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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

14/11/2008 GMT 1

Psicosis generalizada

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:51

El ataque terrorista a las torres gemelas de NY y al Pentágono el dia 11de setiembre del 2001 ha puesto un antes y un después en el panorama de las relaciones internacionales y especialmente en la actitud estadounidense ante el mundo.Aquella luctuosa fecha y todo lo que ha venido sucediendo después nos sirve para observar la conexión entre terror, información y psicosis. Las actitudes xenófobas que se multiplicaron a partir de los pocos minutos del desastre y la colonización informativa del tema en todos los medios fue creando una situación creciente de demanda de la ley de talión. Tanto es así que la intervención del ejercito USA en Afganistán ha sido tanto una necesidad estratégica del imperialismo como una manera directa del gobierno Busch en complacer a la tendencia vengativa de los ciudadanos. Durante años la fecha fatídica será recordada y de acuerdo a las declaraciones de la clase blanca, los USA perseguirán a sus enemigos ahí donde se encuentren. La psicosis generalizada de los norteamericanos que les lleva a conjeturar cada catástrofe con la poderosa manonegra del terrorismo fundamentalista de los islámicos, se lleva bien con la paranoia tradicional de sus gobernantes que han visto en cualquier forma de vida y de pensamiento disidentes un peligro potencial para su modo de existencia confortable dorado con la píldora del dólar. La psicosis es generalizable por contagio mimético cuando los factores de información consolidan una connatural tendencia humana al miedo a los peligros. En el caso de EEUU, la información sesgada y filtrada proporcionada por el poder se ha aliado con el temor latente de la sociedad a perder sus ventajas como nación poderosa. Pero la psicosis social no es solo producto de una manipulación de lo que acaece si no también de unas determinantes culturales anteriores en las que se creía rotundamente en la propia seguridad.

El odio

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:48

El impacto psíquico del odio
El odio social es un fenómeno muy extensivo. Está más allá de las categorías culturales a pesar de haber sido disfrazado bajo epígrafes como el del odio de clase, o el odio revolucionario. Su justificación c conceptual viene establecido como comportamiento reactivo de una generación o un grupo de gente rebelado contra los cánones de humillación o explotación a los que ha sido sometido.La rebeldía como reactancia es un fenómeno natural en los ciclos históricos por la renovación de las cosas.Sin embargo el comportamiento que imprime no deja indemne el aparato psíquico de sus protagonistas. El sujeto que lucha por una vida digna en contra de quiénes` se la prohiben o lo traicionan genera un proceso de odio y de emocionalidad visceral que repercute en su aparato psíquico. La manifestación de su resentimiento puede mantenerse más allá de las situaciones concretas de lucha e incluso tras la conquista de algunas mejoras u objetivos, nunca del todo satisfechos para la demanda radical.Ese resentimiento residual es la resultante de la inercia del odio instaurado cuya lógica histórica no evita al sujeto resentido padecer como una figura frustrada que se sabe condenada a estar por debajo de lo que habría querido ser,con la culpa en ristre contra quiénes se lo han impedido. Es así que el odio deja de cumplir una función útil tanto para la historia como para los protagonistas que lo asumen así cuando su repercusión es infinitamente más negativa en los odiantes que en los odiados. Por otra parte, hay un tipo de odio social que está disfrazado de razonamientos supuestos de conciencia social cuando de hecho encubren sentimientos de envidia y de venganza tradicionales. Depurar la propia conducta sin olvidar cual sigue siendo la conducta de los que generan malestar emocional es fundamental para recolocar la sentimentalidad en el lugar de critica y permitir que siga cumpliendo una función renovadora sin perder el equilibrio personal.

Hablar sin preguntar

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:45

¿se puede hablar sin preguntas?
En las relaciones convivenciales y afectuosas hay momentos de tensión que pueden ser determinados por el simple hecho de preguntar. Hay preguntas que por su contenido y su tono están emparentadas con una función de interrogatorio donde el interrogador se inviste de un rol de superioridad que pide revelaciones en el interrogado. aunque obviamente las preguntas no siempre son de control si no que engrasan la suavidad comunicativa e indican interés y ganas de saber del otro.Puede haber momentos y situaciones en que una batería de preguntas unilaterales se parece más a un interrogatorio policial para ubicar cuanto antes mejor al otro en un sentido socio-económico y en su perfil ideológico e íntimo, que no a un interés por la persona en su globalidad.
Generalmente quien pregunta en exceso suele responder en deceso a las preguntas que recibe.Con la mente ocupada y no exenta de obsesión por conocer al otro, saber de él/ella y por lo tanto poseerlo/la informativamente, pierde el sentido de la elegancia y de la correspondencia.
La sintonía comunicativa no pasa tanto por la mecánica de tratar de preguntarlo todo o tratar de responderlo todo como por la fluidez de los intercambios de datos y de informaciones recíprocas. El sujeto hablante ya va entregando piezas de su puzzle en la medida que va conectando con la onda del otro.Basta tener sosiego y tiempo para ir recibiendo lo esencial del otro.Por el contrario perseguir el dato inmediato (¿estás casado? ¿tienes dinero? ¿tienes hijos?¿con quien vives? ¿donde vas?..)es un indicador no de interés por la persona sino por la obtención de un perfil-robot preestablecido.
Es posible -afortunadamente- la comunicación fluida sin el atosigamiento de las preguntas o la recolocación de estas como elementos auxiliares y no centrales de las relaciones verbales.

La pareja en guerra

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:43

La crisis de convivencia en la unidad conyugal puede ser la décima parte visible del iceberg que oculta incompatibilidades mayores que las manifestadas por las desavenencias domésticas. Cuando el proyecto de futuro compartido es cuestionado por el uno o por el otro, es que las diferencias son importantes.Si su evaluación da un antagonismo constatado, la estrategia más fiable es la de la separación. A menudo las guerras internas de las parejas se prolongan más allá del o debido con lesiones psíquicas considerables para ambas partes, por no ser consecuentes con la conclusión racional de un análisis de la situación.Claro está que donde hubo un querer hay que explorar antes que nada la posibilidad de su preservación. (Y la orientación psicoterapia mejor es la de un conservacionismo de los logros adquiridos por la relación en la medida en qué sea posible).Si la exploración da por resultado más cargas negativas e indisposiciones a la reconstrucción amorosa, sólo cabe apoyar la orientación de disolver el binomio con el menor costo psíquico para los dos miembros. Puesto que la separación puede ser deseada pero no posibilitada tanto por temor a la soledad como por un sentimiento de vulnerabilidad ante la incertidumbre; entonces la psicoterapia interviene ayudando a una interpretación curativa de los acontecimientos adversos.Finalmente cuando la conclusión disolutiva es co-asumida por ambos, es cuando las condiciones para un cambio de vida están suficientemente dadas.

