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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

14/11/2008 GMT 1

El amor transaccional

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:24

El amor no es un misterio. No tiene nada de enigmático aunque el embrujo sea uno de sus componentes, no tiene nada de ilógico aunque la falta de razones pueda estar presente en la elección del otro deseado, no tiene nada de imposible aunque las condiciones fisiopersonales puedan ser adefésicas, no tiene nada de improbable aunque las frustraciones previas lo hayan desestimado. El amor es una de las expresiones sentimentales de las que se vale el ser humano para calificar aquellas conductas de entrega a otro con el que gozar y complementarse. El amor es una transacción de la que estamos necesitados para vivir. Pero tiempo: antes de seguir hablando definámoslo, atrevámonos a definirlo. Amor es la actuación sentimental de un sujeto hacia otro que elige como objeto de su pasión, de su interés, de su adhesión para suplir sus déficits emocionales y existenciales. El amor no es una condición de propiedad del ser humano por el hecho de nacer como tal. Primero experimenta necesidades y poco a poco va entendiendo qué figuras también humanas de su entorno se las cubren. De hecho a las pocas horas de nacer puede identificar gestos y empezar a simularlos como moneda de intercambio y como mensajería visual. Después aprende a corresponder. La sentimentalidad es un aprendizaje.
Biológicamente no nacemos predispuestos a amar pero sí a gozar cuando otros nos aman. Las caricias, los besos, las carantoñas y los susurros, las palabras cuya sonoridad es cautivadora y toda la parafernalia adjunta de la que participamos en nuestros mimos en calidad de mimados o mimosos decoran las escenas de amor. Luego se irán precisando y la cultura se encargará de poner tanto los límites a la extraversión amorosa como de marcar la frontera entre su conveniencia o inconveniencia. El amor es de todas las prácticas sentimentales la que pretende una atención excepcional y exclusivista. Los niños tienden a querer mas amor de sus mamás y en casos extremos y patológicos el único, los amantes también tienden a pedirles atención en exclusiva a sus enamorada/os y algunos son capaces de malvender sus almas y tirar por el suelo su dignidad a cambio de ser correspondidos aunque sea mínimamente.
El amor queda esquematizado o esencializado en sus demandas más exactas después de desvestirlo de todos sus atuendos poéticos o románticos. El amor es una transacción, un intercambio de energías por la vía de los sentimientos. Remite pues al principio de correspondencia tan generalizado en los eventos de la naturaleza. Más exacto será decir a una sinergia en la que las partes se benefician mutuamente de la presencia del otro en sus existencias. Esta noción es fácil de ser consensuada. Ahí donde hay dos jugando, tocándose, hablando, caminando, dialogando, estando...hay un fluído recíproco del que los dos beben y se nutren en una medida u otra. Pero donde hay dos, desde el punto de vista del observador neutral, hay varias posibilidades. Una, es la del concurso de una empatía y un amor recíprocos, dos, la de una sentimentalidad asimétrica, en la que A ama a B pero B no ama a A, lo cual se traduce en dos versiones, la antedicha y la consiguiente lógicas que sea B quien ama a A y A no se sienta atraído por ese amor y no le corresponda amando a B. Pero también hay una tercera gama de posibilidades: las que se derivan del grupo dos en todos sus matices y pormenores. A o B pueden consentir en compartir una relación dejándose uno amar y el otro amando, poniendo las cosas a un cierto nivel de claridad. La pregunta es: si una asimetría declarada de este tipo puede llegar muy lejos. Una cosa son las citas puntuales entre dos personas en las que el rol de cada una está claro pero no está compensado. Es decir un amante ama a su objeto de amor pero este ni lo ama ni cree que lo vaya amar nunca y otra que ésta situación pueda ser psíquicamente sostenida por el amante que implica su sentimentalidad y se entrega en cuerpo y alma a una historia que no puede ir más lejos de lo que va. Buscar una comparación a esta situación no es complicado. La existencia social está llena de situaciones en las que las personas eligen recursos que no le sirven para sus necesidades. Eso pasa tanto en situaciones materiales de trabajo como en el grueso de las relaciones humanas. Para trabajar necesitamos herramientas específicas. Todo trabajo empieza por un buen planteamiento de lo que se necesita para acometerlo. También toda relación espera, instintualmente, encontrar en el otro recursos para un viaje por el amor en el cual hay, parece ser, una elección recíproca o mútuamente consentida. De hecho el amor es la entelequia un tanto efímera y un tanto indeterminada que se mantiene en un proceso abierto de definición mientras dos cómplices bajo su manto tratan de serlo. El amor pide una presencialidad física, un contacto directo pero que no siempre es indispensable. Hay evocaciones de grandes historias de amor donde el contacto físico fue mínimo o incluso nulo y donde lo predominante fue la certificación de su deseo por ambas partes. Hay realidades amorosas también en las que hay unilateralidad, en las que un amante se las compone solo para elegir a su objeto amado incluso sin el conocimiento de éste. Y por haber, hay patologías amorosas en las que alguien se puede enamorar de una evocación, de un halo o de una foto, como la de Sophie Dahl que de pronto irrumpe en la escena cotidiana un día tras otro durante una temporada por estar colgada en el panel de publicidad de la marquesina del autobús. A falta de corporalidad y calor anatómico directa en una situación extrema alguien se puede quedar prendado de su figura presentada como una modelo contundente por sus formas exhuberantes con las que impuso su cuerpo redondo en un mundo de líneas lánguidas. No es tan extraño o no más que quien se fija en una compañera de aula y adquiere sus detalles y formas desde una línea de asientos detrás de la suya y ajena a toda esta percepción es esperada ávidamente a la siguiente coincidencia en ese espacio. Claro, claro, hay una diferencia entre enamorarse de una foto de alguien que está viviendo en otra ciudad del continente a hacerlo de la figura de la persona que por la forma de sus caderas, por la voz de su habla o por su mirada puede llamar la atención. En el segundo caso hay una probabilidad material para una coincidencia o una serie de coincidencias y a partir de éstas ir aproximándose a la persona admirada. La foto no puede corresponder al amante en espera, la persona física que está cerca sí que puede corresponder eventualmente. O sea que llegamos a una primera aproximación del tema. El amor espera compensación. El amor espera algo. El amor espera amor.
El amor como apología de un principio universal en el que la gente ama por sistema indistintamente la circunstancia de este ejercicio es una presunción descabellada. El amor incondicional no existe. El sentimiento incondicional no existe. La energía incondicional no existe. Porque todo se ajusta a coordenadas tempo-espaciales y a vectores de intervención que influencian las conductas y las disposiciones. Todo está sometido a una clase de condiciones u otras porque la presencia de las cosas, de los hechos y de los afectos viene circunstanciada en unas determinadas formas, maneras, pesos, estéticas y contenidos. Apelar a la incondicionalidad es acudir a un eufemismo de inexistencia. Todo lo existente pasa por unas u otras condiciones. El amor que no espera nada en correspondencia es una declaración demagógica. El amor como toda fuerza o energía existente existe o puede existir porque cuenta con interacciones que lo retroalimentan. El amor a otro en el fondo espera un amor correspondiente, un amor corresponsivo, un amor coherente. De la misma manera que todo esfuerzo de intervención en un contexto es un trabajo que espera conseguir unos resultados de modificación en aquel entorno. Con esa noción el amor ya no es limpio, no es altruista, no es puro, no es auténtico. O sea que el amor, estoy a punto de decir, no es o no puede ser amor. O al menos no lo puede ser de acuerdo a las liturgias culturales que nos han amamantado haciéndonos creer en un concepto de pureza mística que la realidad y la historia de la realidad no han parado de desacreditar. De un lado el judaísmo ha esperado un mesías-todo-amor y todo terreno dispuesto a perdonarlo todo y a regenerar una nueva clase de humanidad, de otro lado el cristianismo nos ha asegurado la figura crucial que hizo todo esto aunque a la vez no estaba exenta de complejidad, tensiones, contradicciones e incluso ira. De una parte tenemos la poesía romántica que elogia el virtuosismo del objeto amado y de otro la prosa de los relatos complejos que describen emociones contradictorias y chocadas. Hemos de preguntarnos si el amor puede ser puro entendiéndolo como una constante de energía que nunca duda de sí misma. Pero esa pregunta viene seguida de otra idéntica con respecto a todo. ¿Es qué acaso no existen la oscilación, la variabilidad y la duda? Cualquier evento de la mundanalidad es esto, un evento, la posibilidad de una circunstancia distinta, el encuentro y configuración de una situación dada, que tiene ante sí dos grandes perspectivas, su continuidad o su cesación, su frecuencia intensa o su coincidencia remota. Pretender convertir un evento dado en estado perpétuo es completamente ilógico pues terminaríamos por no dejar tiempo ni espacio para las eventualidades. Ese criterio se puede trasladar a las relaciones humanas y dentro de ellas en concreto a las sintonías amorosas. El amor es un combinado de emociones y de compromisos. No se sostiene solo con la alegoría sentimental pide el acuerdo práctico, la efectividad en las formas y el disfrute de los actos. El amor hipotético, teórico o presunto es un amor a medias, un amor para sufrir, un amor al que no se deja expansionar en todas sus posibilidades. Ciertamente hay actitudes amorosas parciales en las que el sujeto enamorado presupone o prepara, a fuerza de tesón e insistencia, la respuesta corresponsiva del otro. Es una categoría arriesgada. La figura que se pone a amar esperando que la otra parte vaya a hacer lo mismo a la larga puede estrellar su morro contra la pared más dura. Pero ciertamente es difícil no querer a quien te quiere. Dejarse querer es otra manera de entrar en el amor aunque sea con retardo y por la vía lenta. A fin de cuentas el amor es una historia de circulación de energías sentimentales. Si estas van de un lado a otro, tarde o temprano terminan por ser devueltas de una forma u otra. El principio de correspondencia tampoco tiene que esperar ni la devolución de todo lo entregado en forma de energías equivalentes ni aún menos un plus de intereses. El acto de amar ya tiene una compensación en si misma sea o no correspondido ya que mueve una energías hasta este momento dormidas en este amante que se estrena como tal. Nadie puede autonegarse el deseo y es cuestión de tomarse libertades éticas y de desentumecerse de su antigua moral restrictiva para pasar a la acción, a los ensayos de aventura y a los encuentros divinos con el pecado. Negar la sentimentalidad ajena o la propia es un crimen, que curiosamente no está sancionado por los códigos civiles o penales por pertenecer a la esfera de lo psíquico y no de lo comportamental. Nuestra inmersión en una cultura fundamentalmente hipócrita que hipervalora lo conveniente y degrada lo necesario convierte a los seres humanos en fetiches de objetivos inventados por otros escindidos de sus verdaderos deseos. El mundo permite la perpetuación de la gente mediocre y sanciona a la gente brillante, encumbra lo anodino y frustra lo genial, elogia las conductas estandarizadas y discrimina las escenas extraordinarias. Así como hay conductas de éxito económico premiadas y en cambio las de calidad humana segregadas, (Juan Goytisolo establece una categoría de negación a un mundo que permite la libre circulación de capitales y no de las personas ) también hay conductas normativas y ordinarias que resultan ensalzadas y expresiones sinceras humanas que son machacadas. El amor es la invitación a una historia para la cual no se tiene, ni se puede tener, un guión aprendido. No hay nada más triste que el ligón de playa o el latin love de temporada o la discotequera que va a la caza de quien le pague la noche. El amor a priori no es bueno o malo, como nada sea dicho de paso. Shakespeare dice en Hamlet: “Nada hay bueno ni malo, si el pensamiento no lo hace tal.” Lo simbólico de cada acto tiene que ver con su intención de función. El amor que lo es, que puede serlo es el paseo por la aventura pasional. Esta pasión incluye para algunos apasionados el dolor de no correspondencia y la hipótesis del desamor cuando la tensión relacional no se hace posible. Las historias de amor de todos los tiempos exhiben procesos y novelas de alta complejidad en la que la hipótesis del amor total ronda siempre como incertidumbre escéptica junto a los interactos que los enamorados comparten. La dimensión amorosa tiene algo de vaporosidad que la hace inalcanzable en todos sus detalles. No es medible, no es pesable, no es comparable a ninguna experiencia salvo a aquellas que manejan su misma clase de sentimientos, lo cual no es mucho porque una historia de amor no tiene porque parecerse a la anterior o a la posterior aunque las tres hagan escenificaciones semejantes. Esa inalcanzabilidad en su medición lo coloca en un campo de escapada. No se tienen instrumentos de contabilidad aunque sin duda la cantidad de placeres compartidos, los gestos de amistad y regalías, los orgasmos creados y la profundidad de la intimidad concreta dan una idea de su intensidad. En cada una de las cosas hechas hay una transaccionabilidad. Un algo por otro algo aunque eso tenga poco que ver con el sexo de comercio o el goce prostituido por dinero. El grito de guerra de un feminismo de negativa a la condición femenina a ser ni puta ni sumisa recuerda el analisis que hizo diana al calificar las esposas de putas privadas sólo tocadas o manejadas por sus maridos-dueño. Una vía de liberación de un sector de ellas en algunas épocas y ubicaciones ha sido la de trasladar el lugar del amo: del marido particular a los hombres-clientes que les hicieran de postores. No es extraño que un tipo de recuperación del hedonismo y de la emancipación haya ido parejo en algunas mujeres a su dedicación a la vida pública, en el doble sentido de la palabra, la de la mujer artística y la de la mujer de/para todos. La figura de la prostituta sería vilipendiada y hasta apedreada pero también codiciada y admirada por tratarse de una persona libre fuera de ataduras personales e indispuestas a someterse a regímenes familiares. El hombre cargó con el rol de ser su seguidista, su cliente o su pagano. El hombre se repite hisóoricamente en una figura solicitante, sexodependiente de la mujer. Mientras ésta ha administrado sus necesidades eróticas con una dosis de contención, aquel ha sido incapaz de regular su biología o su química lanzándose a los agujeros corporales como un autómata reactivo frente a estímulos a los que no ha podido ni querido decir no. Sabemos que la cama es el gran lugar de las reconciliaciones y el lugar de reparaciones tras veladas en las que haya podido haber discusiones o encontronazos. El sexo es el homeostático de una relación de pareja. Todas las tensiones acumuladas por contradicciones convivenciales o de criterio son acalladas o atenuadas en los orgasmos coleccionados. Pero no siempre es así. Hay relaciones de amor, tal como resulta obligado considerar, unilaterales e incluso desconocidas para una de las partes. Hay gente que se enamora desde lo lejos y en solitario pretextando para ello el cruce de una mirada con alguien, el contacto con la fragancia de una chica que pasa o de alguien de quien solo se han cruzado un par de miradas y un par de palabras. Ese amor puede crecer como un producto psíquico propio sin que el objeto deseado ni siquiera se aperciba de la existencia de este amante en el banquillo de reserva. La gran confesión que hace el personaje de Stefen Zweig en 24 horas de una mujer, es un caso de este tipo. Su rubor viene dado porque se reconoce rendida a su deseo por alguien a quien acaba de conocer y eso va en contra de sus principios de moral restricta. A menudo el amor surge voluptuoso tras rasgar una sola condición: la de una tradición personal oficiando el miedo y la cobardía que ha venido atenazando al cuerpo y a la mente para no hacer ni pensar más allá de lo socialmente admitido. En una sociedad ideal de transparencia el humanismo sería un verdadero amor de todos con todos porque podríamos permitírnoslo sin avergonzarnos por eso. Por ahora el amor universal es la tesis de una verdad no práctica con lo cual su apología incondicional lo convierte en una mentira de hecho. El amor es tratado en términos de dedicaciones e intercambios concretos, de negociación de posiciones, la del uno en la vida del otro; de reclamación de conquistas, el territorio que ocupa uno en la mente del otro. El amor es una cantera total de la que surgen múltiples historias en todas las partes del mundo y en todas las culturas, en todas las gentes sean de la condición que sean su multiplicación numérica no las empuja al infinito sino a la repetición de argumentos que chocan contra sus propios límites. En cada caso particular una historia de amor está limitada por los límites mentales que uno de sus protagonistas arrastra o que los dos consienten. Una historia de amor paga por entrada de ser realizada los gérmenes del desamor en parte que contraerá. Se entiende que el amor compromete unas etapas y el desamor otras sin admitir tan fácilmente que algunos elementos desenamorizantes están ya presentes en los momentos álgidos de la entrega afectiva. No pocas historias de amor además contienen desde el principio actitudes chantajistas y perversas cuando su vocación de entrega se estructura entorno a una servidumbre. Popularmente el matrimonio ha tenido una imagen carcelaria y el single ha sido la imagen de la libertad frente al hombre o mujer casados. Cuando una pareja no se concede la libertad mutua para tener sus espacios, sus flirts en paralelo y sus otros lugares y personas de goce poco o mucho cada miembro de ella se convierte en el guardián de la otra.
La transacción amorosa trata de todo esto. El amor transaccional es la relación sentimental negociada que equivalente a un amor condicional y condicionado por las partes, tal vez más por una que por otra según la dosis exacta de cada demandante y de sus necesidad psico-atencional que tiene del otro. Se puede hacer una ecuación sencilla de esto. La figura que más amor necesita recibir, sea por su biografía deficitaria, su falta de experiencias anteriores, su virginidad demorada; es la más vulnerable psíquicamente frente a la que más puede prescindir del otro. Por lo general la mujer bella y excitante pero que no experimenta placer orgasmático ni tiene una necesidad continua de cópulas termina por tener una posición de fuerza, no exenta de perversión aunque no la controle, frente al hombre que se siente inferior, y que tal vez lo sea, y que no se ha desbaratado de sus complejos de inferioridad; es una figura de mando que tiende a manipular las situaciones. El hombre fuerte que va de falócrata tratando de acumular un mayor número de mujeres pasadas por su pene en su lista particular puede ser víctima de su sexo-ránking que le hace perder de vista las ventajas del amor sentimental. El machismo al uso para esa segunda figura puede estar protegiendo el terror del sujeto a ser emocionalmente manifiesto y a sentirse vulnerable. El día que alguien declara a otro: te quiero y no puedo vivir sin ti, afirmando dos hechos de su personalidad: la necesidad de poseer y la necesidad de tener a alguien como indispensable, aquel día confirma su estado neurótico y su peculiar manera de autoacondicionarse para una servidumbre mental de la que no conoce la manera de salirse. La alternativa al amor mediocre y subsidiario es el de la persona autónoma que puede prescindir de aquel y de su energía en el momento en que desaparezca, sea por rechazo, por desaparición o por muerte.
El amor binomial es uno de los cuatro grandes temas de las relaciones humanas. Los otros tres, las relaciones amicales, las familiares y las de colaboración para proyectos terminan por ocupar lugares secundarios en el peso energético que mueve a una persona. Si para Harold Varmus , los grandes temas científicos del XX los describe com el átomo, el ordenador y el gen, para la psicología de las relaciones el amor, es lo que da más experiencia y ocupa más territorio mental que ninguna otra cosa. Una persona se estructura psíquicamente en torno a un cierto numero de experiencias, tampoco tantas, y a un cierto numero de personas, tampoco tantas. El otro selecto, como pareja y como objeto de romance y de deseo es prioritaria. La fantasía inicial puede pretender muchas historias eróticas y lascivias pero a la larga poder sostener una relación de amor en profundidad va en contra de la pluralidad excesiva que mantiene los contactos en la superficialidad. Sea como sea la relación que es posible sostener, ésta permite una cancha de juego experimental y un progreso del sujeto sobre la experiencia anterior de sus límites sentimentales. Amar y enamorarse en el peor de los casos, el no correspondido, el no suficientemente transaccionado, catapulta al amante a la extralimitación de sus expectativas iniciales, tomando más confianza en si mismo y descubriendo partes ocultas de su ser que antes ni siquiera había sospechado tener.
Una fea costumbre es juzgar quien es quien en la relación privada ante dos nuevos amantes. La mirada externa, superficial y prejuiciosa se pone a dictar lo que cada uno tiene que hacer y como debe comportarse en función de los roles social y tradicionalmente pensados para cada uno. Por su parte los amantes correr rápido para publicar, con sus gestos y sus formas y sus declaraciones, su compromiso ante la sociedad, ante los que les conocen, ante sus familiares. Hechos estos preparativos la sociedad a través de sus representantes más próximos va marcando el guión que han de seguir. Las extrañezas y confusiones surgen cuando los nuevos amantes quieren vivir la vida pro ellos y no por los dictados preestablecidos de una cultura con la que no se identifican o cuando uno de ellos, por lo general quien ejerce más poder dentro de lar elación por tener la función de recibir más deseabilidad de la otra parte, se reinventa a sí mismo con un discurso propio, transgresor y valiente, que habla de pluralidad, apertura, goce compartido o amor extensivo. Este tipo de novedad no suele ser bien encajado cuando la otra parte todavía calcula la política sentimental de las relaciones que establece como si de una inversión en seguridad se tratara o como adquisición de una nueva imagen. Hay gente que tras la conquista inmediata les urge la alianza del compromiso, los preparativos de la boda o la presentación a la familia, como si con todo esto activara la cerca del aparato familiar para entrampar a la presa y no dejar que se marche. El amor es ante todo deseo, goce, entrega pero todo eso con un combinado que no sólo no quite libertad sino que la potencie. Tan pronto un amante pierde la libertad de amar se convierte en un cónyuge, en un conyugado, en un atado, en un prisionero, que podrá guardar las apariencias pero que se comportará como un ser castrado. A veces la figura amada, la que se deja querer y llevar, pero que no es la más activa en el amor hace un flaco favor a la parte más ilusionada si no le aclara con las palabras de la sinceridad aunque lo sean también de la crudeza, hasta donde está dispuesta a llegar. De otro modo el que embola su cabeza con fuegos incendiarios que sólo arden en ella puede estar tras presunciones más acordes con el delirio que con una perspectiva de futuro posible. Estas probabilidades distintas y contrarias no quita que cada historia de amor iniciada, aunque a los pocos días o semanas pueda abortar, abre maravillosos registros que dan nuevos contenidos a los actos del vivir. Cabe preguntarnos si merece la pena vivir toda una vida de incertidumbres a cambio de pasar por la experiencia del amor de unos días o unos instantes. Lo que es seguro es que haber vivido toda una vida sin haber vivido la experiencia del amor es no haber vivido. Para finalizar cabe extraer una conclusión fáctica: puesto que el amor es capital vale la pena prodigarlo y perpetuarlo, practicarlo y regenerarlo, buscarlo y encontrarlo y si no es posible sostenerlo con una persona ir tras otra con la que compartirlo y gozarlo. Quedarse entrampado en la figura de un amor roto es dejarse anclar por la frustración y no remontar el tiempo muerto del desaliento. La transacción también prevé la disolución del acuerdo cuando una de las dos partes se aparta de lo convenido o lo previsto tratando de llenar el puesto vacante con otra persona que merezca nuestra dedicación.

