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Utopía en Marcha
La invocacion del sueño utópico ha ido quedando para la literatura mientras que el disfrute de la vida alternativa va pasando por la capacidad de transgresión subjetiva de cada idealista.

Categoría: DISCUSIÓN

14/11/2008 GMT 1

Reos y libertad digital

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 20:40

Libertad de movimiento y libertad de relación.
Reflexión sobre la privación de libertad en la era del planeta digital.

Es evidente que el grito ácrata del más tradicional libertarismo de que la sociedad no es libre mientras haya uno solo de sus ciudadanos encarcelados no nos sirve para la vida práctica. Todos los extremos conceptuales por poéticos que puedan ser a la primera impresión no dejan de ser una fanfarronada. Sabemos de la existencia de mucha gente encarcelada y represaliada por las botas de las distintas injusticas que todavía permanecen en el mundo. Sabemos de otras miserias existenciales. Sabemos de la mediocridad humana. Sabemos que el saber y la consciencia de eso no es suficiente para eliminarlo. A pesar de todo, el balance de represiones y fracasos no puede empujarnos a la letanía permanente de la falta de libertad propia por la falta de la libertad ajena. La libertad es un tesoro demasiado mayúsculo por aceptar que nos sea amputada o incluso reducida parcialmente porque otros carezcan de ella. Es cierto que la libertad como concepto filosófico absoluto no es dada totalmente mientras el ser humano no deje de ser el que es y sea otro. En este intervalo que puede durar milenios o tal vez no termine nunca del todo, la lucha por la libertad es el reto individuo a individuo más que el de clase o el de multitud. Conceptualmente venimos progresando desde que se acepta que la libertad política no es la panacea de las libertades y que su formato dentro de las democracias participativas no quita la falta de libertad personal o incluso de la palabra.
La reflexión y el debate sobre la libertad nos lleva aun serial de libertades: desde las más públicas a las más privadas. La modificación performántica del panorama relacional en el mundo a partir de la digitalización del planeta (o de una mayor cantidad de gente incorporada a la tecnología digital del contacto) introduce nuevos planteamientos por lo que hace a la gestión de la libertad.
Desde las posiciones protectoras de la sociedad indefensa la tesis de la libertad queda relativizada con el siguiente esquema: para asegurar la libertad de unos hay que privar la libertad de otros. Se supone que esos “unos” son los ciudadanos modélicos y tranquilos que viven vidas integradas y placenteras y esos “otros” son delincuentes mal nacidos que se acostumbran a vivir y a enriquecer con atracos a las propiedades privadas y agresiones a aquellos. Ese esquema es de una lógica aplastante. No sabemos de ningún modelo social en el que no hayan dejado de excluir de ella (encerrándolos o liquidándolos) a todos aquellos antisociales que se oponen a la paz ajena y a los valores colectivos. Hasta aquí el esquema podríamos subscribirlos todos, incluyendo los ácratas más dogmáticos, que atrapados en la última pregunta de qué hacer ante el psicópata multiagresivo admitirían que habría que recluirlo para tratarlo y no dejarlo a la libertad de su circulación y a la explosión de sus odios. Otro asunto es que otros intereses de poder criminalicen cualquier clase de disidencia y metan en el mismo grupo de castigables a los críticos sociales y a los que agreden a ciudadanos mientras van a reunir fondos a un cajero automático.
El análisis de la criminalización de los movimientos sociales es mas complejo y solo cabe recordar que todo lo reivindicativo que molesta a un estado, éste tenderá a sacárselo de encima con toda clase de artimañas incluyendo la injuria, el fraude y la aplicación indebida de los códigos legales. Pero ahora me interesa más la reflexión particular sobre la delincuencia tópica y típica del residente social que agrede a otro para robarlo, matarlo, violarlo, destruirlo o dañarlo de algún modo de maneras crueles o violentas y es interceptado por el aparato de defensa social. Una vez juzgado y sentenciado a reclusión (con todos los recursos de rehabilitación de los que se pueda disponer, claro) el concepto de esta puede estar en crisis. La privación de la libertad de movimiento, de la calle, del contacto presencial con los demás, del goce físico-sexual, de las comidas en restaurantes viene directamente