Fracaso Escolar y Éxito

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:40

Para hablar de fracaso escolar se presupone la instalación del parámetro del éxito.Si este es la asunción de programas de contenidos con las calificaciones que lo demuestran, el fracaso es todo lo contrario. Este tema está condenado a repetirse curso tras curso y legislación tras legislación en el campo de la enseñanza si queda reducido a los datos numéricos, investidos en función de la categoría de objetivos asumidos o no.Tales datos miden la responsabilidad de una persona durante su infancia por lo que hace a sus resultados escolares, sus notas de exámenes y su aplicación atencional en las materias del curso que sigue.es decir, miden la adaptación a un ritmo previsto al cual se le exige obediencia. Tácitamente el pronóstico de futuro profesional y en la vida va a ser favorable para quien saca las mejores notas y rotundamente desfavorable para quien desaprovecha su inserción escolar pasando a engrosar las estadísticas del llamado fracaso.
Curiosamente los tests de personalidad y de aptitud a los que se someten a este porcentaje -cada vez más elevado-de escolares y estudiantes fracasados suelen dar niveles de inteligencia óptimos o altos y aptitudes ricas. Si es así¿cómo justificar su desvinculación al curso? Sin duda no a sus atributos personales si no a las condiciones objetivas ofertadas. El fracaso escolar como mínimo depende de dos clases de factores:los subjetivos, los que sabotean un ritmo estándar y los objetivos:los inherentes al propio enfoque del establecimiento de aprendizaje, en el cual muchos de sus componentes organizativos y a veces profesionales,. son reprobables. Por eso ante la diagnosis de fracaso hay que conectar con la verdad sentimental e intelectiva del afectado para no estigmatizarlo bajo el peso nefasto de aquella etiqueta. No seguir un ritmo institucional educativo no implica el fracaso existencial.Cabe considerar otras vías alternativas para la formación en el contexto de la universidad de vida.Y además recordar que muchas personalidades insignes en la evolución del género humano fueron verdaderos fracasados escolares. De otra pate esa categoría genera ansiedad a los padres o tutores que transmiten implícitamente a los escolares afectados multiplicando todavía más el síntoma de su exclusión.