Adulterio y Engaño

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:22

El adulterio es la relación sexual ilícita fuera del matrimonio. Suele ir unido al engaño. Es la denominación jurídica para calificar una falta de contrato en tanto que el matrimonio establece un acuerdo entre dos partes para la fundamentación de una convivencia y una familia. En realidad, estrictamente, el matrimonio es un vínculo de deberes tanto asistenciales y económicos como conyugales y sexuales; al que se le supone una fidelidad. La cultura más que la ley se encarga de que esto sea así. Cuando alguien comete adulterio una parte de la sociedad en representación a su cultura ancestral lo reprobará y otra parte no se colocará en la posición de juzgarlo.
Sabemos que las conductas adúlteras son castigas sin piedad hasta la muerte en culturas-estado fundamentalistas y que en algún momento de la historia de cada país ha sido motivo para repudiar y dar muerte a las personas, generalmente mujeres, adúlteras. En esos linchamientos las iglesias han sido las principales instigadores en lugar de ocupar el rol de la prédica de amor al prójimo y de respeto a la vida humana. Lo interesante de la cuestión es que la conducta adúltera no sólo no ha dejado de existir sino que nada pronostica que no siga siendo así. Lo que es más, su perspectiva va en aumento en un tiempo en que el diagnóstico del futuro del matrimonio como institución es desfavorable. Hay que reinterpretar el concepto del adulterio como engaño o traición a la pareja por el de la extralimitación del deseo. Esto es, extender el deseo que no queda complacido en la relación de pareja constituida fuera de ésta. El adúltero no es un sujeto perverso incapaz de mantener la lealtad o dominado por los pecados de la carne. Es simplemente alguien que sus necesidades o sus déficits de autorrealización personal le llevan a una búsqueda más allá de lo inmediato y a situarse en una inercia para el contacto potencial con otras experiencias y sensibilidades de acogida. En realidad ésta búsqueda no tiene porqué concluir en otra u otras relaciones sexuales completas, puede quedarse en la insinuación, en el contacto comunicativo o en el amparo afectuoso. Sin embargo basta que la pareja sea vista paseando con otra persona o intercambiando sonrisas en una conversación o mostrando un cierto júbilo y aproximación corporal para inferir –o inventar- el resto. Lo que puede ser una omisión o una no confidencialidad suficiente de lo hecho por temor a la reacción de la pareja se puede acabar convirtiendo en una sensación creciente de esta de haber sido engañada y, lo que es peor, de haber sido desplazada. Lo cual no se corresponde con la realidad. La figura transgresora, sea él o sea ella, al buscar en una segunda relación lo que no tiene en la primera no significa que vaya a deconstruir ésta, a no ser de que por el peso del superyo y de la cultura reproducida del compañero/a exija el divorcio y la separación desde un ultimátum implacable incluso a costa de arruinar el proyecto que se lleva a medias y de enviar a los hijos, si los hay, a un futuro inmediato de perplejidad y confusión y, desde luego, de carencias.

The Preferential Love

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:19

1. El amor como presupuesto. Uno de los mayores sentidos existenciales es el de vivir las cosas y todos los contenidos de vida desde una posición amorosa. Vivir con amor es la vida. Vivir sin él es la falta.
Para amarrar la felicidad y garantizar un futuro emocional estable se parte de una necesidad incuestionada:la del amor. Sin amor, todo lo demás pasa a un segundo término. Sin alguien que te quiera y a quien quieras, parece que todos los otros campos de proyección decrecen en interés. Nacemos para amar y ser amados. Y quedamos abocados a una cultura de querencias donde la lucha por la felicidad y el bienestar dependen del hecho constatado de ser queridos. Tanto es así, que quien vive la vida desde la exclusión sentimental, sigue un proceso de desgarros y fisuras de personalidad que lo debilitan y enloquecen. El amor a grosso modo es la gran palabra con categoría de idea sagrada que nadie cuestiona. Todo el mundo se rinde a su búsqueda y desarrolla una oratoria particular sobre ella. Sin amor no es posible una vida sana y sólo contando con él se establece una relación equilibrada con la existencia y con el mundo. Las personas que son amadas tienen un mejor semblante, son mas alegres y divertidas, son más sanas físicamente, son mas desneurotizadas. Las personas que gozamos del amor recibido somos las que también podemos reproducir una energía amorosa hacia otros. Y contrariamente, quiénes viven desde la indiferencia, el resentimiento y la fractura sentimental de no querer tener ninguna relación amorosa con nadie,son las que tienen todos los números para que les toque la lotería neurótica como mínimo, predeterminados hacia una existencia aislada y desastrada. Se podría decir que el sentido de venir a vivir y mezclarnos los unos con los otros, es el de poner a prueba nuestra capacidad de amor.

