Llamamiento a los hombres. N. Estebenz Nogal.
Hace tiempo que la era del machismo está de retirada. Mejor dicho está absolutamente desacreditado. El piropo barriobajero y la frase poco ocurrente son indicadores de analfabetos colgados de la parra. La violencia verbal y los campos domésticos tomados como rings de puñetazos, mucho más. Hubo un tiempo de elogios bonitos con los que donjuanes originales agasajaban las bellezas al pasar. Hoy hemos vuelto a las miradas de soslayo, al reservismo, a la insinuación. Las chicas se siguen desarrollando más rápidamente que los chicos, cuando estos todavía son niños aquellas ya son medias mujeres. Los críos empiezan su andadura como palurdos tratando de estrenarse con adolescentes más liberadas. Aquello que sale en algunas películas de desvirgar a un muchacho llevándolo a los brazos de una mujer adulta o de una prostituta que le enseñe la puerta grande de la vida eso ha quedado para los secretos de los episodios nacionales. Lo más habitual es que un crío pase unos cuantos años antes de ser recibido en el paraíso terrenal y eso le marca para siempre. El futuro hombre que será llevará siempre el trauma de haber llegado tarde y a menudo mal ala vida sexual.
Algunas cosas no han cambiado tanto: ellas hacen sus círculos y grupos, ellos los suyos. La coeducación o enseñanza mixta no ha acabado con esa propensión de cada género a hacer de clan. Las inseguridades quedan demostradas en una edad en que durante los patios de los centros escolares circulan más verdades que en las aulas en las clases. A los chicos les gustan los juegos duros, la pelota, las carreras, a las chicas más el sosiego, la charla. Una vez adultos las mujeres saben más de todo, se interesan más por las cosas, acuden a las reuniones de vecinos, organizan la logística doméstica, son mnultiempleadas en un montón de cosas trabajando dentro y fuera de sus casas. Los hombres se apoltronan en los sofases, crían panzas a base de lingotazos de cervezas y en poco más de veinte años de pareja son pitopáusicos o casi. Cuando ellas todavía piden guerra y tienen deseos sexuales ellos están para ser llevados al desguace.
Los hombres tienen siglos detrás que los han extenuado: vistieron corazas de hierro, fueron a todas las guerras, se embarcaron en aventuras peligrosas, hicieron de mineros arrancando minerales de las grutas de la tierra, hicieron de esclavos levantando pirámides o monumentos a los caídos por dios y por lo que fuera, se subieron a los andamios para matarse a dos por día, en eso debe estar la media española, en accidentes laborales; aprendieron a conducir antes vehículos a motor o bicicletas y con sus barítonas voces impusieron la ley en casa y también en la calle. Los más negados para otros asuntos vistieron uniformes y dieron tortazos. Una buena porción se dedicó a las tareas industriales. Los más espabilados se sacaron carreras universitarias y ocuparon puestos de ejecutivos en empresas. Los más sementales hicieron de patriarcas, los más guapos no pararon de ligar. Y es que ser hombre llevaba mucho trabajo. Era el encargado de las tareas físicas más duras y de defender como el cabeza de familia que era a su mujer e hijos ante todo peligro externo. De niño no ha tenido los permisos para ser niña: no podia jugar con muñecas, no podia llorar, tenía que aguantar la vida tal como venía. Era preparado para ser hombre, es decir para ser un abnegado servidor de las costumbres. Fue educado para invitar a las mujeres, para tomar la iniciativa en propuestas de todo tipo y la más fundamental la de proponerles matrimonio. Todos los hombres sabían que casarse era una temeridad por la pérdida de libertad que suponía pero la tradición se ha continuado prodigando. Mientras tanto las mujeres evolucionaron: exigieron su derecho al voto, cambiaron sus fajas por bragas o tangas, sus corsés por sujetadores, sus faldas por pantalones y su rol de sumisas al dictado masculino por su propia y brillante autoridad en un mundo que corría a favor de la igualdad.
La igualdad entre hombres y mujeres sigue sin existir pero al menos son más respetadas sus diferencias. Mientras las mujeres van accediendo a cargos de mayor prestigio y económicamente más rentables hay hombres que empiezan a renunciar a su rol tradicional. Este es un llamamiento a los hombres para que reconsideréis vuestra posición. Es a todas luces evidente que el género masculino, el que llena masivamente plazas de toros y de fútbol en medio de unos frenesíes de histerias y neurosis colectivas cuyo contagio alcanza a pocas mujeres no puede ser el sexo de la fuerza condición que en otros tiempos se le atribuyó, antes bien demuestra su mente débil, su incapacidad para otros placeres más efectivos aunque no sean tan espectaculares. Los hombres siempre necesitaron ocupar los palcos de unos espectáculos deplorables donde corría el sudor de los deportistas o la sangre en la época de los gladiadores. Las mujeres aguardaban en casa haciendo la comida, ocupándose de los niños. Ahora que miles de años de historia de dominio masculino han demostrado lo poco que ha valido su poder para cambiar el mundo para mejor, es la hora del gran relevo. ¡Hombres de todas las latitudes y puestos, abandonad vuestras responsabilidades! Dejad que las mujeres vayan reemplazándoos. La razón histórica os libra de toda conciencia, de toda responsabilidad y pago. Dejad que el feminismo diferencial de las mujeres las lleve a la dirección social, política y económica de todos los asuntos. Se dice que son más pacíficas y menos dadas a las libaciones de sangres, que al ser madres no están dispuestas a enviar sus hijos a la guerra, que al tener mentes holistas son más capaces de entender las cosas globalmente. ¡Sí! Dejadlas que os quiten de en medio. Pasad a la logística doméstica. Regad las plantas, preparad paltos exquisitos, haced cursos de cocina si es preciso, sacad el perro a pasear, ir cada día de tiendas aunque sea para comprar una sola lata de cerveza, una ensiamada y media docena de huevos. Dejad que ellas salgan primero de la cama, que pongan los despertadores a las 7 o a las 6, o antes. Quedaros encamados con ese último sueño tan rico del duermevela matutino.