La Mujer Violada

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:38

En el análisis de la fantasía de la violación se demuestra la reivindicación inconsciente de un dominio, esto es, el deseo de un sojuzgamiento a una práctica conscientemente reprobable pero instintivamente deseable. La fantasía es el resultado de un conflicto entre una moral interiorizada, que se traduce en una auto prohibición de según que prácticas y la ensoñación de éstas (sexo plural, penetraciones simultaneas, felaciones, forzamiento,…) con unas ganas instintivas de experimentar aquello por lo que no se ha pasado pero se sospecha que produce un placer extra o superior al ordinario que se suele estar practicando.
En el análisis de la sociedad patológica, con una impresionante casuística de delitos de violación, lo que se demuestra es una incapacidad proverbial del sistema para curar las tendencias criminales que promueve. Las obsesiones sexuales que llevan a conductas agresivas tales como la violación son el resultado de desajustes de los individuos con las influencias de sus medios que en lugar de reconducir sus ansias a los consumos lícitos satisfacen sus pulsiones de forma violenta contra víctimas propiciatorias. Para el violador su víctima está pidiendo guerra por su modo provocativo de vestir. El entorno de ésta no dejará de hacer comentarios en contra de su comportamiento como pseudocómplice de quien la ha violado en lugar de ayudarla a reponer el mal trago y perseguir al culpable. La psicología del violador demuestra la biografía de un infeliz incapaz de resolver sus necesidades por una via natural, sensata y en todo caso, siempre, consensuada. El hombre que se vale de su fuerza para violar a una mujer no es un verdadero hombre, es un mamarracho que sabe que es pura escoria. No es extraño que en el mismo código carcelario los violadores sean los peores aceptados en su comunidad. Pero ese mamarracho, despersonalizado, tímido, inútil, inseguro y jada seductor que acude a la fuerza para copular y con eso entrar a la fuerza en el cuerpo del otro no deja de ser el producto de una cultura hedónica que no para de inducir a la sexualidad sin que todo el mundo pueda satisfacerla.
La gente llega a la edad adulta castrada sin formación general suficiente y sin educación sexual en particular. Está quemada por sus extremas necesidades no resueltas que piden la urgencia de ser satisfechas. El violador trata de satisfacer por la peor vía de todos lo que podria o debería conseguir por la vía del cortejo. Todos los animales copulan y muchos lo hacen de una manera violenta. Otros se blindan cuando no tienen necesidad. El sexo no siempre funciona a conveniencia de las dos partes sino de una sola con lo cual el sexo, aún consentido dentro de una pareja, no deja de ser una violación atenuada cuando la satisfacción es unilateral. Eso aumenta considerablemente la población de violadores aunque no de penitenciarios cumpliendo pena por tal condición.
La psicología del violador demostrará la de un incontinente despreciable que sólo piensa en sí mismo a la vez que es totalmente negado para la comunicación. O lo hacemos por las buenas o por las malas dirá ante la chica sorprendida que se ha puesto bajo su dominio. La chica, tal vez, por su talante, desenfado y aspecto sexy, habrá sido confundida por el otro que es una ninfómana que folla con todos. El mismo juez que juzgará la situación podrá decir o pensar que no debería haber salido a la calle tal como lo hiciera en la noche de autos. Sus familiares la criticarán una vez más a propósito de esta fatal experiencia por su ideología progresista y su visión hedonista de la vida. En resumen la violada lo será porque ha querido, pensará no poca gente. Por su parte puede llegar a tener dudas entre hasta donde llevó ella el juego de seducción o ya no recordará en que momento se perdió el control del juego pasando a una situación embarazosa en la que se le obligó a hacer lo que ella no quería hacer.
Ante una situación de fuerza mayor, en el sentido literal de la fuerza física del que impone su pene, víctima seguramente de su propio falicismo, es mejor salir con buen pie para contarlo que no machacada o apuñalada. La más valiente puede aprovechar el momento de la felación para dentellarle el pene al intruso (¿acaso el feminismo más radical no proponía la castración a los violadores comprobados o últimamente se se volvió a hablar de castración química?) o sentarse en su cara y asfixiarlo –si pesa lo suficiente para esto y tiene suficiente fuerza-. No se puede quitar la importancia del tema ni con una ni con otra idea. La sola perspectiva ante la violación resulta aterradora como lo es toda condición de debilidad frente al fuerte que se rige por el imperio de su ley y solo se tiene en cuenta a sí misma. Un violador es antes que nada un enfermo, un tarado, un descolocado, un antisocial, un inhumano, pero todo eso pueden ser eximentes a su favor para pagarle al terapeuta más caro mientras su víctima infeliz se tiene que pelear con su entorno por que sigue dudando de la autenticidad de su versión. ¿Quién empezó primero? ¿Quién tiró el primer tejo? El violador, sea el que se agazapa en la oscuridad para asaltarte porque esta al tanto de tus pasos, o el conocido que ha venido a casa, o el familiar incluso, que se aprovechan de una indefensión para conseguir su penetración, no tiene perdón de dios si hubiera algún dios que pudiera perdonar algo. En los casos más graves solo obtienen placer de ese modo y no conciben el sexo a conveniencia de las dos partes que lo practican. Todo el desprecio social que puedan recibir no ha hecho desaparecer esa conducta dentro del comportamiento sexual de los humanos.
Existe una violación figurada que evoca aquella. Cuando alguien quiere sexo rápido, o fuerte, o impositivo incluso emplea esa palabra para con su pareja: ¡viólame! Hay algo de la sexualidad que puede ser escénicamente muy fuerte y que sin embargo forma parte de la complacencia de las partes. Los niños pequeños pueden no entender según que gemidos, gestos o movimientos de sus papas mientras follan a unos metros de él que no puede decodificar esa clase de gestos, más bien los menos, en relación a los de la ternura del resto del día. En el repertorio de los placeres sexuales, las insinuaciones sado-maso sin llegar a ser filias con la parafernalia apropiada (faldas cortas, ajustadas y de cuero, chalecos sin nada debajo, cinturones y arneses de cuero, los látigos, los ligamientos y ataduras) están de moda y en crecimiento. Se podría asegurar que lo mismo que el sexo oral tuvo que mantener batallas con la ideología dominante para pasar a ser aceptado como natural y placentero, va a suceder lo mismo con los juegos de dominación y sus vestuarios, decorados y artefactos.
Los actos sexuales que procuran más placer son los de mayor compromiso íntimo, es decir, los de socialización de las zonas corporales más privativas. Hay un salto cualitativo entre ofrecer los genitales para que sean chupados esperando que la lengua llegue también al ano a sentarse en la boca del partner para no permitir que su lengua se desentienda de la cuestión. Este segundo gesto puede ser una acto impositivo que a la vez puede estar siendo deseado por quien esta abajo en la posición dominada. En el juego sexual apasionado no hay pocas posiciones que son de dominio. Ese no es el problema sino que cada uno tenga su turno para dominar al otro.
Pero, obviamente, una cosa es jugar a eso aun representando la posición de la persona violada y otra muy distinta es sufrir la violación de un invitado o de un recién conocido porque interpretó erróneamente las señales del desparpajo. Es posible que lo peor del violador sea su falta de delicadeza por no decir de humanidad. Su deseo de copular no deja de ser un deseo universal. Es probable que muchos violadores ocasionales convenientemente preeducados y en contextos más permisivos no hubieran llegado a esos extremos tan reprobables. Hilando fino el violador es un tipo sometido a códigos férreos que no le han permitido evolucionar y experimentar el placer, bramando como fieras cuando ven una oportunidad para hacerlo. En las ideologías menos permisivas, la islámica entre ellas, los violadores son chalados dispuestos a perder la libertad por un solo polvo o incapaces de crecer como adultos dentro de una sociedad compleja y contradictoria. Lo menso que se puede hacer por ellos es despreciarlos e inmediatamente excluirlos. No se puede esperar demasiado de quien pone su pulsión sexual en el puesto de mando de su vida y no tiene ninguna consideración para complacerse como sea.
La violación no es exclusivamente femenina, o la mujer como violada. Una mujer también puede simularla con un pene artificial penetrando a un hombre pero de eso hay menos noticias. Un doble pene, que de un extremo este en su vagina y de otro en el ano de él. Es posible que los hombres penetrados así por sus mujeres aprendieran bastante más de la psicología femenina.
La experiencia o experiencias repetidas de violación en lugar de desarrollar una sexualidad creativa puede blindar a la mujer que haya pasado por ella/s ante iniciativas sexuales transgresoras o provocativas. El sexo tiene dos invitaciones a ritmos distintos según el momento y la sintonía con el amante. Hay propuestas sexuales que no son aceptadas al principio de un contacto y que son buscadas más adelante en el mismo encuentro o un tiempo después.
Tampoco se puede olvidar los factores de inhibición para cualquier clase de nueva relación sexual tanto en tiempos de sida como los pretéritos, en los que sífilis y gonorreas hicieron sufrir no poco a la condición humana en la búsqueda de sus placeres. Ante las primeas alarmas del contagio del Aids y las muertes espectaculares por esta causa (nunca se ha puesto en claro porque en la década de los 80 se moría más por el sida que en las posteriores) Anthony Fauci participó de las investigaciones para combatir los reservorios o santuarios del VIH. Parece que ya no es necesario eliminar el virus para controlar el Sida. Duda de la posibilidad y también de la necesidad de purgar el virus del reducto de células infectadas. Los ensayos demuestran que siempre queda un virus residual imposible de eliminar. Lo fundamental es la contención de sus reservorios no su eliminación. Aunque es prudente y afirma que de momento no hay ninguna evidencia clínica q sugiera la conveniencia de suspender los tratamientos. La sola posición de la mujer abajo mientras es penetrada ya es una postura de sumisión y es la más estandarizada.
En un estudio riguroso de violadas para conocer las distintas fases de uan violación habría que preguntar a una muestra honesta si en el curso de ella hubo algo de placer o no lo hubo en absoluto, en cuanto al dolor en que medida fue soportable. Por lo que hace al placer se tendría que discriminar mucho del valor en si mismo del acto sexual de la imposición de una conducta no deseada en si misma displacentera. Lo terrible de la cuestión es que una imposición (la violación en sí misma) no esta(ría) divorciada de la posibilidad de su goce en el momento de ser impuesta.
El tema de la violación no es tan fácil de dilucidar cuando en la parafernalia del juego puede tener su performance y en la realidad de la vida tiene su tragedia con una conducta criminal.