2. Del amor familiar al amor de pareja. Educados en el discurso de la solidaridad y la filantropía seguimos y defendemos -con demagogia o convicción- la idea de amar a nuestros congéneres y de ayudar a quienes más ayuda necesitan.Aunque esa es una dimensión gigantesca que deja los sentimientos en el campo de la generalidad. Por encima del amor diluido en la fraternidad universal que se proclama, los seres necesitamos crecer y realizarnos en el ámbito de la particularidad y en la concreción sentimental en la que el principio de correspondencia pueda ser establecido. El marco familiar es ese primer ámbito de acogida,singularización y correspondencia. Después le sucederán otros: el de las amistades y el de las relaciones de intimidad y pasión. según cual haya sido el desarrollo en el seno familiar facilitará -o no- que la adaptación a los otros ámbitos será mejor o peor. En cualquier caso, los ámbitos de Amistades y Amores, con la conexión de experiencias pre y peri-amorosas, son necesarios a partir de los límites del marco familiar.Por mucho amor que se haya prodigado en éste, el sujeto saliente necesitará conocer el mundo y a los demás siguiendo el dictado de sus propios pasos personales. Después de algunos escarceos en los ámbitos relacionales extrafamiliares, la elección del objeto amoroso de continuidad y su compromiso de futuro con él, caracterizará la reconfiguracion personal del sujeto emancipado que pasa de un campo de seguridad, el de la familia, a otro campo que cumple una función segurizante:la de la pareja1 .
Ese ha sido el proceso normal y estandarizado:dejar la familia en la que se nace para fundar otra. Ha sido la ley de vida.La Tradición determinante. Su cuestionamiento ha marginado a sus cuestionadores. Y las lineas alternativas para organizar la sentimentalidad y la convivencia en marcos extrafamiliares no han dado resultados esperanzadores. Hasta ahora la familia como institución ha sobrevivido a épocas y modelos sociales. Parece que nadie pone en duda, que todas las personas están predeterminadas a un diseño de futuro en el que ser esposa o esposo en torno a un pacto de exclusividad mutua2 .Ese hecho tan magnificado y consensuado se explica por la necesidad que tiene cada sujeto de un otro singular, es decir, de alguien especial sacado del anonimato que se convierta en el depositario de sus anhelos.
Y ese hecho conecta con la grabación prematura -que queda marcada en la psique humana desde sus estadios infantiles- de la elección del objeto de amor. Niños y niñas hacen sus primeros sondeos en sus colegios o esplais y hablan de sus novios o novias. Su contexto familiar de talante abierto y progresista estima y propicia esa elección encubierta en un decorado de juegos.Valora por lo tanto, esa singularización. así mismo el contexto cultural y las imágenes televisivas promueven el concepto predominante del amor singular.De hecho se va creciendo con la idea de que un dia u otra uno deberá juntarse con otra persona y formar su propia familia, de la misma manera que hicieron sus padres, gracias a lo cual se pudo nacer.Esa grabación es un ínput importante que incide poderosamente en la evolución mental y en la adquisición de creencias. Por lo tanto el sujeto humano se sabe o intuye estar sujeto a esa perspectiva, y una porción considerable de sus conversaciones de adulto giraran en torno a su/s historia/s de amor y sobre la/s persona/s con la/s que decide compartir su destino.

3. Del amor general al amor particular. Otro dato que marca el proceso educativo de cada ser, es el del significado múltiple que se recibe de la noción de Amor. Si bien el amor en su sentido más amplio significa el volcado de energía hacia los demás por su bienestar, protección y paz, en la practica se le traduce por su sentido más restringido: la energía personalizada dedicada a alguien escogido que pasa ser tomado como una persona preferente. Es así que cuando hablamos de amor nos estamos refiriendo al amor hacia un ser amado en singular, dejando fuera del término las otras variantes amorosas: la materno-filial, la fraternal, el cariño amistoso y oras referencias en las que hay una empatía y un interés afectivo por los otros, por razones de afinidad, coincidencia o parentesco. al hablar de amor se sobreentiende que hablamos de un amor específico y más concretamente de pareja. Incluso se sobreentiende que se trata de un amor heterosexual.El término pues queda saboteado en su sentido originario para conferirle un valor ideológico determinado por la cultura reinante. La verdad es que el amor en su sentido más general incluye todas las variantes posibles de la afectividad, y desde luego, no deja fuera el amor lésbico, homosexual, puntual o plural.
Pero en tanto que víctimas del lenguaje aceptemos para ahora que al hablar de amor nos estamos refiriendo a ese amor volcado a-y recibido de- del objeto amoroso escogido3 . Esa persona especial que pasa de un flirt a un feeling inicial para ser luego una compañía permanentizable. La persona escogida como amante, como compañera y como figura de futuro,encarna la función binomial. es el otro con el que hacer una alianza existencial frente a la existencia social o frente al resto del mundo. Esa persona escogida acaba siendo la figura compañera convivencial indistintamente de su estatuto legal4 .
Con el otro al que quieres, haces un binomio fusional para enfrentar la vida juntos. Esa alianza se basa inicialmente en el mutuo querer y funciona en un plano de unidad económica por lo que hace a compartir recursos y en otro de parapeto autodefensivo frente a las injerencias e inclemencias del mundo externo. Cada miembro de la pareja se recoge en la otra a la vez que la protege de los riesgos existenciales. Tal vez eso pueda llevar incluso a una cierta bunquerizacion cuando el amor de pareja se protege de los otros no facilitando informaciones privadas ni siquiera a sus áreas más allegada5 .

4. La sociología del amor y las correlaciones domésticas. La sociología del amor evidencia las tramas de las relaciones que se inauguran cuando dos que se quieren se ponen a convivir juntos. También revela las correlaciones de poder que se dan entre ambos y en relación al contexto sentimental que les envuelve. De hecho, la historia de una pareja es la historia de una correlación de posiciones entre sus dos miembros,donde convergen dos clases de campos de vínculos: el del territorio material (casa y objetos)y el del territorio simbólico (el amor com capital psíquico e intangible). El amor no tiene una medición infalible. No se le puede pesar ni oler. No puede traducirse a números.Es por lo tanto un parámetro de referencia simbólica, y sin embargo una referencia continuada en la vida de pareja. Cada uno de los dos quiere saber del otro si su amor sigue fresco y vivo o está menguando.Cada uno de los dos alimenta la ilusión de ser el único para el otro. Cada uno de los dos desea seguir ocupando el lugar preferente en la biografía del otro. Cada uno de los dos lucha por hacer eternas la pasión y las sensaciones inigualables del principio de la relación. Ese otro escogido resume las aspiraciones y valores pretendidos.Es a la vez fortín frente a las intemperancias ajenas y compendio de ideales. Es la pareja escogida por afinidad y por un sentimiento desvocado, o en el peor de los casos, por qué se trata de un buen partido. En todo caso desde las aspiraciones ideales de la adolescencia y de la juventud la persona a la que se elige para compartir el resto de los días y el resto de las noches,es una persona induplicable, la mejor del mundo, aquella con la que se va a poder contar para todo.

5. Los riesgos de la elección amoroso-convivencial. Ciertamente el amor es ciego y lo es de un modo crucial en esa primera época de negocios sentimentales en los que la falta de experiencia o de madurez predetermina hacer elecciones equivocadas. La persona de amor que era tan dulce, tan tierna, tan fuerte, tan guapa, tan glamorosa, tan ideal de los primeros momentos se va convirtiendo con el paso de los años en un ser crispado, taciturno, desagradable, ensimismado, ausente, infiel e incompatible. ¡Pero no adelantemos acontecimientos! La historia de amor es un proyecto y una realidad mientras las dos partes que lo coprotagonizan se entregan mutuamente y se priorizan.Esta es la clave:la prioridad sentimental. Para eso han decidido ponerse a vivir juntos: para concederse un máximo de atención. O para eso son el principal contacto de sus agendas.
En la decisión a la hora de elegir a alguien se hace una operación estratégica.La figura soltera busca a alguien del amplio y ancho mundo para acabar con su aislamiento. De no conseguir ese cómplice contra la soledad personal corre el riesgo de seguir sumido en ella6 . De hecho, hay una cierta prisa en encontrar a alguien con adentrarse por los caminos del amor y del sexo. No hay otra elección.Esperar a los 20 para esa búsqueda cuando es practicable desde los 15, y aún antes, es una pérdida de tiempo. Cuanto antes se entrega a esa perspectiva, antes interaccionará con su proyecto, con la vida en general y ampliará su umbral de experiencia. al igual que con otros campos de actividad del ser humano, cuanto antes sepa lo que quiere hacer con su vida, antes la dotará de realizaciones y contenidos. Claro que esas elecciones de camino así como la toma de partido por alguien como compañía existencial no siempre son acertadas ni tienen una garantía definitiva de futuro. Matemáticamente, la fraseología que acompaña la historia de amor7 es falseable.Se hace la alianza y se crea un binomio pretendidamente estable con quien más se conoce y más compromiso se adquiere, no con quien objetivamente sería mas deseable8 o apropiado. El caso es que muchas elecciones de amor empiezan a hacer fallida antes de los dos primeros años de la relación convivencial que ponen en evidencia los intereses distintos.

6. El conflicto convivencial. El conflicto entre las partes puede estar servido prematuramente pero se multiplica la continuidad de la relación por 10 o más, por razones extras generadas, como la presencia de hijos o los intereses materiales compartidos9 .En el análisis causal de las fracturas de parejas, las determinantes de la ruptura se pueden remontar a esos primeros años de la convivencia o incluso aún antes de iniciarla.Se diría que toda una historia convivencial se hubiera asentado sobre un mal guión del que ya se tenía una crónica anunciada desde el principio. Evidentemente haber mantenido una convivencia por larga que haya sido sobre la base del litigio y de la falta de empatía habrá producido una pérdida creciente de calidad de vida y un deterioro de la sensibilidad. En ese proceso, a veces tormentoso y cruel, la esperanza es lo último que se ha amarrado, y la perspectiva de la pérdida del otro habrá operado como un horizonte del todo negativo.Parecería que antes de volver a la soledad se ha defendido a ultranza cualquier compañía,aunque sea la más incorrecta. Obviamente ese cierre de refuerzo en un proyecto estéril no es sostenible por mucho tiempo y finalmente uno de los dos, generalmente las mujeres, emprende el arduo camino de la separación. Esta y su parafernalias, desde los primeros contactos con abogados y asesores hasta juicios,sí los hay, que dictaminen los repartos de bienes y de patria potestad para con los hijos; inauguran una perspectiva distinta de la relación vivida, en la que no es difícil encontrar a la peor persona del planeta en aquella que se había convivido tan intensamente. Y ciertamente el/la ex puede incorporar comportamientos absolutamente increíbles y propios de un enemigo visceral.

7. El amor en pasado. Haber pasado por ésta experiencia daña a los dos sujetos que han pasado por una guerra particular convirtiendo la alcoba del placer en la habitación de las grandes peleas y no con combates de cojines precisamente. Quien, de los dos, tenga más claro la necesidad de renovación antes tomará la iniciativa de irse a vivir a otra parte, o echar a su convivente; opciones éstas más válidas que las de alimentar el estertor de un proceso condenado a acabar. Cuando ese queda establecido el/la ex seguirá ocupando la figura más importante de lo que ha sucedido en toda la biografía de quien la relata y por algún tiempo incluso podrá alimentar la idea de su rescate y su reconciliación. En todo caso, la renuncia al pasado compartido con ella no será fácil de asumir. Y por un tiempo actuará como un pasado lastroso que impedirá la renovación y el enfrentamiento a un futuro al que llenar con nuevas figuras de interacción emocional. De hecho, en las conversaciones de intimidad hablar del/de la ex o de los/las diferentes ex, o personas queridas puede ser una constante que permite predecir el comportamiento del o de la confidente. Nuevos amantes y nuevos amigos dan pistas sobre sí mismos contando cómo procedieron en sus relaciones con la gente que quiso de sus pasados y especialmente a que ética se ajustaron cuando rompieron o fueron abandonados por ella. tras una historia amoroso-convivencial terminada, el análisis concreto de esa situación concreta no agrede la construcción teórica y cultural que ya se tenía de la necesidad de un amor singular, de ese amor para el que había un espacio psíquico desde la infancia. Por eso, la pérdida amorosa de alguien no impugna el amor en singular sino al sujeto mal elegido en concreto. Es así que después de un tiempo de duelo, más o menos largo según cada caso, se tiende a buscar la figura sustituta, es decir otro amor preferente, otra persona que esté por encima de todas las demás, otro aliado con el que seguir viviendo y reconstruyendo los pedazos rotos de las secuelas de la amargura anterior. Claro que la tendencia de esa búsqueda a la sustitución no siempre está concienciada e incluso es negada por quien la hace10 . Son los hombres separados los que adoptan comportamientos más productivos en el sentido de encontrar otras personas de relevo. Los hombres tienen fama de incompetentes por lo que hace a la vida en soledad, mientras que las mujeres mantienen durante un umbral de tiempo mayor el resentimiento por la anterior experiencia, lo quelas bloquea para retomar la iniciativa de búsqueda emocional. Los unos destacan por su oportunismo en el encuentro de la alternativa amorosa y las otras hacen elogios del purismo de su fidelidad a una idea. Aunque todos acaban abocados a una nueva asociación doméstica e intimista con alguien, si su fase biográfica se lo permite. ciertamente a partir de una cierta edad el deseo por el otro mengua, y la perspectiva de compartir el espacio privado propio genera mucha ansiedad, optando por la vida solitaria11 en lugar de una recreación del hogar, como espacio compartido.
El amor en singular es un concepto que nos acompaña mientras vivimos y tanto al principio de un proyecto de futuro desde la adolescencia como durante la realización de vida, el amor del otro es algo que se busca y a lo que no se renuncia ni se quiere renunciar. Cada persona tras sus experiencias acumuladas de interacciones emocionales, acaba decidiendo lo que puede esperar del mundo y de la psique humana y según cual sea su índice de frustración retomará su proceso de indagación sentimental o se mantendrá más al margen.