¡Hombres de todos los reinos, colores y condiciones sed hombres de la nueva era! ¡Olvidad que vuestras anatomías son volumenes unidos a penes. Pensad con la cabeza y no con el culo!. ¡Hombres, rescatad algo de la inocencia infantil de un pasado en el que ante vosotros se habría la hipótesis de un futuro de libertad. Hombres, no tratéis de demostrar lo que no sois, lo que no conseguiréis. No os metáis en hipotecas que no os van a dejar levantar cabeza mientras viváis. No permitáis que os asignen a roles de chupatintas, mentecatos, subordinados sin voz, inútiles con pies o recaderos! Dejad de ir por los templos de la sensualidad como conquistadores. ¡Que os conquisten! Si alguien quiere algo ¡que os busque! ¡No os entrampéis con ceremonias católicas o gestiones judiciales de compromisos maritales a perpetuidad! No confundáis el amor y deseo por vuestras parejas con la subordinación a sus demandas clasistas. ¡Hombres del siglo XXI revolucionaros contra los cincuenta siglos pasados que os contemplan! Haced lo que ninguna generación varonil hizo antes: dejad que las mujeres se ocupen de vosotros, que sean las cabezas de familia, que sean las que lleven los pantalones –por mal que suene eso-, que traigan la pasta a casa, que os mantengan, que os mimen, que os reenamoren. Hombres, ¡sed niños! Que no os cunda la vergüenza: que sean ellas quienes se suban a los andamios, se pongan los monos de mecánica o las corbatas, sí vuestras hermanas, esposas e hijas. Dadles el testigo del relevo, quedaos en casa, en vuestra calle; dedicaros a la tertulia, a los paseos por el parque, a la retaguardia. No hay nada que una mujer no pueda hacer de lo que un hombre hace. Lo que es mas no hay nada de lo que un hombre hace que no pueda hacerlo una mujer y mucho mejor. Es cuestión de que tenga esta oportunidad. Pues muy bien proporcionádsela. No seas los primeros en ponerles trabas en sus ascensos meteóricos al poder.
Ellas tienen ese derecho indiscutible tras la marginación por siglos de historia y vosotros ¡reconocedlo! Estáis agotados, vais frenéticos por la vida, conducís atropelladamente, sois victimas de cánceres y ataques cardiovasculares. Morís antes que vuestras compañeras de especie. Daros un respiro. Iros a los balnearios. Que las mujeres ocupen la inmensa mayoría de escaños parlamentarios, que sean presidentas las futuras gobernantas del país, que los ejércitos solo tengan soldadas y que a los hombres se os prohíba toda actividad productiva. Es un llamamiento que va más allá de un simple cambio de roles. Los hombres –unos perfectos inútiles según repetidas y sabias voces- poco pueden hacer más que no sea deambular y hacer de ociosos, las mujeres –una autenticas estrategas- pueden ocuparse de ellos, tenerlos como sus fuentes seminales frescas en caso de necesidad objetiva y como gatitos a punto de jugar. Pero cuidaos hombres de no ser utilizados para seguir poblando el planeta de nuevas generaciones de seres infelices e infectos por las nuevas patologías que se avecinan. Aceptad la consigna del goce pero no la de las cargas. Es el fin de la división de prerrogativas entre deberes y derechos que tanto empeño tuvieron en vociferar los fascismos. Las generaciones de la abundancia no pueden continuar esquilmando al planeta les basta con vivir de los beneficios acumulados, de las cosas construidas, e ir masticando pausadamente los compuestos de los graneros llenos.
Hombres, dejad de dar la lata con teoremas sobre la sociedad de todos, la riqueza, la velocidad y la plusproducción. ¡Al carajo con tanto reto! Dad el turno a las mujeres que tienen prisa en ocupar cargos, conseguir sueldos estupendos, vestir uniformes y mandar en el país, sin duda, con más esquisitez que vosotros. ¡Quedaros en casa! Podéis empezar practicando juegos de naipes y de dominó en los cafetines o simplemente id de paseo y de playa entre semana. Al principio tendréis la sensación de hacer campana luego os acostumbraréis. Hombres, ¿no os dais cuenta que la vida no es currar continuamente ni empeñar los dias, los meses y los años para que las empresas triunfen y vosotros sigas tan pobres como siempre? en el mejor de los casos algunos os podréis enriquecer: pasar a ser todo aquello que siempre deseasteis: nombres públicos, personajes respetados, acaudalados millonarios y ¿todo eso os va a dar más felicidad? No. La felicidad pasa por la ociosidad sin sentirse delincuente por ello. ¡Se pueden hacer tantas cosas si uno encuentra tiempo para ello! Dentro de cada obrero en una cantera hay un escultor en bruto, dentro de cada trabajador hay un ingeniero, dentro de cada empleado hay un pozo de narraciones. ¿Por qué perder el tiempo haciendo cada día las mismas cosas? Dejad vuestros puestos a quien ha sido excluido por su condición sexual de ellos. Hombres que no os venzan las malas lenguas. No seréis menos hombres por cambiar vuestros roles. Es casi imposible que un hombre adulto reaprenda funciones domésticas como planchar o coser pero surgirán alternativas. Habrá cursos de confección para hombres y encuentros de psicoterapia masculina para hacer jerséis de lana con el punto bobo como praxis de relajación. ¡Hombres, haced de mujeres! ¡Esa sí será una modificación radical en el trato humano!