De la indiferencia al Rechazo

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:35

La indiferencia es uno de los fenómenos mas retratados en la sociedad humana, no necesariamente la más masificada, también se encuentra en pequeños barrios o vecindarios de escasa densidad. El sujeto indiferente es el que no muestra interés por el otro o por su entorno o por determinadas relaciones con objetos, estímulos y personas. La indiferencia absoluta es un síntoma patológico: el autismo. Entre esta en un extremo y la indiferencia selecta en el otro hay toda una gama de posiciones relativas. Hay personas y situaciones que mueven al interés y otras que no. No es necesario buscar razones evaluables ni claras, a menudo el mismo sujeto indiferente no sabe por que razones lo es. Algo de su interior lo marca y lo predetermina. Puede tener problemas con el color, con el idioma o con el aspecto de alguien. Basta que le recuerde a alguien con quien no tuvo sintonía o que su nombre le remueva viejas historias o cualquier asunto banal. Basta que haya experimentado un sentimiento de inferioridad o lo que sea para que la indiferencia sea un ejercicio práctico implícito: una forma de tratar al otro sin tratarlo. Evidentemente no hay ninguna obligación para la deferencia y lo que más predomina en la sociedad de población blanca mayoritaria es la indiferencia. Esta no deja de ser una forma civilizada de silenciar al otro: puede ser alguien directamente vinculado al ámbito de referencias y sin embargo callarlo no preguntando por esa persona ni aceptando recibir informaciones de ella. La indiferencia es un fenómeno sutil que va calando las relaciones y las extingue. Uno se entera de que lo que haga y diga o proponga le es absolutamente indiferente a otra persona porque da la callada por respuesta. Despues de enviar varias veces saludos y no recibirlos bidireccionalmente, o de hacer invitaciones y no tener acuse de recibo, o de enviar varios mensajes o cartas y no obtener respuestas, uno no puede por menos que replegar velas y reconocer que no hay viento. Si no hay correspondencia no la hay y punto. De la otra parte, otras tareas y asuntos más importantes mantienen ocupada su atención como para dedicarla o malgastarla a quien toma la iniciativa de contacto.
La indiferencia no tiene porque tener un posicionamiento de adversidad, simplemente puede quedar justificada pro la falta de coincidencia o de sintonía, por el hecho de tener maneras de ser diferentes, campos de intereses muy separados, razones existenciales diferentes, también puede ser por planteamientos e ideologías diametralmente separadas. La indiferencia es un fenómeno mayoritario enfrente de la deferencia que es minoritario y no siempre responde tampoco a un interés humanista por el objeto de deferencia. Pero mientras la deferencia propone unas condiciones que pueden dar lugar a una comunicación que se vaya cualificando, la indiferencia aborta toda hipótesis para ello. La indiferencia encadena indiferencia lo mismo que la violencia encadena violencia. A fuerza de insistir por alguien que no muestra interés y que se parapeta en estado missing acaba por dársele por desaparecido o su mención no pasa de ser un elemento contextual. Se citan a menudo personas o funciones como denominativos contextuales sin que tengan mas valor que el de referir una coordenadas. Mencionar tu padre, tu psicólogo, tu directora de escuela, tu hijo, tu cuñado sin referirlos por su nombre forma parte del léxico dominante en una cultura que se valora más la función que la persona. Para ser justo he de decir honestamente que no hay nadie que no acuda a la indiferencia como autoprotección y forma de relacionarse con el mundo no tratándose en profundidad con él.
Se puede establecer dos tipos de indiferencia esencialmente muy distintas: la que se tiene en relación a zonas de desconocimiento (la mayoría de personas del planeta no se las conoce en lo personal y no se puede tener una deferencia por ellas aunque sí por su constitución como humanidad) y la que se tiene en relación a zonas conocidas (parte de la gente que se conoce pero ante la que no se experimenta ninguna reacción de interés).
En los círculos de relación en los que vive y por los que se referencia una persona siempre hay un conjunto de personas que están en la proximidad (la familia política por ejemplo) con la que no hay una convergencia. No tiene porque haberse dado ninguna clase de enfrentamiento estridente, es posible que haya bastado microdetalles para posicionarse en contra, primero instintivamente y despues argumentativamente. Por lo general todas esas sutilezas no salen a la luz pública. En no pocas ocasiones antes de conocer a alguien ya se tiene una posición tomada ante esta persona. Es el comportamiento que se suele tildar de prejuicioso, pero la cosa es más complicada que la de tener un prejuicio. Los pre-juicios y pre-posiciones no dejan de autoafirmarse y nutrirse con nuevos elementos aportados por la experiencia que los avalan.