8. El desamor como fase de stand by. El desamor es el parámetro de esos períodos de latencia o de ralentí en los que el sujeto dañado por una experiencia convivencial destructiva, requiere de un tiempo de reposición y recarga de energía para una vuelta al ruedo de los descubrimientos del otro. El desamor no es permanentizable o si lo es para extremos nostálgicos y radicalidades emocionales no hace sino perpetuar un déficit y un retraso en la readaptación a las nuevas circunstancias. Tiene el valor de otorgar un periodo o de reflexión y de duelo frente a la perdida de alguien querido pero también tiene el poder de sabotear la recuperación ante el futuro. No hay nada más impresentable que una persona hablando de su desamor reciente frente a las nuevas personas que va conociendo.O no lo es, especialmente, cuando hay una reiteración de sus mismas evocaciones.En realidad el mensaje que proporciona es que nada ni nadie podrá sustituir su pasado y la principal figura del mismo. Y si bien esto es estrictamente cierto.(ninguna persona es idéntica a ninguna otra)no es menos cierto que el futuro es más intensamente vivible cuanto antes se deslastre una persona de los memorándumes que arrastra que le impiden vivir en paz y le ensucian su higiene mental. El otro en singular, esa persona especial y única que ha sido elegida, ese objeto de amor idealizado y amar incondicionalmente forma parte de las leyendas biográficas de la humanidad. Los seres humanos han hecho indecibles por amor. Han llevado sus conductas hasta el límite de sus fuerzas para proteger o salvar a sus seres queridos. Las historias de amor de dúos compenetrados han nutrido de sabiduría el viaje humano por el campo de los sentimientos. Y la sensación de plenitud se ha alcanzado junto a otro que experimenta el mismo universo personal. Ese amor personalizado es uno de los conceptos estructurales de las historias humanas. Por el se han conquistado objetivos y territorios, se ha luchado y se ha matado, se ha gozado y se ha podido morir. En sus apasionamientos extremos la fusión con el otro ha podido impedir la propia vida, convirtiendo a sujetos superenamorados en sujetos nulos cuando vuelven a su soledad o individualidad. Es el momento en el que la razón existencial de uno se pone en esa alianza con el otro. Es el momento en que una disposición sentimental engendra las condiciones para una neurosis amorosa.

9. Exceso de amor y neurosis de abandono. El exceso de querencia puede asustar al ser querido e imposibilitar la autonomía en el queriente. en todo caso, determinará una neurosis de abandono cuando el objeto de amor quiera poner una distancia moderada entre el/ella y quien le quiere en exceso. El amor, no está exento de la patología de la desmedida. Los venenos en principio no existen, pero las cantidades pueden matar, nos dijeron desde la antigüedad..El amor y los sentimientos de bondad y compenetración en principio son sanos y creativos,aunque su descontrol y exageración pueden covertirlos en sus contrarios. Es el caso de quienes convierten el amor preferente en un amor blindado que corta las alas del ser querido y lo frustra en sus perspectivas de vida. The preferential love es el que permite una depositación continuada de las confidencias de uno. Es el que hace, en casos de máxima compenetración, de tu otro yo, el que te adivina, quien te presiente, el que te conoce más que nadie, el que te quiere y te enamora, te comprende y te espera, te escucha y te busca. Ese otro especial, singularizado y priorizado, te acompaña en los momentos duros y blandos, en las dificultades y en las facilidades.Te apoya ante tus problemas y te aporta otro punto de vista con el que completar el tuyo. Con esa persona haces un tándem con la que reducir los esfuerzos del camino y acceder a la conquista de los objetivos comunes. Es una unidad de trabajo y una economía doméstica, un espacio de consolidaciones de los logros y una referencia de seguridad. Visto así, es la alternativa madura a ese otro campo originario de seguridad personal anterior, el de la familia, y por supuesto a las convivencias de transición 12 que haya podido vivirse. El amor preferencial, con o sin la concurrencia de varias tentativas y experiencias de intimidad, flirts y microamores, es el puente que va a permitir un proyecto de futuro estable y planificado13 . Esa unidad de perspectivas entre los dos enamorados y la absorción de los planes de los primeros años: pagar el apartamentos, mantener el trabajo y los salarios para poderlo hacer, tener hijos, los aisla de otras actividades y sobre todo de otros pensamientos. Es una fase en la que el deseo queda muy organizado y concentrado dentro de la propia pareja y/o familia en formación. La lucha por una existencia de calidad absorberá mucha energía y los espacios de ocio serán casi compartidos al cien por ciento con la pareja convivente. Eso revestirá un estatuto social y él no será invitado sin ella y ella no será invitado sin él.Los demás los veras como una pareja en la que el cada parte vendrá con su socio/a a las fiestas e invitaciones. Si no es así,m y cada uno tiene sus propias relaciones y amistades separadas de su época pre-conyugal, será visto con una cierta extrañeza. se pretenderá que los amigos de uno sean, por extensión, los amigos del otro. Y progresivamente ambos por sus nuevas interacciones en público como dos juntos, adquirirán otras relaciones y amistades con otras parejas. Será curioso asistir al espectáculo de esas relaciones entre parejas, en las que las conversaciones van de dos a dos y no saltan ya al uno a uno.. La comunicación grupal es cualitativamente disienta a la de uno-a-auno donde la intimidad puede ser más potenciada.

10. El curso convivencial. Después de unos años de unidad bipersonal, la pasión de los primeros momentos dará lugar a una moderación y a una velocidad existencia tranquilizada. Las urgencias económicas habrán sido resueltas y las necesidades perentorias habrán sido cubiertas. Los hijos serán mayores y habrá mas tiempo libre para hacer otras cosas pero también para pensar. el gran propósito de tener casa asegurada y pagada y la gran misión de haber educado unos hijos para que puedan valerse por si mismos en medio de la jungla social habrá tocado a su fin.Será en esa fase en que el deseo circunscrito a la unidad doméstica pedirá salir y proyectarse de otro momento.será el momento en que la voluptuosidad imaginaria de otros tiempos, que hubiera sido encarcelada, resurgirá nuevamente. Será también la fase en la que uno de los partners necesitará recuperar su libertad perdida, o la idea difusa que le queda de la libertad que piensa tuvo en su juventud y buscará salidas.Serás el momento en que viejas y arrastradas contradicciones convivenciales podrán ocupar un primer termino y ser recalcificadas como antagónicas.Será el momento en que se pensarás y repensarán las hipótesis de la separación.

11 .La separatibilidad como fantasma al acecho. El conflicto entre amor entregado y libertad individual. La separación es un concepto que puede trastornar toda la construcción existencial que se ha polarizado en torno al otro como una figura perpetua.su sola mención puede mover a tragedia. Especialmente cuando resulte imprevisto para una de las partes y haya sido acariciada en secreto como perspectiva para la otra.La convivencia, por golosa que sea, comporta muchos contenidos que la erosionan.Es posiblemente, de todas las aventuras humanas, una de las más complejas por cotidiana, asumible y practica que sea. La convivencia pone contra las cuerdas en un momento dado a cada una de las partes.Agota la paciencia, incrementa la crispación y confronta los criterios, cuando puede mas la tendencia inercial de cada individuo que las razones que puedan hablarse en el sosiego de las conversaciones de reconciliación. Vivir toda una vida adulta al lado de ese otro especial requiere la mayor de las sabidurías.No es suficiente con un querer ideal y con una presuposición de que la vida reunida seguirá un modelo intocable. Hay que ganar la situación día a dia, poner un plus de comprensión y hacer todos los aprendizajes de tolerancia a las conductas del otro. al mismo tiempo no dejar de ser uno mismo y no perder libertad personal. En todo el proceso convivencial los dos parámetros:el de la libertad individual y el del amor por el otro van a vivir horas de tensión y conflictos. El amor será traducido no pocas veces por tener que dejar uno de los dos sus apetencias y hacer concesiones al otro en aquello que no se quiere14 . Y la libertad personal podrá ser impugnada por traducirla como desconsideración a la pareja. El índice de madurez de una pareja pasa por la aceptación recíproca de sus libertades y por el prevalecimiento del amor como el principal motor de unión. siendo así, que tienen más futuro y calidad de vida las parejas que se permiten parte de sus espacios ociosos con marcos y relaciones distintos, que no las que pretenden que lo que guste a uno significa que ha de gustarle al otro, debiendo hacerlo todo juntos. Supuestamente cada partner sabe porqué quiere al otro y porqué está con él/ella. No obstante no está de mas autopreguntarse de tarde en tarde que queda de sus motivos originarios hubo para contraer una unión y qué otros nuevos se han añadido en el transcurso de la convivencia para continuarla15 .

12. La permanentización o no de lo preferido. Pero el amor preferencial no es equivalente al amor eterno. La hipótesis de su provisionalidad planea como un fantasma y hace notar doblemente su presencia cuando las noticias de las separaciones entre los círculos de conocidos son un tema constante y cuando uno de los dos convivientes, o los dos, han tenido sus propias historias de amor pasadas extendidas a convivencias que empezaron con un máximo de energía y terminaron tras un tiempo más o menos considerable en una disociación rotunda e irreversible. Siendo que la historia de una persona queda marca por sus historias de amor vividas. En cada época sentimental compartida y con una persona preferenciada se ha vivido la ilusión de su perdurabilidad hasta que ha tocado admitir la concurrencia de variables no previstas y no soportables. Entonces ha sobrevenido la ruptura e incluso la decisión de no volver a pasar por lo mismo configura, dándose comportamientos tan distintos como el de doblegarse a las ordenes del próximo partner sean las que sean, a no desear saber ya nada mas con ninguna otra persona para convivir. Lo cierto es que tras una ruptura sentimental cada parte gana en experiencia y en saber emocional y queda más entrenada para acometer otro viaje convivencial con mayor fortuna Eso no significará que puedan ser previstas todas las variables encerradas en la nueva convivencia. La tendencia será la de una búsqueda de un amor total con otra persona alternativa a la que se preferenciará. Se diría que todo el deser (malestar y decadencia sentimental)de un individuo sólo podrá ser compensado con la alternativa a su vacio existencial por otra persona ideal que le de nuevos alicientes y contenidos. claro está el ideal no existe y la pareja modelo es una quimera. A lo sumo se pueden hacer indagaciones para dar con una persona apropiada que sea compañera noble y tierna. El ideal con una carta de incondicionalidad no podrá ser pedido.E#l destino jamás lo concede. La persona encontrada vendrá con su curriculum, sus ideas, sus diferencias, sus manías y sus exigencias.Las dos pueden rejuntar sus caminos sobre la base de la comprensión pero también de la negociación sobre lo que esperan de la relación en si y de su marco convivencial16 . si fallan las perspectivas o si el aterrizaje a la realidad está promovido por un cierto desengaño del otro, pronto resurgirá ese fantasma de la separación. La gente se separa de aquello que le disgusta o le ocasiona malestar.Es una consecuencia lógica del existir y forma parte de la ley de la supervivencia.Por otro lado pensar sobre la separatibilidad es algo perfectamente normal que forma parte del repertorio de consideraciones objetivas posibles dentro de una pareja.Otra cuestión es reconocer que ha habido momentos impregnados de esa reflexión o amenazar con ella como hipótesis a modo de factor de presión17 .
Todas las vicisitudes por las que pasa una historia de un dueto amoroso -en el que cada uno ve en el otro su aliado más importante y lo declara su amor preferencial- organiza los escenarios de un conocimiento recíproco mayor y un bienestar común compartido.También pone los iconos delimitantes del territorio que comparten y el amordazamiento de otras pasiones18 cuando esa preferencialidad se convierte en una exclusividad del universo sentimental. ese objetivo permite que en el saldo de cada una de las partes haya un afirmación de la condición de ser querido, algo que es un incrementador del caudal psíquico y de la pisada fuerte en todas las cosas que se emprenden en la vida.sin duda alguna las personas queridas y que se saben queridas en concreto por sus partners que las singularizan dan un mejor pronóstico de estabilidad emocional que las que navegan entre variaciones inconcretas de amores difusos. Por otra parte el amor concreto, en singular y preferido enfrenta al compromiso y al desenlace de la relación hasta sus últimas consecuencias, mientras que la navegación por múltiples relaciones que se mantienen en los primeros contactos de intimidad, nunca garantizan el avance hacia un futuro comprometido en los planos sentimental y reorganizativo de la vida. El amor preferencial declara la creación, el éxtasis y el trabajo por el futuro, frente al amor plural que declara la fiesta de las sensaciones ,la navegación y el placer tal vez discontinuo o no asegurado. el uno no quita el otro, pero en todo caso la pluralidad pide respuestas concretas, la vuela pues a la singularidad19 .

