquezas e hijos, además de evitar las catástrofes y los peligros. Ahura Mazda fue adorado como dios oficial por el pueblo iraní que contó con Zaratustra (Zoroastro) como su legislador religioso fundando el mazdeísmo que seria mas conocido como la que llevaría su nombre. La reforma islámica hizo desaparecer el zoroastrismo cuyo poder de influencia se extendió al mitraísmo, el gnosticismo y el maniqueísmo. Kali es la diosa consorte de Siva que al ser creadora del tiempo también simboliza la destrucción del mundo. Es representada con un collar de calaveras en su cuello y su falda está formada por brazos cortados. Los dioses son temidos como en este último caso o utilizados directamente para conseguir propósitos materiales muy determinados como en los dos primeros casos. A una divinidad se le reza y adora por motivos materiales: para conseguir buenas cosechas, para quedarse fuera del alcance de la fatalidad o para recibir el favor de una vida paradisíaca postmortem.
En torno a todo el fenómeno religioso hay motivos banales y propósitos vulgares cuando no mezquinos para salvar egoístamente la propia alma aunque el mundo siga en sus tinieblas y sufrimientos.
Los credos crean estados multipragmáticos de relaciones y de experiencias. Las religiones sugieren en los más adeptos estados de éxtasis (del griego ekstasis=quedar fuera de sí) que se supone de conciencia desindiviualizada y de aproximación a la divinidad. El Rig Veda refiere los viajes de los ascetas dejando el cuerpo en tierra y las ceremonias vudú dejan a sus seguidores montados por el loa enajenados de sus cuerpos.
Desde el budismo como filosofía por encima de las religiones se puede entender que los enemigos principales del ser humano están dentro de sí mismo, en su falta de conciencia. Su liberación pasa por la liberación de la ignorancia.
Prajña, denomina en sánscrito a la sabiduría pero no intelectual sino la de la experiencia espiritual que libera de la ignorancia y la ilusión. Es el tercer y supremo nivel de la vida budista. Distingue dos clases diferentes de prajña o pañña que se corresponden a dos estados o estadios distintos de conciencia: el de la verdad relativa o convencional que hace concurrir la inteligencia en la comprensión de lo fenoménico y la que corresponde a la sabiduria que le toca moverse en el terreno de la dualidad. La verdad superior es alcanzada con el despertar por encima de las contradicciones no resueltas en el plano material pero condensadas y reducidas en el plano espiritual.
El análisis teórico y empírico de los dioses y sus fieles no añade más contradicciones al ser humano que las que ya tiene cuando trata de vivir su existencialidad en una sola vía. El plantel de dioses es perfectamente integrable en la inmensa producción mitológica de las mentalidades necesitadas de fabulación. No hay posibilidad de entender los mecanismos de las verdades tangibles y demostrables sin entender los mecanismos del imaginario y la necesidad de producción de personalidades ficticias.
Cualquier dios o personaje empleado para la parafernalia religiosa plantea el reto de su reciclaje tomándole sus atributos para antropo-formalizarlos. Al personaje-dios que se le rezaba se le desdeifica cuando aquello que se le atribuya pasa a formar parte de los posibles prácticos de su adorador. También se le desdeifica cuando se sabe que tales atributos no son posibles. En ambos casos la aportación científica permite acabar con tantas vendas en los ojos de los que oran y no laboran.

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