El mecanismo de la indiferencia creciente no es nada complicado. Tan pronto una persona se separa, toma distancia y muestra frialdad hacia otra lo mas probable es que esta otra le corresponda en los mismos términos. Es algo que se va dando sin que se necesite una planificación sólida para hacerlo. Es así que van pasando los años y no se asiste a la realidad subjetiva de esa persona incluso pudiendo ser importante para el futuro. Es famoso el rol espesante de las suegras o así tratadas por sus yernos, y no menso famoso el rol problemático de los abuelos para acceder a sus nietos a pesar de sus padres. A fuerza de intercambiarse nada los sujetos mutuamente indiferentes pueden llegar a olvidar el por qué de esta situación y por qué razón se desencadenó. Lo que es más grave: quien la inició puede atribuir al otro su falta de interés en el contacto. Reflexionar sobre la indiferencia es obligado en la reflexión de la psicología de la relación humana. La indiferencia constituye la zona dominante de las relaciones. Dicho de otra manera hay más personas en el mundo que se muestran recíprocamente indiferencia que otras que se muestran la deferencia. Cada una de esos miles de millones de personas que pasan y prescinden las unas de las otras no le faltan razones particulares muy solidas para parapetarse de lso demás o justificar porque les cayeron mal. El fenómeno es de tal envergadura que el ser humano demuestra su fracaso en eso aunque con la indiferencia paguen el justo merecido de quienes no necesiten más atención.
Cada uno de nosotros tiene la doble experiencia de no mostrar deferencia por otras personas y a su vez recibir la indiferencia de otras más. Eso no es grave cuando quien se hace el -o actúa como- indiferente forma parte de una constelación personal cuyo rol no es el esperable. En algunos clanes familiares con los que toca relacionarse por elegir a uno/a de sus miembros que no renuncia a su membrecía el único modo de sobrevivir es manteniendo las distancias o en caso necesario adoptando una indiferencia evidente. No quiero saber nada de tal o cual. No me hables más del asunto ni de esa persona. Terminamos por decir sorprendiéndonos a nosotros mismos con esa resolución tan radical. Todo lo que se puede hacer con alguien al que se considera insoportable, incorrecto e indeseable es apartarlo convenientemente a distancia para que no nos moleste con su soberbia, sus manipulaciones o su mal olor. Si molesta demasiado esa indiferencia se transforma en un rechazo explícito. Mira, ¿quieres comprender que no quiero nada de ti? Adiós, terminamos por decir a alguien que se te cuela por la ventana de tu vehículo ofreciéndote cosas que no te interesan ni que le has pedido e insistiendo como una bala de purgante con ellas.
La indiferencia es inevitable en un mundo como el nuestro cuyos valores dominantes no pasan precisamente por los defendidos por el humanismo. Esa parte de ella destinada a quienes conocemos porque han entrado en uno u otro de los círculos tangenciales con los que por obligación toca tratarse a diferencia de la otra con respecto a lo y a los desconocidos, es una forma sutil de mini rechazo o incluso un rechazo en espera. Hay un tipo de indiferencia que en realidad es propia del sujeto tímido que no se atreve a leer sus sentimientos reales y se auto coloca en ese punto pero que lo que en realidad encubre es un rechazo latente, siendo que el salto de la indiferencia implícita al rechazo explícita en realidad puede ser el salto de un rechazo no reconocido a uno reconocido. Cabe insistir que no tiene porque haber grandes razones para esa conducta. Basta la constatación de una falta de correspondencia para experimentarlo. He pasado por algunas experiencias curiosas como la de señalar la distancia y la frialdad, atributos de la indiferencia, a una persona indiferente hacia mi que se molestó al decírselo y eso la hizo saltar de su indiferencia a su rechazo explícito. En esos casos la adiaforia no cumplía mas que una pose transitoria antes de mostrarse realmente en lo que era. Recuerdo otra ocasión en la que la última conversación que tuve con una persona muy vinculada a mi vida fue por preguntarle que le pasaba por mantenerse en una posición tan a cubierto de mi o tan acorzada. Se puso tenso y nervioso, me dijo que no tenía una respuesta clara y nunca más volvimos a sentarnos para hablar de nada. Era mi hermano.
La fenomenología del desinterés por el mundo de lso demás es tan extensa que constituye una verdadera plaga. Se puede hablar de una epidemia universal donde sus atributos complementarios son el individualismo ególatra y la vida privada de puertas para adentro. Para la supervivencia psicológica del individuo la autoprotección pasa por grandes dosis de desmotivación que llega a alcanzar el umbral de apatía. Para disimulárselo selecciona un elenco de personas en las que volcar todo aquello que no dedica a otras. El autoengaño queda así cumplido poniendo el énfasis del problema en la persona a la que castiga con no dedicarle atención en lugar de hacerlo señalando el bloqueo de si mismo como trasfondo principal. No es que lo contrario de eso: la deferencia total sea la mejor de las alternativas. Hay quien un exceso de celo dedicacional lo convierte en un vocero de privacías. Marcel Mart aseguró que la mejor fuente de información son las personas que han prometido no contar lo que saben a otros.
El mundo está repartido en millones de propiedades privadas y de secretismos psicológicos en los que los unos no son invitados a entrar en las verdades y dominios de los otros. Esto forma parte de lo que llamamos realidad y las estimaciones que nos hacemos los unos de los otros, en particular cuando somos viajeros de primeras veces en países que no habíamos visitado antes, dentro de las primeras menciones está la del aperturismo o no mental de sus gentes y su capacidad hospitalaria o no. Aunque todos somos fundamentalmente egoístas y privacionistas nadie se abstiene de hacer su comentario al respecto midiéndose con los demás en función de su grado de hospitalidad o de comunicación. Objetivamente el mundo no se divide entre personas indiferentes y personas deferentes sino que hay que observarlo bajo el prisma de ambos parámetros para saber cuando es mas lo uno y cuando es más lo otro. El ser humano padece de una agnosognosia para reconocerse esa condición como patológica, dentro de una sociopathos, y la justifica como la consecuencia lógica de un estado de incomunicación permanente.