La pasión pactada

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:10

La aventura amorosa. Pasión pactada a la carta. Historias de 7 días.
Si dios pudo construir el mundo en 6 días, dos humanos bien pueden construir su historia de amor en una semana. Ese argumento no convence a nadie pero el contraste entre la gran escala de lo uno y la pequeña escala de lo otro bien podria llamarnos la atención. Las historias sentimentales se inician sin una agenda. Será luego, que al recordarlas, se las pone dentro de un calendario. El amor a término no suele ser pactado a priori por nadie a pesar de la sugerencia cervantina. Probablemente si las personas iniciaran sus procesos sentimentales compartidos estableciendo un final a priori el alma humana se evitaría muchas tragedias. Lo más que la madurez pacta es la continuidad mientras haya adhesión por ambas partes para hacerlo. Otro asunto son los flirts de fin de semana o los placeres sensoriales puntuales de una noche para los cuales ningún protagonista cuenta con un después.
El amor es una de esas palabras mayores que viene con la tesis de intencionalidad para una larga duración. Cuesta tanto elegir o encontrar a una persona como objeto de deseo y de ternura, que una vez que se tiene no es cuestión de dejarla escapar. Tras una larga vida colmada por muchas, si no todas, las experiencias deseadas a la hora de hacer un inventario de amores sus referencias tampoco son tantas ¿Cuantas personas elegibles para amores tiene uno durante toda su vida: una, dos, tres, diez, una docena? Eso son números menores para, sin duda, la experiencia eléctrica y energética más intensa de cada biografía. Los amores no son tantos y ni siquiera los que lo han sido son claramente definibles como tales.
Cuando le preguntas a tu partner cuantas historias de amor ha tenido antes que la tuya es posible que te de cifras distintas o que te vaya añadiendo nombres a su lista según la/lo vas conociendo. Es un tema que no tiene porque ser preguntado. Si surge bien, si no cada cual tiene derecho a silenciar su pasado como mejor le parezca. Se diría que hay partes del pasado que es mejor no tocar. Es como si relecturas posteriores las pudieran dañar o descolocar del lugar donde las tenemos puestas. Por otro lado, muchos silencios sobre lo sucedido son solo la consecuencia de una amnesia selectiva o una desmemorización notoria. Cuando te aproximas a alguien para saborear el amor con ese alguien, no es cuestión de gafarlo diciéndole que te tienes que ir al cabo de una semana para otra historia con otra persona que te está esperando al otro lado de la ciudad o del país. A los humanos les/nos encanta pertenecer a la categoría de la exclusividad o balancearse/nos en su/nuestra presunción aunque sepan/mos que es mentira. Dime que me amas aunque no sea verdad.
El/la protagonista del amor plural necesita(ría) su álbum en el que fotografías de cara y de cuerpo a todos sus partners con unos datos de ficha esenciales para poderlo ubicar en su memoria. Las profesionales del sexo que han tenido a miles de personas visitando sus genitales pueden dar referencia de unos prototipos y grupos dentro de una estimación numérica pero difícilmente dar señas de todos ellos. El personaje varón de Feminália. La casa de las mujeres empieza empapelando las paredes de su cuarto con las fotos de las mujeres de sus intimidades para terminar haciendo un inmenso book con varios volúmenes, de los miles de ellas. Pero eso ¿qué significa exactamente?, significa la hazaña del guerrero semental que fue solicitado por tantas mujeres hermosas para auto confirmarse/lo en su rol, el de tanta potencia, algo de lo que suelen hacer gala los machos que no tienen otras luces para otras actividades. No es el caso de ese personaje dentro de una novela de ficción, a cuya creación le debo tantos momentos de placer, la libido del cual lo eleva al éxtasis del placer revirtiéndolo en su creatividad para otros asuntos intelectuales y organizativos.
En la práctica, los hombres y mujeres reales, con sus/nuestros límites físicos y sensoriales vemos como nuestra erogenia pasa por distintas vicisitudes y nuestras psicologías necesitan tiempo para asimilar todas las experiencias con las que nos vamos cruzando. Dicho de otra manera: aún en unas condiciones totales de permisividad sexual absoluta, sin restricciones de ninguna clase ni por la cultura ni por nuestros partners, nuestros cuerpos y mentes necesitarían de tiempos de reposición y de períodos de latencia antes de reiniciar un nuevo proceso sentimental. Es así que enamorarse cada lunes para terminar la historia cada domingo es psicológicamente imposible si es amor lo que está en transacción y no un juego sensorial. Antes bien el sujeto multienamoradizo nos dará la impresión de ser alguien inmaduro que no sabe lo que quiere ni a quien quiere. Hay algo que psicológicamente no tenemos resuelto: no aceptar de nuestras parejas o cónyuges que practiquen una misma clase de actos con otras personas. Eso nos descoloca. Lleva a que pensemos que no tenemos el lugar de la importancia que nos habían asignado y que la elección que recibíamos, sin duda privilegiada, ha sido efímera. El gran tema de discusión para la consistencia amorosa es el de su exclusividad. De hecho amor y amor en exclusiva se toman como lo mismo. ¿Qué decir de historias de amor que si bien se inician con todo el reclamo y pasión para desarrollarlas intensivamente es fácil calcular a priori para ellas que no van a poder sostenerse en el tiempo? Se dice que hay amores imposibles. Las diferencias de edad y de orígenes sociales siempre han estado dentro de los argumentos favoritos de los opositores a que algunas historias se desarrollaran haciendo todo lo posible para abortarlas. Los padres siguen prohibiendo a sus hijas determinados pretendientes que las rondan. Hay otras muchas razones que las dificultan: relaciones previamente constituidas, distancias geográficas considerables, accidentes e imposibilidades físicas e impedimentos de libertad para el contacto. Todos los factores objetivos limitantes que se puedan enumerar nunca son tan problemáticos como los factores subjetivos de los mismos protagonistas al no exhibir la seguridad suficiente para la relación. No hay posibilidad de evolución amorosa con el escepticismo permanente del partner que proporciona más tiempo y energia a sus dudas que a la misma relación.
En una historia de amor con cita previa para la que hay el concurso de las condiciones iniciales de partida: deseo, erotización, voluntad para una nueva experiencia, apertura, liberalidad, tiempo, medios…no tiene porque haber, ni es lo más recomendable precalcularlo, todas las condiciones para su continuidad posterior. En un encuentro amoroso de ese tipo quizás el móvil mayor sea salir de un desatascamiento sentimental para despues juzgar las posibilidades de algo más crucial. Una compañera de militancias de muy buen ver decía que debería hacer algo para sacar de sus paradas sexuales a los camaradas masculinos para que rindieran mejor en la lucha política. No sé si llevo a la práctica su deseo, algo avanzaría, pero eso me recordó una forma particular de la tesis de la ayuda mutua de Pedro Kropotkin, a quien leí en un tiempo en el que su influencia teórica no fue tan poderosa como la marxista.
Iniciar una historia sexosentimental de la que se puede decir cuando empieza pero no cuando acaba, aunque una semana despues o tras 14 o 21 orgasmos, se vea interrumpida por la restitución de cada uno a su ciudad y a sus asuntos pendientes, no se puede medir su valor hasta este después desde una atalaya retrospectiva. Eso no es tan grave, antes bien es honesto. Hay otras citas planteadas como aventuras amorosas que ni siquiera llegan al tercer día o pasan del primer rato de cama. Eso dentro de un contexto de comunicaciones de sondeos en las que muchos conatos verbales, la mayoría sin lugar a dudas, no pasan de unas pocas frases que no consumen más de unos minutos.
Una cita para iniciar el amor es completamente distinta a una cita para volver a recordar lo que es un coito. La entrega al otro pasa por el atractivo de sus atributos, por la predisposición a la seducción y desde luego por la intensidad libidinosa. Sin embargo será cada situación concreta la que decidirá la envergadura de esta performance. El deseo se puede venir completamente abajo ante la falta de estimulación por la persona concreta que tienes enfrente. Hay muchas mujeres que todavía piensan que basta poner su desnudo para que todo lo demás venga dado. La sexualidad es el arte de la excitación y la sexología que lo estudia reconoce los valores añadidos a la desnudez anatómica que suelen pasar por la iniciativa, el desenfado y la transgresión.
Una historia de 7 días puede tener su principio, desarrollo y hasta su agotamiento y final. Un amante debería conocerse mucho a si mismo y a las parejas con las que se va encontrado para sacar de sí todo lo que pudiera contener una historia, por tanto el otro, en tan poco tiempo. En realidad fracasaría y no lo conseguiría. Podria tener varias relaciones durante un año pero seria totalmente imposible tener tantas historias de amor como encuentros en la intimidad hubiera practicado. De la misma manera que la puta profesional llega a olvidar, u olvida con suma facilidad, a los tipos que le pasan por encima no teniendo mas valor ser parte de su trabajo mecánico, el amante promiscuo se perdería lo mejor del otro aunque pudiera contabilizar cientos o miles de amantes con miles de orgasmos prodigiosos, su experiencia de persona. Por eso una historia de 7 días corre el riesgo de llegar al séptimo teniendo mas fuerza que el primero para seguir ante la expectativa de un amor que no pare de hacerse grande. Es así que incluso dos amantes que pacten estar y solo estar 168 horas juntos los dos corren el riesgo de que se vean en la tesitura de desear ver multiplicado este tiempo.
Como idea de la ficción no está mal, los humanos vivirían el amor desde el parámetro de la libertad pero también del respeto a su terminación y renovación continuas. Como posibilidad practica puede suceder en algunas ocasiones con algunas relaciones ajustada a un criterio difícil de sistematizar.

