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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

20/06/2007 GMT 1

La aventura de publicar poesía

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 23:23

Decir que la poesía gusta, viste en ciertos ambientes. Es una seña de identidad, una etiqueta. La predilección poética suele estar emparentada con la gente sensible, las personas dulces y delicadas . Ante la pregunta ¿te gusta la poesía? Antes de entregar un ejemplar de un poema o un número de este magazine, la mayoría de gente interlocutada se siente predispuesta a regalarme un sí. Yo sé que la poesía no sólo no gusta a la mayoría, sino que resulta a veces ardua y difícil para la minoría que se quiere acercar a sus entresijos. La poesía es uno de los nombres de la locura, y no cabe extrañarse por la doble respuesta que ocasiona: la de la admiración y la de la aprehensión.
El loco, como el poeta, se atreve a decir cosas sin pasar por el frontal de la represión. El uno reclama su derecho a la locura ante el mundo de la Ratio, que quiere solo permitir lo normativo; el otro no escribe desde el análisis sino desde la pulsión de sus manos, aplicando la percepción y el sentir a todo cuánto recibe, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. El poeta es un niño grande que no ha perdido la perplejidad ante las cosas descubiertas, que dice con la convicción del primer día te amo a aquello que ama, y que rebusca las palabras en el Olimpo de los misterios hasta dar con el mensaje que pretende. Eso sólo le da la categoría de una personalidad excepcional en un mundo de bombas y griteríos, sujetos malencarados y disgustos por moneda permanente de intercambio. Como excreción y oasis de sosiego en medio de las arenas de los gladiadores, lo poético se presenta como lo amigo, como la dosis homeopática para dar un respiro al cuerpo y a la psique, como un regalo de paz. Por eso, en el fondo de cada competidor por su vida, remansa un poeta, alguien al menos que quisiera la bondad de las palabras y enterrar las hachas de guerra. Por eso, y seguramente por algo más, pero sobre todo por eso, ante la pregunta de “¿Te gusta la poesía?” se condiciona la respuesta a que sea afirmativa, aunque el interrogado no haya leído más de un libro de poemas o el último le haya quedado muy atrás en sus lecturas. Pero es por eso, y por la convicción de la ternura fosilizada en las gentes, que vale la pena lanzar la proclama de la poética y anunciarla como la bandera más guerrera. Eso no significa que tras el reparto de poco más de un millar de ejemplares, las huestes del imperio formen fila pidiéndonos la palabra mágica, antes bien, los textos se difuminan entre espejos sin que sepamos quienes se miran al derecho o ni siquiera quiénes se miran. Esa es nuestra aventura: publicar la poesía de sentimientos y resentimientos para sacarla fuera como una catarsis, arrancada de los dosieres de otros tiempos, con la vanidad de creer que vale algo, aunque mucha de ella ni el marchamo de estilo detenta.
Esa es nuestra aventura, invitar desde el silencio a que rebusques entre tus trastos viejos para validar tus secretos, para que al volcarlos piel adentro de otros, veas que los sentires nos unen a todos en lo humano, aunque nuestras políticas y guerras nos desunan por siempre. Mientras nos queden trastos y textos y los cuartos con los que enfrentar lo impreso, podrás encontrar este modesto panfleto que a cada número te trae 2 artículos que no son ninguna canción y 20 poemas no nerudianos . Acompáñanos en su lectura y nosotros te acompañaremos en tu cóctel de soledad y finura.

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