Autoanálisis

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:32

Tras Un primer año de análisis del Uno Mismo.
El año es una unidad de tiempo que dice muy poco de un análisis psicológico. Así como puede tener una importancia extraordinaria para otros trabajos o procesos y también para la maduración de ciclos y procesos naturales; el año analítico con una frecuencia de una o dos sesiones por semana puede contabilizarse en medio centenar o un centenar sobrado de horas. Su conjunto podría ser comprimido dentro de una semana desde el cálculo del tiempo empleado.Pero no, desde luego, desde la dimensión terapéutica.Entre sesión y sesión el discurso analítico deja una reflexión motivada y un repaso de las construcciones valorativas. El yo que toma consciencia de los sucesos biográficos a los que quiere darle el valor de subjetividad va manteniendo un doble nivel de valoración: el del progreso personal (medido en términos de una liberación de sufrimiento o en términos de liberación de un malestar residual) y el de la deconstrucción de las justificaciones previas, que amurallaban al ser tras unos límites innecesarios. Las secuencias de crecimiento están verdaderamente entre sesión y sesión,Es en ese lugar interexpositivo en tanto que entreacto, lo que proporciona al organismo y a la psique la oportunidad de trabajar hacía otras perspectivas y soluciones. Pero un año en cuanto a tiempo global es una unidad nada despreciable. Se han podido mover las cosas y las circunstancias suficientemente como para que emerja un sentimiento impositivo de resultados.De hecho, algunos tomados por tales, estuvieron siempre en un estado de latencia. La positivación de un análisis es una discriminación entre los imponderables y las cuestiones movibles o los temas posibles de cambiar. Esa jerarquización entre los mandatos limitantes externos y su imposibilidad de transformación y las propias excrecencias mentales y patologías de ansiedad y miedo,;dedicando cada aparatado su justo lugar de consideración, permite el salto cualitativo entre la maduración ante un objetividad y la crisis de subjetividad ante un externo que se ha refijado obsesivamente. en ese proceso el di´diálogo psico-analítico habrá tenido una importancia extraordinaria desde la asimetría que constituye la interacción entre el que enseña su miseria y problemática existencial y quien ya salió de ella. Se trata de una habla y una escucha y al mismo tiempo de un diálogo .
Tras un primer año de análisis si el establecimiento de esa discriminación suficienta al analizante, posiblemente el análisis requiera ser suspendido o pospuesto sine die.si esa discriminación no desplaza la necesidad íntima de la continuación de un abocamiento y un evacuamiento de consideraciones privadas tanto como teóricas acerca del uno mismo, entonces su continuación queda prescrita. Tal continuación puede ir variando cualitativamente (de hecho su variación se da o puede darse de mes a mes y de sesión a sesión,. e incluso dentro de una misma sesión quedando diferenciado su comienzo de su final)hasta dejar de ser un análisis personal para convertirse en una construcción epistémica del ser. Al final resulta que el desarrollo consecuente de los actos de comprensión y de descompresión de uno antes lo que habían sido sus aflicciones, le lleva a superar la condición de analizante para ser la de analista de sí mismo y de procesos que se dan en la vida humana.
Ciertamente después de un primer año puede seguirle un segundo y otro, y otro más y hasta una docena o incluso una fracción de una siguiente u otra entera..¿que es lo que determina una continuidad autentificada? ¿La verdadera necesidad analítica o un apego (una costumbre relacional)generado por esa misma necesidad? tener un espacio sesionado semisemanal, semanal o bisemanal (o diario si eso es lo pactado)de asociación libre que permita construir el discurso apetecido del momento e irlo librando as cada cita, de una configuración personalista y culpabilizadora de los protagonistas de escenas descritas o transcritas, para irlo convirtiendo en un análisis objetivista y referido a leyes de comportamiento; es lo que va constituyendo ya no solo una vía de salida de un laberinto, sino una adhesión a una teoría o la construcción para sí de esa teoría de cambio y soluciones. Evidentemente el lugar(despacho, consultorio) del habla y de la escucha espacializados y especializados pueden jugar un rol de acostumbramiento y de adicción. Lo que marca el progreso no es el año analítico en sí mismo y por mucho que desde un punto de vista externo de una relación de análisis, se pueda impugnar el hecho de un tiempo supuestamente excesivo, la cuestión es el balance psíquico de este tiempo y su traducción en beneficios existenciales e implementación de cambios en la personalidad.Y también, por supuesto, en las aplicaciones de las facultades superiores. Cada persona tiene su cifra esencial y el tiempo concreto no es sino un número de expresión de un tempo o de un ritmo evolutivo.Y su cura pasa por su desapego de sí librando ese sí, como consciencia substancial, de su fascinación por el yo , por un ego adulterador de un plano de vitalidad principal. Tras un período de análisis hay que contar en como continua el análisis aunque haya terminado o se desee concluir una versión del mismo. De hecho todo análisis viene a ser concertado (y/o negociado)en función de unas demandas precisas y por lo general en un contexto de agobio, pero un análisis no termina al trascender aquél contexto y tras la neutralización de un síntoma. El análisis es algo inherente a la expresión intelectiva de la vida y necesita ser continuado como una constante permanentizada en la vida. Puede quedar decretada una terminación analítica en un contexto profesional o vinculada al oro depositario y escuchante principal, pero su interminabilidad es patente en las circunstancias vivenciales y en la cotidianeidad.Sus variaciones pueden imprimir rutas distintas o packs temáticos nuevos. La insistencia toda la vida en los mismos puntos no deja de ser una expresión neurótica de las fijaciones de las que uno no ha podido librarse y hace su personalidad una explotación de aquellos temas o argumentos que le proporcionan mejores resultados. Con lo que saca partido de sí mismo a partir de una canallesca relación con su interioridad.
La continuación analítica a grosso modo es la proporcionalidad del pensamiento. Un auto/analizante o un analizante es quien acaba enfrentándose a sus zonas dolorosas parte de las cuales atenuará o eliminará,rompiendo radicalmente con los agentes del dolor y otra parte reinterpretará como no dolientes.Su análisis psicológico persistirá hasta que resulte extinto en sí mismo e innecesitado. Pero el análisis total es ineludible de la adhesión al pensamiento y a diversidad que representa una multitud ilimitada de variables que exige continuas tomas de reflexión y de posición.
Cuando al fin el yo personal es transformado y expresado en tercera persona ,el sujeto da cuenta de una libranza: la de quedar despegado de turbias visiones y de un desdibujamiento fronterizo acerca de cada parte que lo compone y de donde procede. Ese verdadero trabajo para descifrar las sombras y alumbrar las perspectivas lleva a reconocimientos sobre lo que uno es y por donde le toca seguir. Le tocará establecer donde es el controlador y donde ella controlado/a. La idea del locus de control vendrá a establecer una visión sumaria de donde están las palancas de mando y quien las maneja si el uno mismo o lo exógeno aunque sea a través de uno.En el aprendizaje de lo que uno es como autenticidad hay pasos obligados por el desenmascaramiento de aquellos contenidos arrastrados que no son propios pero que se mantienen como prótesis o bastones de ayuda o segurizantes ficticios.