Recreación sentimental

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:08

El lenguaje amoroso y re-creación sentimental.
Para enamorarse hacen falta dos. Uno que enamora y otro que se deja, o uno que lo propone y el otro que coincide; o bien, uno que expresa su falta de amor y el otro también planteándose remediar entre los dos ese déficit. No hay un amor igual a otro aunque todos tienen algo de parecido. Enamorarse es un proceso complejo que pasa, ¿cómo no? por enamorar. Hablar desde la ternura y la sinceridad, mostrando lo que uno es y por lo que está pasando ya forma parte del lenguaje amoroso. A veces, sucede que un sujeto resentido con su ultima historia amorosa se la cuenta a ese otro, que es nuevo en su vida, como algo que forma parte ya del pasado mostrándose tal vez como ex resentido, depositándosela dentro del parámetro de la amistad o de la consulta analítica sin advertir que con su confidencialidad puede enamorar. El amor es un complejo proceso de cariño lleno de pequeñas y sutiles unidades de información, de pequeñas e inequívocas entregas, de detalles del deseo y de reconfiguración de antiguas escenas que se vivieron con otros pero que ya quedaron atrás. Hay algo de común en todos los procesos amorosos pero no hay una historia de amor igual a otra. Se dice que en comparación al primer amor no hay ninguno pero la verdad es que cada nueva historia de amor al tener incorporada la experiencia de los anteriores puede ser mucho mejor que todas éstas. Todo depende de la energia que se ponga, de la ilusión que genere la otra persona. Desde el primer momento de la expresión del placer mutuo por su encuentro dos amantes potenciales ponen en consonancia su lenguaje y sus células: el uno vibra por el otro y entre ambos hay un fluido especial sea cual sea la distancia. No hay energia mayor que la amorosa para vencer distancias y dificultades del tipo que sean.
El lenguaje amoroso se confunde con el lenguaje seductivo. Incluye, por supuesto, la seducción pero no se limita a eso. Mientras que el lenguaje seductivo no deja de ser una estrategia del cortejo para la posesión corporal del otro al que se desea para un placer o la procreación, el lenguaje amoroso va más allá de la conquista del cuerpo e incluso, eventualmente, puede prescindir de tal conquista. El lenguaje amoroso es la forma verbal explícita para manifestar el amor por alguien. Se llena de palabras pero sobre todo de conceptos que van definiendo lo más exactamente posible el valor del sujeto amado en la vida del amante. El lenguaje amoroso es el que rescata a una persona que es amada del anonimato o de un mundo informe. Es un lenguaje personalizado y fundamentalmente induplicable aunque se pueda caer en palabras repetidas diciendo cariñito o cuquita a distintas personas. Por encima de algunos gestos similares cada relación es privada e inimitable. La ventaja de cada historia de amor es que no suplanta a ninguna otra. Las que hubo tuvieron su tiempo y su valor, las que van a venir pueden tener el suyo sin necesidad de maldecir o negar el valor de las anteriores. El plural ha sido la constante de la historia aunque para algunas personas, más victimas que adherentes de sus culturas, toda su experiencia amorosa no ha pasado de la intimidad compartida con una sola persona a lo largo de subida y terminada ésta, por ruptura o por defunción, ya no intentaron ninguna otra.
La experiencia del amor es algo que se proporcionan/nos proporcionamos unos amantes a otros. Sin ella la vida es deficitaria. La comunicación superficial para gestiones o para cuestiones mecánicas de la supervivencia no atraviesa las paredes de los corazones. La amorosidad hace de la vida algo realmente estupendo, con todas sus vicisitudes, vaivenes e, incluso, intrigas. Amar genera un conjunto de conductas especificas de nuevo cuño dentro de un comportamiento inherente del/de la enamorado/a. Estar enamorado es estar dentro de una expectancia, incluso cuando verbalmente no se haya formalizado ningún compromiso de futuro o del tipo de relación a gestionar. El amor introduce variables que dislocan la agenda. Para amar hay que tener tiempo. El estado de amor también te sigue en tus horas de trabajo aunque sean espacios diarios en los que la otra persona no esté. Amar genera una química y una disposición de ser y de agradar no experimentada en los periodos de desamor (definido aquí como la transición entre un estado de amor y otro estado de amor con personas distintas o puede ser también que con la misma persona independientemente de su performance de tragedia que no tiene porque ser tal). Es uno de los sentidos existenciales, Vivir con el recuerdo del amor pasado o frustrado tras una tentativa intensa es aceptar una vida deficitaria por no decir mediocre. Por supuesto que se puede vivir sin alguien que te englobe con el lenguaje amoroso especial y sin practicarlo. Hay formas de sublimar esa necesidad. Una de las mas conocidas es la de reconstruir el amor particular, personal y corporal en un amor universal, etéreo y solidario. El amor de primer tipo genera energías no exentas de conflictos en tanto se unen dos personas que se atraen poderosamente pero que pueden ser muy distintas, tanto en sus ritmos de vida como en sus preferencias como por lo que hace a sus otras relaciones personales, el amor de segundo tipo aunque es mas extensivo a mas personas curiosamente genera menos variables por que no se espera tanto una correspondencia en el plano de igualdad del tú a tú. Se trata de energías sentimentales distintas. En el lenguaje amoroso a un tu concreto, a un objeto de deseo y pasión nominal y determinado, la recreación sentimental trae una rémora de otros sentimientos pasados y extintos por personas que ya se fueron y que desaparecieron por completo de tu vida. Tras el paso de los años esos protagonistas del ayer que ocuparon el eje cotidiano durante años quedan en una nebulosa sentimental. Si tras la ruptura amorosa no quedó alguna clase de contacto es posible que la noticia de su defunción no obtenga ni siquiera una lágrima de tu sentimentalidad. No hace mucho experimenté una sensación un tanto extraña desconocida antes por mí. Algo hizo que me preguntara qué sentiría si me llegara la noticia del deceso de una mujer a la que quise más que a mi vida y que fue la primera mujer de la que realmente me enamoré y con la que llegué a mi madurez sexual. Para mi sorpresa tuve que reconocer que nada, que no sentiría nada. En algunos periodos biográficos la gente no para de acudir a sepelios como uno de los actos sociales más abundantes de su agenda sin que eso signifique que tenía una especial vinculación sentimental con la persona fallecida. La pregunta posterior que tocaba en el orden de una auto investigación sentimental sería, lógicamente, que sentiría con respecto a la misma noticia de otras personas amantes o de alta vinculación personal. A esta pregunta no llegué por temer que pudiera responder lo mismo. La muerte de alguien así como la propia no es, de hecho, ninguna noticia excepcional. Es más bien la noticia que todos llevamos dentro y solo es cuestión de saber la fecha en que publicarla. Los valores occidentales no están para perder el tiempo con la perspectiva del morir. Cuando alguien fallece lo único que sucede es que zanja definitivamente toda oportunidad de contacto o de palabra con los demás, pero desde muchos años antes esta imposibilidad ya existía. No es la finitud del cuerpo lo que pone el cierre a la comunicación sino la finitud de la voluntad la que la impide entre los vivos.
En el lenguaje amoroso el amante/cada amante debe saber y asumir sus responsabilidades hasta donde llevarlo y hasta donde entender el del otro. Hay personas que tienen la costumbre de terminar sus cartas diciendo: te amo, sin sentir realmente ningún amor personalizado. Hay una forma curiosa de utilizar el verbo amar dándole la equivalencia de gustar. No se puede amar a una determinada pintura, un plato típico o una conferencia o un libro. Pueden gustar o experimentar placer sensorial los uno o intelectual lo otro en su contacto. El sentimiento de amor se genera con seres vivos. Claro que eso es discutible y no dudo que pueda ser coherente el poema que declare un amor por los objetos decorativos o por las cosas no sensibles. Esa particular relación adherente con las cosas introduce una reflexión acerca de la sentimentalidad ante la insensibilidad. ¿Es posible la acción sentimental estable que no oscile ante la falta de sensibilidad ajena? El objeto material queda disculpado porque no tiene ni puede tener ninguna. Es solo una forma y un depositario de funciones que en suma son cargados con el valor añadido de los recuerdos que genera y, con éstos, los sentimientos que retrotrae.
El lenguaje amoroso es el distintivo entre las cosas que gustan y las personas que se gustan. No se habla con un regalo pero sí con la persona a la que evoca. Hay quien puede dominar el lenguaje amoroso y presuponer que es solo un recurso literario o una estrategia que puede dejar de emplear tan pronto no obtenga correspondencia o se cerciore de que se ha equivocado de persona. Al hacerlo, vuelve a confundir amor con seducción ignorando que junto a los conceptos dados se ha dado a sí mismo y la vuelta atrás no es tan sencilla. El amor pasa no pocas veces por la sin razón. Antes de pensar en sus consecuencias o en planificarlo ya puede ser un hecho, íntimo y no publicado pero hecho al fin y al cabo. Es su grandeza: iniciarlo sin pensar en convencionalismos o incluso en su oportunidad material para que se concrete en una relación estable, intensiva y convivencial (aunque no todos los amores tienen porque compartir un mismo techo a perpetuidad).Un proverbio latino dice que es una locura amar a menos que se ame con locura. Un algo de des planificación es inevitable. Una vez consolidado como amor autentificado ya habrá tiempo para las consideraciones logísticas. Los amores planeados no tienen más éxito que los no planeados. Debe ser tal vez el único campo de la relación humana en que el planning tiene que ser posterior a la sintonía y no al revés. De hacerlo al revés es posible que la sintonía no surja nunca. El lenguaje amoroso es mucho más que una hablar que tiene sus ecos en las pantallas y los estándares; es un decir que tiene sus recovecos en el pasado personal y en las reacciones sentimentales protagonizadas. No se limita a un acto formal o representacional sino a una posición actitudinal y una transformación del yo ante el otro. El beso o besos al final de una conversación los estándares han terminado por convertir en una forma protocolaria y vacía de pasión. Las mismas palabras pueden decir cosas distintas por eso hay que acompañarlas de otras para precisar el valor exacto que se le da a las primeras. En el cuadro de Gustav Klimt, ”el beso” irradia la cromía del deseo. Es una imagen del deseo, del dar y del recibir, de la pasión en puertas, y tal vez una invitación sutil o una idea germinal en quien lo tiene como poster en su despacho, a ser besador de los cuellos sino vírgenes si inocentes dispuestos a una relación amorosa clara y convencida.

Enamorar

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:05

Amar es algo que viene dado. Te amo, no me preguntes por qué. Puedo incluso vivir tu amor en conflicto porque tengo una lista de razones para no amarte, por tratarse de una historia inconveniente, fuera de tiempo y de lugar, pero te amo. El amor es presentado como una condición e facto, como algo decidido o procesado por innumerables factores en los que la propia voluntad se añade como al final fallándolo como una constatación. El amante acepta su condición o sigue su rol a partir de tener al objeto amado que acepte serlo y que le corresponda. Es una transacción si entre dos seres que se buscan para ejercitar el amor y enfrentar la falta de él en un mundo que ve aumentar las indiferencias entre sus ciudadanos.
En cambio enamorar es un proceso voluntario, una agenda de planning, una estrategia de seducción. Tengo experiencia en amores pero no en el rol de enamorado. Soy he sido un enamorado pero nunca me he sentido conquistado ni me he puesto las botas del conquistador. Sencillamente, he dejado que las coas fueran fluyendo y mi percepción las fuera captando. Enamorar es planificar un tipo de relación para que conduzca a una situación de entrega amorosa con los consiguientes beneficios en el campo del placer. Solo escribirlo me da algo de repelús. El enamorador sería el donjuanista seguro de sus dotes y atractivos, para que caiga en sus redes la persona de su deseo.
A fuerza de tener contactos amorosos y otros desde el sondeo del deseo se termina por aceptar que hay unas constantes en el proceso de seducción. Cada acto no pasa desapercibido y tiene su valor de aproximación o de alejamiento, Hay cosas que enamoran y otras que desenamoran. Decidir enamorar a alguien a priori es un poco absurdo si de ese alguien se conoce poco más que la imagen. Quien quiere enamorar corre el riesgo que la otra persona lo desenamore por tal como es no porque lo rechace explícitamente.
Enamorar coloca en un aprieto a quien se pone en esa tesitura cuando no está seguro de corresponder a la persona que se enamore. Una cosa es enamorar y otra es estar ya enamorado. Como son dos procesos muy mezclados y que van en paralelo no se suelen diferenciar. Nos queremos, dicen los cómplices. La parte que ama más y la que ama menos ya no entra en el campo de la conversación aunque sí es un artefacto del discurso. Hay quien ama y enamora y hay quien se deja amar y pone en duda su arrobamiento. El amor, además de expresar un sentimiento, también expresa una conducta activa. Tiene categoría de estrategia cuando se recurre a gestos concretos para persuadir a la otra parte. Las regalías y deferencias forman parte de las tácticas amorosas. Las mujeres llevan siglos sabiendo y comprobando como sus pretendientes tratan de impresionarlas ofreciéndoles presentes y dándoles amparo. Inconscientemente ellas aceptan de su elenco de proponentes quienes puedan garantizarle más seguridad o más protección. Eso sigue estando dentro de los mecanismos instintivos aunque las mujeres modernas relativicen el rol del protector y se sientan mas iguales a ellas. Es por eso que
En principio, mostrar la carta de intencionalidades desde el primer momento no es una buena idea protocolaria. Todo el mundo sabe y se reconoce en su interioridad que lo que se esta buscando es un encuentro en la intimidad o una compañía estable mas allá del orgasmo de una sola vez pero se actúa en público como si esa tesis no fuera cierta. Enamorar pasa por aceptar el tiempo de maduración de un proceso. No tiene nada que ver con el objetivo de flirtear para pasar la noche juntos con la persona que has conocido ese mismo día. Enamorar es dar elementos suficientes para que la otra persona te capte o comprenda suficientemente. Es la manera por la cual se dan señales de uno y reconocimientos del otro.
El proceso pasa por la seducción y admitir como hipótesis de amante al desconocido o al amigo que presenta una insistencia. Hay que partir de lecho de que todo el mundo tiene una cuota de reserva o se mantiene en la autodefensa ante propuestas, iniciativas o aproximaciones atrevidas y que puedan zarandear el frágil mundo sentimental que se tiene. Enamorar no es irse a pasar un fin de semana juntos y punto, es algo que mueve energías hasta tal punto que puede cambiar radicalmente la biografía. Muchos flirteos que empiezan como tales han transformado mutuamente las historias de sus protagonistas, aunque la mayoría han pasado sin dejar huella.
Enamorar es un verbo de acción que se ha dejado más en manos de hombres. Una nueva psicología más afeminada varonil va permitiendo que ese rol se comparta por los dos sexos, Para que una mujer sea enamoradora tomando la parte activa de la seducción, tiene que diferenciarse muy explícitamente del rol de puta en la que todavía hay hombres que la meterán al sentirse perplejos ante su iniciativa. Sea ella o sea él, el verbo enamorar significa no dejar al azar los contactos o los gestos de aproximación o coincidencia sino insistir en ellos, planearlos, organizarlos, disfrutarlos. Las relaciones humanas no se miden en unidades de tiempo sino en procesos. Lo que a unas les cuesta años a otras les cuesta semanas. Enamorar de una forma activa, algo en lo que pueden coincidir dos partners potenciales que se caen bien y se gustan desde el primer momento que contactan, significa seguirse mostrando esa carta de intencionalidades. El problema es que se puede utilizar un vocabulario de la seducción y prever que es posible no estar a la altura de corresponder a todo el proceso que se genera. Otro problema añadido es que enamorar consiga el resultado de un amor unilateral no correspondido. La perversión del seductor profesional es ésta, enamorar sabiendo que no va a poder corresponder a ese amor que genere.
Las autodefensas nunca caen del todo y eso hace que sea difícil que el objeto del deseo de alguien corresponda con la fascinación absoluta por el hecho de haber sido elegido por su deseante. Asi como el enamorador puede jugar sus cartas a la perfección pero sin dejar de ser un seductor y no enamorarse de su objeto de amor este puede prevenir ese juego aceptándolo y correspondiendo desde la seducción pero no desde el amor total. Eso hace del juego de intimidades un proceso híbrido de supuestos y certitudes que podrá prolongarse mucho más allá de la fase inicial de cortejo.
Hay que distinguir entre quien tiene valores naturales que en si mismos son amorosos y de lso que enamorarse pero cuyo sujeto los ostenta con frescura y espontaneidad sincera de las sabandijas, de alma escuálido y cerebro gélido, que se aprovechan de su físico o de su pico de oro para enamorar sabiendo a priori que no van a poder corresponder o dedicarse a esa historia.
Muchas historias de seducción pasaban por el sustento o la función económica que garantizara el partner conquistado. Todavía hay quien se plantea los acercamientos íntimos con esa perspectiva. Las encuestas siguen afirmando que las mujeres prefieren hombres seguros y estables económicamente como compañeros o futuros maridos. Sigue siendo una minoría humana la que prioriza el amor a la seguridad.
Dado que la falta de amor es una constante en no pocas personas de ambos sexos y de todas las edades que no resuelve gozarlo a una cierta dosis, su energia latente sigue en espera de ser correspondida por otros. El proceso energético, define Lower, es una pulsación, una expansión y una contracción, que genera corriente en el cuerpo. Es algo físico, contable y real, que no se resuelve desde la soledad aunque se sublime con otras proyecciones. El amante en espera tiene una energía sobrada que se le vuelve en contra si no interviene tratando de encontrar una situación similar en otro que se le acople y acepte el juego mutuo en una historia, como mínimo, de a dos.