Amor y deseo: un doble registro

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:30

Las consignas sobre el amor como la solución a todos los males se repiten en diversos formatos y contextos. El slogan opuesto a esto no existe. Lo poco que he conocido de la apología al odio se auto justifica con otra versión amorosa. El amor es la gran palabra, tanto de las religiones como de las psicologías, tanto del humanismo como de las relaciones bipersonales. El amor es la energía que sustenta la vida y permite aguantar toda clase de adversidades y penurias. Vale la pena cruzar toda una vida desértica sentimentalmente si en algún momento de ella aguarda una historia amorosa con alguien que te convierte en su eje, en su objeto de dedicación, en su persona de mimo, en su complementario, en su objeto de deseo, también.
El amor mueve un tipo de energías y lleva una serie de implícitos, el deseo dentro de ellos. Sin embargo son parámetros completamente diferentes. Ni todo amor comporta deseo ni todo deseo pasa por la condición sine qua non del amor. Se puede intercambiar puntal pero no siempre la palabra deseo por el concepto pasión. Al halar de pasión amorosa se pretende afirmar un implícito o inherencia que no siempre existe en todas las situaciones. De los atributos del amor la pasión ni es una constante atemporal ni siquiera tiene porque darse. La pasión tiene la proyección connotativa de la posesión sexual, es decir de la posesión corporal. Es la forma de concretar el contacto sensorial. El deseo refiere una dimensión mayor que puede o no incluirla. Desear al otro no se limita a desearlo para poseerlo, tenerlo, degustarlo, probarlo, penetrarlo, amarlo, mimarlo, adorarlo, lamerlo, besarlo o gozarlo, también puede referir a desearlo como hijo, a tenerlo dentro de una relación pura, a tenerlo como ideal, a procurar su progreso y su futuro. Es un sesgo del lenguaje pensar que deseo significa automáticamente deseo sexual. Deseo es antes que nada la idealización de una posibilidad en el campo que sea. El deseo es la utopía en lo social y la relación sublime en lo particular.
En las relaciones personales concretas el amor y el deseo son dos canales de energia distintos que pueden o no complementarse según los casos. Se puede amar a una persona a partir de irse dejando amar por ella e irse correspondiendo sin tener un deseo erótico por ella. Podemos amarnos los unos a los otros sin tocarnos aunque sería difícil decir, sin percibirnos. El otro amado pasa por nuestro campo de sensorialidad, sino por la degustación lingual, la sensibilidad táctil o el olfato, sí al menos por la escucha y por la vista. De los 5 sentidos, estos dos son los que actúan como más civilizados y distantes, mientras que los otros tres son los que se permiten reduciendo las barreras distanciales de los unos con los otros. Oler a alguien, besarlo, tocarlo significa pasar de la proxemia marcada por la cultura a la no distancia, al menos por lo que hace al roce físico. La sensación de formar parte del otro o de hacer de los dos cuerpo unos fusionándose y estando completamente pegados es difícilmente inigualable en un contacto conversacional, aunque los elementos argumentales e informativos que proporcione este no lo proporcionará aquel. Las parejas convivenciales tenemos un espacio diario mágico donde reconsolidar permanentemente el contacto sensorial. Con las manos nos tocamos, con la boca nos besamos, con los genitales nos fundimos. Todo esto es una concreción del deseo erótico. No siempre tiene que darse y la misma cultura proporciona coartadas para su extinción. Hay parejas que duermen en camas separadas e incluso habitaciones separadas o que circunscriben sus contactos sexuales a muy pocos por mes. Lo contrario, el contacto erótico sensual diario o explícitamente copular u orgasmático también puede derivar a una gimnasia genital en la que uno goza y el otro hace de ayudante técnico. Se confunde el amor con su deseo pasional de temporada. La pérdida de interés sexual por el/la partenaire no significa ni la liquidación de la energía libidinosa que puede resurgir y reproyectarse hacia otra persona ni la liquidación del amor. Hay otros valores de la persona a la que se quiere que no pasan por una forma física estupenda y deseable o por la práctica erótica alta.
Al revés, el deseo puede ser voluptuoso, sicalíptico, intensivo e irreprimible por alguien que ponga la forma, el sex Apple, la correspondencia sin remilgos, la suficiente dosis de transgresión y la falta de inhibición sin que una historia convivencial sea posible o sin que la misma historia amorosa esté clara. ¿Hasta qué punto la psique humana no evita caer en las trampas conductuales del amante que bascula entre su amorosidad y su deseo? Es fácil encontrar un criterio que marque la frontera. El amor es algo anterior y posterior a la consumación del deseo erótico. El deseo sin amor es algo que se desentiende del objeto del deseo –el otro seducido o corresponsivo- tan pronto se ha visto satisfecho.
Una historia de amor no se limita a sus cópulas contantes, ni siquiera cuando estás sean diarias es lo más relevante de ella. Se pueden recordar como anécdotas curiosas, haciendo algunas en un vagón solitario de un último metro o debajo de la mesa de cocteles en un party, pero lo que queda fundamentalmente del otro es su valor global y el peso que haya tenido en la biografía de uno. Por el amor al otro se puede morir, por su acuartelamiento sexual no o no tanto. La acogida sexual se puede pretender en otro partner sustituto, pero el amor es insubstituible. Cada historia es única e induplicable. Expuesto el amor como tema en una rueda conversacional con personas de experiencias, culturas, curriculums completamente distintos nos encontramos con la dificultad de acotamiento temático. El moderador deberá insistir una y otra vez que se hable del amor y solo del amor, que no salte a los temas de la pasión, del deseo o del sexo por muy colaterales que sean. El ejercicio será difícil. Hablar del amor como algo puro se hace inasible, lo mismo que hablar de la virtud dentro del vocabulario filosófico de la Grecia antigua.¿cómo medir el amor, interpretarlo, juzgarlo o entenderlo sin medir lso atributos que los confieren? Hay distintas clases de amor y ya se hadicho que el deseo erotico solo es una parte del deseo en general. De los amores clasificables el amor de entrega mutua en el marco de pareja es el que se ha llevado la escena-esquema para tipificar lo que es el amor. A los otros amores, al de la amistad o incluso al paterno filial, mucho mas al fraterno entre sujetos que tienen los mismos genes, se les recaracteriza con otros adjetivos: cariño, afecto, preocupación… El amor es el amor de y a alguien singular que suele llegar después de llevar ya bastantes años viviendo y que viene a desbancar las primeras figuras de interés que hasta este momento centraban una biografía: compañeros, padres, familiares, amigos…El amor de pareja coloca en la proximidad, en principio diaria, a un partner con el que contrastar y al que prestarle mayor atención que a nadie de lso anteriores. El recién llegado a la biografía de una persona si es un enamorado autentico desbanca a los antiguos instalados en ella. Es así que las parejas, mientras duran, pasan a tener la prioridad aunque eso se haga difícil de señalar de esta manera. De hecho, cuanto menos claro tenga una persona emparejada su rol en el universo que ha concretado con su pareja, más condicionado se verá el desarrollo de su amor. Hay amores que se sostienen más allá delo decible porque la pasión sigue en alza. El deseo erótico puede llegar a perdonar errores conductuales de carácter insufrible en el otro. El deseo concretado en un beso puede seguir común una sumisión a los caprichos de la persona deseada. En la otra óptica, un amor sin pasión que nunca la tuvo puede tener una perspectiva de duración incluso mayor que aquel otro que si tuvo un periodo de pasión y al fenecer esta se tradujo como un amor terminado.
A menudo una historia de amor empieza por un deseo en bruto o genérico. Todo empieza por un “me gustas-tú también”. Gustar es un verbo que sirve también para una infinidad de cosas relacionadas con el placer que tienen un eco en el sentido del gusto. No es porque si que el ser humano emplee el mismo verbo para definir que el gusta uan comida, un espectáculo o una persona, todo remite de alguna manera a la fase oral. En esta simple doble frase ya está contenido el tipo de pauta verbal que se va a seguir desarrollando. Quien se atreve a dar el primer paso para hacer una declaración espera su recibo y retroalimentación a partir de lo cual dará los pasos siguientes. El lenguaje amoroso protocoliza una negociación del alcance sentimental. Tal vez uno lleve la iniciativa y el otro se deje seguir convenciendo. Quien es más deseado y es menos deseante se puede sentir condicionado por tanto arrobo ajeno o por generar tanta expectancia en el amante en puertas. Por su parte, quien desea y no calla su deseo puede descubrirse a si mismo como alguien casi incontinente incapaz de esperar a la primera cita para volcar toda su energía. La construcción amorosa es algo que se va dando y conectando con la expresión del deseo. La no correspondencia de este puede poner freno a aquel. Pienso que no están completamente claros los límites entre lo uno y lo otro y sus intersecciones. Hay un conflicto epistémico entre la definición de amor como algo sentimental y el deseo como algo de la necesidad fisioneuronal. Sabemos que no hay un amor igual a otro ni una historia de amor que copie otra. Cada distintividad la singulariza y la convierte en algo excelso e irrepetible. Un nuevo amante puede proponer una historia de amor sublime, incluso superando todas las anteriores, lo que no puede esperar es volver a repetir la/s misma/s que hiciera antes o volver a sentir exactamente lo mismo. Es cierto que hay un lenguaje amoroso repetitivo. Inevitablemente acabo diciendo cariñito o cuquita o amore o cuca mía o cosas parecidas pero no olvido nunca con quien estoy y quien es quien. En las aproximaciones seductivas cada amante en espera pensará sus propias estrategias para llegar a sus objetivos de conquista o si no las hay se dejará seducir por las influencias que reciba o llevar por las coincidencias con las que se vaya encontrando. Habrá quien no se perderás las crónicas de Natalia Espesi para vestirse de acuerdo al look de mayor éxito y habrá quien olvidará por ejemplo las exigencias de etiqueta para el cortejo.
La intensidad pasional va a favor del recremento amoroso pero la conexión interenergética entre ambos no tiene porque colocar necesariamente el uno como variable dependiente del otro. Hay otras razones por las cuales continuar una relación amorosa: compañía, proyecto común de vida, sin que haya pasión.

Mitomanía del Amor Universal

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 18:26

Todo lo que necesitamos es amor. Es la energía existencial más altamente reputada e indiscutida. Nadie se atreve a negarlo. Amor por encima de todo. A ver, todos juntos/everybody: ellos/as aman- vosostros/as amais-nosotros/as amamos-él/ella ama-tú amas-yo amo. ¡Muy bien! Lección aprendida. El amor es entregado con el pack de una infinita variedad de propuestas que van desde el elenco de religiones a la nómina de productos cívicos de relación. Las agencias matrimoniales viven de él como producto y los antiguos burdeles eran algo más que casas de sexo. La gente busca y pide amor. Amar es lo importante. Nadie se pone voluntariamente del lado del no-amor o al menos no lo hace de una manera explícita para no formar parte de las listas de los seres odiosos. Amamos al por mayor. Somos humanistas, altruistas, practicamos la filantropía. A fuerza de repetirlo, el amor está en todas partes, hasta lo podemos encontrar bajo las piedras, apuntado con corazoncitos en las cortezas de los árboles, en las esquinas, en las calles y sus pintadas, en las tabernas...
No siempre está bien visto: la gente todavía pleitea por darse besos en público, porqué una cosa es lo que dice el marco legal y otra muy distinta lo que está dispuesta a admitir la inercia de la tradición .
Hay tanto amor, se dice, que un observador neutral se tiene que morder la lengua cuando no para de encontrar episodios de odio por doquier. En estos momentos el saldo de conflictos armados en el planeta ronda el de 30 países. Amantes de los números: no desesperéis, a medio plazo esta cifra se verá incrementada. Si hay tanto amor universal ¿cómo es que no para de haber violencias terribles, tanto a pequeña escala doméstica como lo que sucede a gran escala internacional? Algo falla. La teoría amorosa cursa no sin trampas. El amor afirmado debe ser un amor simulado. El amor declarado forma parte de las leyendas indispensables. Necesitamos creer que somos depositarios de amores ajenos y sabemos ejercer como seres sentimentales. Ese debe ser nuestro sino. Es lo que nos caracteriza como seres humanos. Forma parte de las maneras culturales de relacionarnos. ¿Si no somos capaces de amar, de qué sirve que seamos capaces de hacer otras cosas? Sin embargo, el amor tanto en su teoría como en su manera práctica de ser mostrado, viene confundido con otras prácticas: las necesidades convivenciales, la empresarialidad de las relaciones, los móviles sexuales. Por otra parte, no hay una sola clase de amor sino una vasta gama de sentimentalidades: las vinculaciones heterosexuales, las homosexuales, las paterno-filiales, las amicales y las fraternas forman parte de las categoría más conocidas. También hay el amor místico, el amor cortés, el amor entre camaradas, el amor platónico...Unas clases de amor representan líneas sentimentales mutuamente excluyentes y otras son solapadas. La verdad sentimental en toda su crudeza queda proporcionada por las indagaciones que deben permitir el libre albedrío de las respuestas para que no sean condicionadas por el criterio de lo que conviene decir. Nancy Friday transcribe un buen número de fantasías de lectoras animadas a ser confidentes desde el anonimato, algo que es más dificil obtener en los careos directos. La sexualidad de facto o su fantasía -como una expresión de la evolución de ella- concretan vínculos de intimidad y concreciones amorosas. ¿En qué proporción el amor disminuye cuando el partner no obtiene del otro lo que espera de acuerdo a la idea que se ha formado? El amor no es todo lo desinteresado que su definición permite conjeturar sino que está condicionado. No funciona de acuerdo al principio universal del amaos los unos a los otros ni cree en la pantomima de que los seres aman a todos los demás a piñón fijo. Los filántropos se hacen misántropos y los cristianos agotan sus otras mejillas para seguir aceptando malostratos. El amor tiene en la antigüedad el icono de Eros: principio de vida y de placer y en las óperas y otros documentos dramáticos una larga historia de violencias entre amantes y sus contextos.
El amor es voluptuoso, pide el goce y la correspondencia, no tiene suficiente con la declaración del te-quiero (forma verbal, por otra parte, más sincera que la de te amo) sino que necesita la seguridad del objeto amado, lo que lleva al control, a la celotipia, a la rivalidad, a la insania. El amor universal, por principio, tiene más que ver con la mitomanía que no con la constatación de los hechos. Nos amamos ¡sí! Y necesitamos amarnos, pero no hay un amor igual a otro, no hay un compañero o compañera que nos procure la misma historia de juegos y pasiones que el anterior, o que el posterior. Además, el amor no existe a priori sino que es una de las conductas de aprendizaje. Cada cultura tiene sus maneras predominantes de amar y la inercias tradicionales prefiguran los distintos roles para hacerlo. Los hombres son promocionados a la falocracia, las mujeres a la sumisión, los niños a la obediencias, los adultos hacia la fiscalidad. No se ha permitido ni permite la libre expresión de los impulsos y las necesidades de crecimiento subjetivo. La masturbación sigue siendo, tácitamente, prohibida, y cualquier contacto sexual antes de los 18 puede ser judicializado como manipulación. La sexualidad empieza con la infancia y la voluptuosidad y capacidad física para el goce es mayor en unas edades que en otras, también en un género que otro. La tesis de Mary Jane Sherfey es que los mayores deseos femeninos para las copulaciones y su capacidad orgasmática de repetirlas fue una de las razones por las que fueron segregadas como grupo dominante tras el matriarcado y trasladadas a un plano de inferioridad, dadas las dificultades masculinas en seguir su ritmo. No hay hombre moderno -por mucho que declare el amor a su compañera- que acepte que ella siga sus impulsos y cubra sus necesidades sexuales con otros varones. Nos amamos sí, pero justo hasta el punto, de que nuestro objeto de amor no se desmadre hacia otros aventurismos de placer que no nos incluyan.
El amor universal es un principio rector interesante que pronto hace aguas, cuando en las relaciones concretas y sus conflictos derivados vamos sumando gente a la lista de los indeseables o de los no depositarios de afectos. Como teoría está muy bien, como praxis cotidiana resulta impracticable. El objeto de amor además de ser depositario de los anhelos y proyectos de futuro también es tratado como una fuente de placer. De hecho el amor oscila en función de la consistencia de ésta. Las atenciones al otro están dentro de la perspectiva de obtener el propio gusto. Frith, cirujano inglés, refirió la costumbre en Qatar, en el golfo pérsico, de la colocación de bloques de sal en la vagina de la parturienta para asegurarle su estrechez y así conservar la dotación de placer para el hombre en las copulaciones posteriores. El abuso de la cirugía estética también viene acondicionar el cuerpo ante las exigencias de la mirada y del placer del otro.
El amor universal como constructo es una de las destilaciones más encomiables del pensamiento de la humanidad, otra cosa es atribuirle una pureza extática. Ni siquiera queda demostrada en aquella clase de amor supuestamente menos materialista. Teresa de Avila refiere una séptima estancia en sus meditaciones, como el último y más elevado estado de misticismo, donde se topa con un gran deseo de sufrimiento pero con un límite para ser saciada por la voluntad del señor. ¿No es eso una clase de erotismo instrumental? El amor incondicional es una instancia quimérica que la misma leyenda amorosa necesita alimentar. Puesto que el amor surge y se desarrolla en los espacios relacionales, al igual que todos los demás pasa por la negociación, la selectividad y la discriminación. No se quiere a todo el mundo ni se quiere de la misma manera a quiénes se quiere. Tampoco se quiere con la misma intensidad en las distintas fases del curso de una relación. Otro asunto es que por precepto dogmático se haga un auto de fe del amor a la generalidad difusa de los demás. En la práctica todo es sometido a correlaciones de poder y de condicionantes. Pero no a procesos estandarizados: huyo de los sexólogos y puntos de vista psicológicos que tienen tasas de años preasignados para la pasión o para el amor. Ambas energías pueden durar lo que dure la vida y el hecho de que a algunas parejas se les agoten en el año número equis de haber iniciado su relación no significa que las demás tengan que seguir su modelo. Por lo general estas teorías son más el producto de proyecciones personales de sus autores que no el resultado de investigaciones serias.
Ante los otros en general nos caben tres grandes clases de posturas: las de quienes queremos, las de quienes definitivamente no queremos (dejándolos una temporada en el casillero de los odios) y quienes nos resultan indiferentes. Para Simone Weil, lo que cuenta en la vida y de quienes nos acordamos es de quienes queremos o hemos querido; es decir, de ese minúsculo y nanocósmico grupo que realmente nos interesa y por el que estamos dispuestos a partirnos el crisma. Los demás: esos 6400 millones de personas con las que compartimos planeta y esta época entresiglos forman parte del paisaje cuando no de la distancia inalcanzable.

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