La Disintonía Convivencial

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 17:59

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Afirmar que detodas las aventuras la convivencia es la más atrevida no es decir nada nuevo. Compartir la intimidad, la comunicación y la mayor parte del tiempo con la misma persona es una de las osadías más complejas y que más a prueba pone la comunicación humana. La ceremonia falla a favor de una convivencialidad para siempre hasta que sea la muerte la que la disuelva, con una cierta gratuidad y alegría. Antes de que el cuerpo diga basta surgen motivos a distintas rachas para terminar la relación. Lo cierto es que mucha parejas se separan antes de lo que incluso la misma estadística social pueda establecer como media generalizada y otras que continúan lo terminan haciendo por razones instrumentales o materialistas o por razones psicológicas por temor a volver a la soledad. También hay parejas que se sostienen toda la vida y que son ejemplos de devoción reciproca, de acoplamiento total, de sintonía máxima y de carantoñas incombustibles.
Reflexionemos un rato sobre la disintonía convivencial y que es lo que la produce, si tiene solución o no y que criterios se deben seguir para valorar en cada coyuntura el estado de la relación personal.
Se suele decir que el amor no es para siempre y que su pasión dura apenas el inicio de una relación de pareja. Si esto es así lo que hace continuar la relación son otras razones distintas a las que, en general, inicialmente llevaron al encuentro y al acto de unirse bajo el mismo techo. Las parejas de vieja usanza mantenían largas relaciones de noviazgo en las que se perdían las mismas posibilidades amorosas a la espera de la llegada del gran dia en el que ella se entregaba a él cuando tenían bendecida previamente su relación matrimonial. En esos casos extremos y extremadamente peligrosos por no decir patológicos ambos cónyuges podían llevarse sorpresas mutuas. Algunas relaciones terminaban –o siguen terminando- a los pocos meses de la vida marital lo cual demostraba que lso años sesgados de noviazgo no proporcionaban el conocimiento total del otro. Modernamente se han invertido los términos. Antes que una pareja opte por el matrimonio parece más razonable optar por la convivencia conjunta. Ésta y no la relación a distancia de citas de besos en los umbrales de las puertas y en las esquinas sin farolas es la que proporciona información recíproca. Muy bien, la convivencia empieza y no tiene porque hacerlo con una aceptación reciproca de ambas partes en todo lo que contenga o sea el otro. Esto es tanto mas cierto en la pareja adulta con tiros pegados por el mundo, batallas hechas de todas clases e inmersiones en discursos lesivos desagradables en otroras. Del otro, compañero, compañera, no se pide que colme todos los sueños sino lo esencial e innegociable para una pareja: el bienestar y el respeto, el compartir recursos y confidencialidad. La sinceridad es algo que no se toma como condición sine qua non, se la supone. Ningún partner le dice al otro lo ocurrido en su cabeza cada vez que tiene un deseo transgresor, tampoco cada vez que su onírica espontánea lo ha llevado a soñar con alguien en una escena no publicable. La sinceridad en las parejas, lo mismo que el valor en los soldados de un ejército es algo que se le supone. Tiene tan poco objeto para la milicia preguntarle a un quinto si es valeroso como preguntarle al partner si es sincero. En cuanto al que se apresura a la respuesta declarándose como el ser mas sincero de la capa de los mortales lo mejor es ponerlo una temporada en el bote de la sal para que se lo repiense. Una cosa es la autoimago que uno se hace de si mismo y otras las tesituras existenciales que le llevan a callar no pocas situaciones para no tensionar una relación.
Resulta más que curioso que sea la falta de sinceridad lo más castigado en una relación bipersonal. Lo que menos toleras a la persona que quieres y que te dice quererte es que calle cosas esenciales para la relación. Pero al mismo tiempo hay que verdades que puedan destruirla. Ella le dice a él: tenía que haberme dicho que tenías una amante, nos habíamos prometido decírnoslo todo. El le dice a ella, no te lo dije porque sabía que te iba a hacer daño y además ya ha terminado totalmente. Ella le dice a él: has demostrado no estar a la altura de nuestro querer y ya no te quiero como antes. El le dice a ella: yo no he dejado de quererte por el hecho de acostarme con otra. Ella le dice a él: me asquea pensar en esa escena en la que le hacías a ella lo mismo que me hacías a mí. El le dice a ella: en lugar de preguntarme por la relación concreta ya tienes tus conclusiones tomadas. Ella le dice a él: en efecto no quiero saber ningún detalle, lo mejor es que nos separemos. La sinceridad tan reclamada cuando se da el contexto en el que decirla al detalle no es aceptada lo cual confirma la justificación en parte de no haberla dado antes.
La vida nos pone en tesituras no previstas para las que las tesis principales del compromiso previamente establecidas a ellas no nos sirven. Una de las disintonías convivenciales más habituales viene dada por este tipo de interferencias de un/a tercero. La pareja como espacio estanco lleva en si misma la erosión de la relación. La táctica convivencial consiste en atenuarla. Las relaciones paralelas vienen a ser complementarias de los déficits que carga y con los que continua la relación primera. Los conflictos dados por el adulterio son una expresion concreto de formas conceptuales distintas de tratar el amor, admitiendo su desarrollo por la vía de la pluralidad o cerrándolo en la estanqueidad de la fidelidad.
Hay otras intervenciones terceras que pueden afectar a la relación, la más significativa es en relación al ámbito familiar de un cónyuge o del otro. Por lo general el tema de la familia política es un tema tabú. La sinceridad crítica que la pareja puede manifestar en relación a personas distantes (gente de la farándula, de la prensa, de la clase política o incluso en conocidos con los que se tiene poca implicación) puede ser coartada en relación a la parentela muy querida. Hay que tener la delicadeza de entender que la familia de la persona a la que quieres, aunque para ti sea un conglomerado de personas a las que vas a tratar una a una y opinar de manera distinta sobre cada una, para ella va a ser un grupo, su grupo, que puede defender con todo el sesgo apasionado de su incondicionalidad. La pareja es el pequeño universo que se erige con tal fuera que ocupa la mayor parte del tiempo atencional que dura y aunque esto no sea así es la que tiene la sede de la mayor energia e importancia. Se podria decir que la pareja nace como respuesta al mundo y no como una necesidad reproductiva. Es un asociacionismo privado a falta de que cualquier otro asociacionismo que se tenga con el mundo o con las partes de le que se presten sirva para cubrir un determinado tipo de necesidades que se pueden resumir en tres: las amorosas que ponen coto al vacio sentimental, las sexuales que ponen coto a la falta de placer y las organizativas que ponen coto a la soledad. Luego eso se convierte en institución familiar y viene todo lo demás: un proyecto de crecimiento, el de los descendientes y el patrimonial. La vida de pareja o del núcleo familiar derivado es lo que se convierte en centro biográfico y existencial pero todos sabemos que el mundo ni empieza ni acaba en la persona que nos binomia (nos convierte en dos) ni en nuestros hijos. En realidad cuando nos referimos al mundo nos referimos al de afuera, de tal manera que ese afuera siempre está con nosotros, dentro de casa, durante nuestros viajes. El mundo o sus representaciones te lo llevas puesto ahí donde vayas: a tu alcoba o a tu cueva. Nos importa mucho comprender y tener un lugar en este mundo además de recibir su respeto y poder contar con sus recursos, Guillermo Von Hulbold dijo que en el fondo son las relaciones con las personas lo que da valor a la vida. Hay un conflicto de pareja que viene dado por la diferente forma de tratar con este mundo, empezando por la familia inmediata, con los amigos, para seguir con la multitud de terceras personas con las que uno se va encontrando a lo largo de su biografía. Además de las anécdotas concretas en si mismas está la ideología que subyace atrás.
Después de unos años de convivencia y de tratar y examinar multitud de temas en distintas coyunturas dos partners pueden descubrirse como mas diferentes de lo que sospechaban. A sus diferencias por estimaciones distintas en analizar las cosas o en la manera de tratarlas se puede empezar a sospechar de verdaderos antagonismos ideológicos.
A partir de una disintonía convivencial recurrente acaba siendo obligado cuestionarse por las causas de fondo que la hacen así. Tomada una convivencia instalada en el conflicto permanente: la discusión diaria por diferencias de opinión teóricas, por maneras de ser distantes, por tratos distintos con al gente o por la relación con el espacio doméstica, cabe preguntarse si esto viene sucediendo desde el principio o es algo sobreañadido posteriormente. Es posible que la relación haya empezado silenciando unas diferencias importantes o unos déficits que no quisieron ser observados o reconocidos al principio. Muchas relaciones se desarrollan contradictoriamente con ellas durante años o al menos se soportan. Cada desavenencia puede ser compensada sobradamente por los ratos de comunicación profunda y no me refiero a la sexual que se establezcan. La relación de pareja con una armonía absoluta puede llevar a más sospecha que la relación episódicamente desarmónica. El valor, como las demás virtudes, tiene su límite, dijo Montaigne. Podemos cambiar la palabra valor por la de armonía y el autor seguiría subscribiéndolo. La pareja sin ninguna mácula en su expediente no es creíble. La fluencia comunicativa comporta la discusión y ésta las diferencias de postura. Ninguna discusión por grave que sea acaba con una relación si se integra dentro de un proceso de reparaciones de las posibles heridas sufridas. Prefiero un vicio tolerante que una virtud obstinada dijo Moliere. A fuerza de obstinarnos en que todo sea de color rosa es posible que consolidemos el camino más rápido a la mentira permanente. La supervivencia de una relación empuja a ampliar la región del no comment pero al mismo tiempo el sentido convivencial de dúo tiene sentido si sigue permitiendo el enriquecimiento mutuo. Bien es cierto que tras muchos años de convivencia de dueto, mucho más cuando es en solitario, porque los hijos ya son mayores y han levantado el vuelo o porque nunca se han tenido hijos en común y los que había ya estaban emancipados, hay una fuerza inercial que juega a favor de la convivencia tratando de soslayar todos las diferencias que puedan sobre surgir tomándolos finalmente como achaques de vejez.
Queda dentro de la ilusión de los protagonistas creerse con la suficiente voluntad y fuerza para superar los problemas que vayan teniendo. En todo caso la lucha contra ellos no es totalmente independiente de la hipótesis de separación que puede ser mencionado por uno o por otro episódicamente cuando la obscuridad panorámica de la relación produce más sinsabores que goces.
El futuro de cada relación humana depende de su gestión. Se puede decir lo mismo de todas y de su conjunto a categoría de toda la humanidad, Ernesto Sábato sostenía que la historia no es mecánica porque los hombres son libres para transformarla. El futuro de una pareja, la asociación humana más básica y primordial, no está condenada a priori a nada. Siempre depende de sus protagonistas o incluso del gesto de uno solo para que remonte sus desavenencias y haga de la disintonía una fuente de aprendizaje en lugar de un pozo sin fondo de frustraciones.

La masturbación en la edad adulta

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 17:52

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La escena de una mujer automasturbándose ha sido más promocionada y premiada por lo pornografía que la de un hombre en solitario haciendo otro tanto. La de este, por exigencia de los guiones porno, es admisible ante y sobre una mujer, para que su surtidor lácteo quede realzado. La de aquella, queda envuelta en un halo de purezas e insinuaciones. La masturbación es el nombre de la auto sexualidad, aunque desde luego está incorporada en las actividades eróticas compartidas. Examinemos su valor según su contexto escénico: la manipulación manual del pene o del clítoris, pretende una resolución orgásmica y una descarga de placer. Y esa es una pretensión común tanto en una situación acompañada como en otra solitaria. En alguna ocasión un amante con experiencias fallidas puede llegar a pensar que es mejor la masturbación que la intimidad genital compartida con amantes que lo que menos se podría decir es que no estaban a la altura de sus roles.
La vagina y el pene siguen siendo universos desconocidos por amantes que todavía no saben como tocarlos, acariciarlos o lamerlos. Los manuales de sexología dan indicaciones de cómo hacerlo. Hay una vasta y rica literatura que podría convertir al amante más negado en el sexólogo más experto. Pero una cosa es la sexología y otra muy distinta la sexualidad real. El estudio del comportamiento sexual no convierte su estudiante o investigador en el espécimen más erótico y bien dotado aunque sí puede ser el más consciente de los puntos de placer y de las fallas al no procurarlo.
La masturbación ha dejado de ser un tema tabú para ser naturalizada como una forma de sexualidad rápida, directa, barata y satisfactoria. Es en todo caso la vía dominante de acceso a los placeres sexuales para la inmensa mayoría de personas en una etapa determinada de su existencia que suele estar situada en la pubertad y primera adolescencia. La hetero u homosexualidad, en definitiva la sexualidad compartida con alguien, debería poner fin a aquella. No es así, ni tiene porque serlo. Las condiciones para al auto caricia pueden seguir prolongándose toda la vida siempre que las posibilidades de placer compartido estén bloqueadas o momentáneamente negadas. Hay, además, otra razón muy poderosa para hacerlo. El recurso a la masturbación es tanto mas inevitable cuanto menos placer se obtiene con el partner de al lado. Pasar por la experiencia de masturbarse mientras éste –o ésta- se halla dormido forma parte de los secretos íntimos de cada cual. Esa escena que es más común de lo que se reconoce introduce un factor de reconsideración con respecto a lo que es la sexualidad solitaria de lo que es la compartida. El hombre o la mujer que se masturban mientras su partner esta ya completamente dormido a su lado desde luego está protagonizando una actividad solitaria pero es de un orden distinto a quien lo hace dentro de su apartamento no sospechando lo que hace el vecino del apartamento contiguo. La soledad del primer caso es discutible a pesar del no conocimiento de uno en lo que está sucediendo. Lo más probable es que quien se masturba este pensando en situaciones lejanas y extrañas a la realidad de su dormitorio o tal vez no, su fuente de inspiración sea la anatomía que yace a su lado. Las masturbación es tanto más placentera cuanto más real sea el estimulo que la induce. Si bien hay una autoinducción natural a ella que surge espontáneamente a partir de una libido que presiona y que busca una descarga en forma de orgasmo, lo que incrementa o reduce sus calorías es la cantidad de estimulación real con la que se cuenta. Una vez mi compañera de aquel entonces me dejo muy sorprendida porque la desperté al masturbarme a su lado (algo que hice en contadas ocasiones) acusándome de que había estado abusando de ella mientras estaba dormida. Descubrí en esa frase que me había unido a una persona con una ideología que no le había advertido. Vale, tal vez si rocé mi pene en su glúteo mientras me estaba masturbando o la acaricié con mi otra mano libre pero jamás sospeché que eso pudiera ser interpretado como un abuso. Estábamos ya en nuestra fase de desencuentro que daría lugar a la ultima de separación y nuestra vida sexual en común no era precisamente la más exuberante, algo imperdonable cuando se tienen veinte años y se necesita hacer el amor cada día para vivir la calma del pensamiento y ocuparse con relax para otras actividades creativas.
Se llega a la edad adulta con una sexualidad inmadura Se tiene el cuerpo biológico suficientemente desarrollado para hacerlo todo pero con los deseos encarcelados y con una cultura mas restrictiva de lo que se puede estimar a primera vista. Aunque se forme parte de un registro supuestamente critico, siglos de ostracismo paralizan los pies, las manos y desde luego los penes y las vaginas. No es fácil superar el dictado de escolapios y curas de distintas raleas asegurándote que te quedarás sin sesos si te masturbas. A un escolar decirle algo es que hundir el cuchillo en un tarro de mantequilla. Tiene que estar muy seguro de si mismo para saber que el alegato de las autoridades eclesiásticas a las que es sometido obedece a una sola razón: controlarlo controlando uno de los lugares más íntimos y sagrados que un individuo tiene y al que nadie suele echar ojeadas por la mirilla de la cerradura.
Una vez resueltos los fantasmas engendrados por la mala educación de una mala escuela, el adulto sabe que uno de los mejores placeres que da la vida pasan por la capacidad erógena del propio cuerpo. Eso se multiplica por ene con intercambios eróticos con las parejas que la vida va proporcionando. La masturbación puede quedar en una etapa anterior cuando las copulas y los orgasmos de boca la sustituyen pero no hay porque descartarla totalmente ni meterla dentro de una etapa como si fuera un cajón. Cuando no se tiene a nadie o el amante está de viaje la masturbación regurgita su recuerdo. Cuando el coito deja de ser posible con el partner la masturbación es una opción que se puede rescatar para seguir con una cierta cuota de placer. Pero incluso en el acoplamiento mejor, con el máximo de energia y fuerza confluyentes por parte de los amantes, la masturbación, quiero decir la automasturbación, es una escena magnifica.
S se rechaza es porque sus vestigios de actividad estigmatizada no han sido eliminados del todo. He conocido mujeres que no han tenido el menor problema en masturbarse mientras las acariciaba o me ocupaba de otras partes de sus cuerpos, y otras que han rechazado eso en redondo porque han opinado que la auto masturbación es incompatible con una sexualidad compartida con pareja.
Puesto que la sexualidad es tanto más placentera cuanto más desinhibida se practique el campo imaginativo es abundante. Pedirle a tu partner que se masturbe ante ti mientras lo/la contemplas es una experiencia golosa, mucho más si se le pide que vierta su orgasmo en tu boca en el último instante.
La vida de pareja con los años puede perder emoción y como se suele decir falta de pasión. Por lo que hace al pene puede perder dureza para la penetración pero sí obtener la suficiente para la eyaculación si es convenientemente manipulado. Dos amantes masturbándose mutuamente es otra forma de practicar la masturbación en la edad adulta sin que ninguna razón clínica ni sexológica pueda objetarlo. Técnicamente, la masturbación es un masaje genital.
Los gabinetes de masaje erótico no están tan desacertados al anunciarse así. La cultura se ha ocupado de seguir manteniendo esto en zona tabú. Se puede ir a saunas y salones de masaje muscular o drenaje linfático pero en cambio el masaje genital enseguida es vinculado al submundo de la prostitución y a prácticas inconfesas.
Cuantas mas facilidades tengan los hombres y las mujeres en vivir sus orgasmos con placer y sin restricciones con mayor salud vivirán. La incorporación a la sexualidad en fases más prematuras prevendría de enfermedades (mentales también) posteriores a los sujetos que llegan al estadio adulto sin haber resueltos sus problemas de infancia, entre ellos el de gozar con el propio cuerpo.

Familias y recién llegados.

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 17:43

/>El ultimo en llegar y las relaciones con los demás instalados.
El Nou vingut i les relacions amb els vells tinguts.

Asistimos a un creciente número de familias desmontadas que desmarco ligeramente de las calificadas como desestructuradas o disfuncionales por el estigma subyacente a esas dos palabras. Una familia desmontada es aquella cuyos miembros dejan de compartir el hogar originario, que ha pasado por una separación de los cónyuges con domicilios independientes pero que el proceso de ruptura ha sido lo suficientemente civilizado como para poder continuar manteniendo un contacto de todas las partes, aunque sea episódico y desde luego nada a ver con el pasado.
A ese espacio desmontado llegan otras relaciones por parte de cada miembro familiar: el amante de la madre, la pareja convivencial del padre, la esposa del hijo, el novio de la hija. Para una familia nuclear desmontada, al menos concurrirían entre bastidores otras 4 que podrían ser más o menos permanentes o relativamente variables que estarían al tanto de la marcha de las relaciones internas del primer grupo de cuatro.
Es desde el punto de vista de estas segundas personas que voy a seguir esta reflexión. Sí, segundas personas en tanto que llegan después al grupo originario y casi nunca se integran del todo. Es obvio que la valoración de primera o segunda persona es puramente funcional para el relato. Ya que quien hace o es el recién llegado a su familia política su cónyuge o partner hace de otro tanto con al suya natural. Toca distinguir siempre, y de ello da cuenta el relato casuístico de las partes, qué grupo es el más fuerte o el más referencial. Si bien la inmensa mayoría de gente tiene una familia conocida del que recibe reconocimiento, no todas las familias son igual de hospitalarias o acogedoras a los nuevos llegados.
Inicialmente el recién llegado a un espacio ya hecho suele adaptarse y no inmiscuirse en como organiza sus relaciones consanguíneas y familiares la persona a la que quiere o con la que se pone a vivir. Parece predominar esta actitud de máximo respeto y distancia y también de lógica económica de cada relación: hablar y ocuparse de lo propio sin dejarse contaminar por conflictos ajenos acaba por ser la más sostenible. Casarse o unir el propio destino al de una persona no conlleva hacerlo con toda la familia natural de su pertenencia. La familia o el concepto moderno de familia se ha separado de su concepto tribal o de clan. No es siempre así. Las familias multitudinarias en otras regiones del planeta hacen de reproductoras de la ideología social y de celosas vigilantes para que se viva de acuerdo con ella. No solo eso, hacen de comunitarias económicas de tal manera que prima la media del infradesarrollo en muchas de ellas al convertir los ingresos de la minúscula parte no tanto en una caja solidaria para todos en caso de necesidad como en una coartada para no buscarse la vida. El europeo que se junta a vivir o se casa con una africana debe advertirle que se casa con ella y no con toda su parentela sino quiere amargarse unos cuantos años de su vida teniendo que tragar sapos. En la Europa más civilizada que ha dejado esas formas ancestrales a más de una generación vista, la figura del grupo cerrado de la familia no ha desaparecido del todo. Hay apellidos y linajes que pesan por encima de todo y una liturgia literaria que los recuerda. Alguien que lleve mi apellido no puede hacer según que cosas clama el patriarca o el padrino. Para determinados asuntos de familia los recién llegados, siempre serán o estarán al margen por años que sean los que lleven emparentados, incluso correctamente casados y habiendo dado hijos. Los cuñados y cuñadas quedan en ese otro plano distal. Un/a cuñado/a, ese recién llegado, seguirá siéndolo después de docenas de años de estar colateralmente con el grupo pero no formar parte de él. Evidentemente cada recién llegado por esa vía tendrá su psicología y charme particulares con mas o menos capacidad para la empatía con los demás pero para una familia numerosa con muchos hijos e hijas casamenteros/as mientras estos/as seguirán manteniendo de por vida la fusión de familia, siempre que retroalimenten sus contactos y se encuentren por sus intereses comunes, aquellos nunca llegarán a organizarse como grupo. Las familias pueden tener encuentros de hermanos, encuentros de sobrinos, los padres mientras viven preparan las efemérides, pero los cuñados no se reúnen a parte. La sola mención de esta idea sería completamente impensable y llena de extrañezas. Tanto las figura de los cuñados desde el punto de vista de los hermanos de la pareja, como desde el punto de vista de aquellos en relación a estos, hay una cierta distancia de respeto y tolerancia que no tiene porque traducirse en confianza o interés o ayuda mutuas.
Confieso que nunca me ha gustado el rol del cuñado, yo en primera persona siendo tal y no he tenido oportunidades para tratar a tantos recién legados a mi familia biológica como para tener una opinión tomada. Si la tengo de los otros cuñados de una familia política con la que no tengo nada que ver pero de la que tengo algunas noticias y forma parte de un tema de conversación recurrente de mi pareja. Los pocos contactos tenidos han sido suficientes para saber que no hay la menor coincidencia para nada en la mayoría de los casos. Si eso me pasa con el resto de la sociedad no tendría que ser una excepción que me pasara con esa representación particular de la misma. En la mayoría de coincidencias con ellos me quedo en blanco y totalmente desmotivado para hablar de cualquier tema o seguir el que esté en curso en ese momento. Supongo que es mi reacción inconsciente autodefensiva a situaciones y opiniones que no me gustan pero en las que mi pareja convivencial se siente cómoda.
Es fácil que dos desconocidos que son recién llegados a una familia se pongan de acuerdo y sintonicen rápidamente sacando a relucir curiosidades de sus cuñados o de sus suegros. Desde el punto de vista de la familia endógena los recién llegados pueden ser ariscos, utilitaristas, interesados o desagradables o se les encuentra y se presentan mutuamente en algunas efemérides. Una vez la familia-origen tiene ubicado al recién llegado y calibra que no es peligroso lo deja en paz, evidentemente las familias más progresistas o comprensivas no se meten en los estilos de vida de sus hermanos/as y de sus elecciones. Algunos sin embargo hacen de padres/madres para con sus hermanos menores. Inevitablemente siempre hay quien se complace en organizar la vida a los demás y vive de lo deficitarios que son los otros para tener tema del que hablar y tarea con la que entretenerse.
La política de supervivencia del recién llegado es no meterse en asuntos de la familia a la que, a su pesar, se une aunque sea manteniendose en la calle y todo lo lejos que pueda. El problema al que se enfrenta es que no puede manifestar sus diferencias de opinión o sus críticas a personas con las que pasa a tener una parentela impuesta y que, de hacerlo, puede generar disturbios con su pareja. He tenido por cuñados a verdaderos plastas a los que me he sometido sin rechistar por deferencia y mimo a mi pareja. Es decir he actuado en contra de mi mismo por no tener conflictos con ella. Eso ha dañado mi propia autoestima al actuar de una forma que no es la mía. Cada vez que por un falso concepto del respeto he de actuar sin expresarme como soy realmente lo pago sentimental y psíquicamente.
A nadie le gusta que le digan, (descubran o recuerdan) que sus hermanos o padres son como son, aún sabiéndolo les perdonará todo. Ese solo criterio va a estar detrás de conflictos posteriores. Tengo problemas con mi pareja desde el primer año de convivencia a causa de su familia, no por ella misma, repleta de gente encantadora, sino por la posición de mi partner en relación a ella ante la que tiene tal devoción que a mi me parece sumisión y tal amor que le impide la menor crítica a pesar de las muchas pasadas cometidas que hemos visto durante tantos años.
En particular, cuando una parte considerable del tiempo entre el recién llegado y la persona a la que quiere está cargada de los temas no resueltos de su familia. Inicialmente se opta por ser público receptor, gradualmente se va haciendo de caja de resonancia dando las propias impresiones y la tercera fase es la de defender la propia relación imponiendo un parapeto a los daños que puedan hacer las secuelas de las antiguas relaciones. Esa forma de trato cortés pero distante y no implicada con las familias políticas forma parte de las reglas sociales de supervivencia. Indirectamente el respetuoso se hace cómplice de una historia en la que no cree.

El correo certificado

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 17:13

Generalmente quien usa el correo certificado es para que quede testimonio del día en que es recogido y de esta manera tener una prueba documental para presionar a la persona que lo ha recibido.Eso es tan sabido que se puede demorar irlo a recoger o ni siquiera hacerlo. Aquello que viene certificado puede ser portador de una mala noticia.Si no es atendido, la mala noticia queda relegada. Por otra parte quien lo envía prefiere dedicar diez veces más de tiempo laboral a esta gestión que tomar el teléfono y llamar a la persona a la que quiere contactar o citar.(ciertamente de la llamada telefónica no quedaría prueba e incluso una cita pactada podría ser olvidada o negada posteriormente).
La administración pública ha desarrollado una particular forma de las relaciones humanas en la que lo que menos cuenta es la comunicación y en su lugar se prioriza la justificación.De ahí las tarjetitas en las que figura la firma de recibido. Correos como organismo es ajeno a eso y tramita notificaciones arriba y abajo mientras unos leguleyos de la burocracia persiguen a otros ciudadanos para que paguen sus débitos o cumplan sus citas de control con las oficinas correspondientes de seguimientos.

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