determinada por la condición de indeseable del tipo que no puede o no sabe hacer el uso adecuado de todo esto. En lugar de relacionarse convierte a sus semejantes en su materia prima. Muy bien tenemos a un tipo carcelario (los hay que son carne reincidente de presidio porque es la esfera en la que más familiarmente se encuentran a gusto) pagando su condena. Por su alojamiento concreto tiene controladas las visitas del mundo exterior y es condenado doblemente a relacionarse con sus compañeros de galería o de patio, sus compañero en suma de destino. Antiguamente sus relaciones postales eran censuradas y las cartas recibidas así como las enviadas pasaban por un rotulador rojo que hacia ilegible aquello considerado como no decible o no legible.
La actualidad de las relaciones virtuales permite que una buena parte de los contactos humanos lo sean en el planeta digital, por la vía de chat o de correo electrónico o de usos telefónicos via internet, también por telefonía móvil. El sujeto carcelario puede tener privada su libertad de movimiento en la calle para que no reincida en su daño a los demás o a los intereses de los demás pero ¿hasta qué punto se le puede prohibir su trabajo de relación y navegación internáutica con el mundo exterior, cuando hoy día todo planteamiento educativo formativo pasa por acudir a ese fondo de recursos?
Hay razones en contra de esa libertad de navegación internáutica porque hay muchas webs que son basura (algunas incluso dicen como asesinar o muestran imágenes de asesinatos) pero también hay procedimientos informáticos que bloquean el acceso a estas páginas. Si un recluso ha tenido tradicionalmente el derecho a libros y utensilios de escribir, lo lógico es que los tenga para un ordenador o para sus registros de voz. Si el margen de maniobra llega hasta aquí también puede llegar a su acceso al mundo exterior por telefonía móvil e internet. Aceptado este punto, el reo cumpliendo prisión puede (o podría) desde su celda seguir haciendo una relativa vida normal. Teniendo vida social con sus amistades, manejando sus negocios, consultando sus cuentas bancarias, escribiendo todo lo que se le ocurriera y en definitiva recreando su vida desde el escaso perímetro de su movimiento.
Tomemos otra figura de la calle sin la libertad restringida por tener que cumplir ninguna pena dedicada a sus quehaceres informáticos que le retienen durante muchas horas del día en el mismo habitáculo con su ordenador. Aparentemente ¿cuál es la diferencia entre el uno y el otro? El sujeto carcelario no podrá salir hasta que no cumpla su condena, el otro puede dejar de hacer el monje o el auto-recluso en cuanto quiera, pero en el día a día la similitud puede ser enorme salvo que uno tiene que cumplir unos horarios de patios o de comidas o de lo que sea y el otro no.
Tradicionalmente la misma pena sentencial de privación de libertad incluía la de movimiento y la de relación. Actualmente la privación de libertad, la presencial en la calle, no tiene porque implicar la otra. O esa es la discusión. La jurisprudencia deberá especificar el significado moderno de sentencia en firme para pasar a ser huésped de un recinto carcelario. Sé de mucha gente –yo entre ella- que una temporada carcelaria sería una experiencia gratísima de descanso sumamente bien recibida. Seguramente se recuperaría el tiempo que no se tiene en la calle y daría para otras meditaciones y rescate de tareas pendientes. Si además la posibilidad de internet fuera efectiva sería si no la panacea una hostelería de primera. Evidentemente dentro de la vida carcelaria no todos los reos tienen los mismos privilegios y esos se ganan en función de un gradiente de conductas y de la tipología de cada delito. Dentro de los delitos también hay los informáticos. Seria un contrasentido que un delincuente informático tuviera los recursos de internet desde su celda, desde la que podria continuar preparando sus asaltos bancarios. La modernidad internáutica pone en aprietos jurídicos la aplicación de antiguos y obsoletos códigos de castigo civil y penal para la preservación de las buenas costumbres sociales. Puesto que ningún ser humano es idéntico a otro tampoco un delincuente es el mismo caco que otro. Embutir las conductas dentro de una misma pena sin adaptarlas a análisis concretos de ellas es un grave error del sistema judicial. Por otra parte si a cada reo se le especifica su pena concreta con unas condiciones concretas para cumplirla un centro de reclusión se parecería mas a un balneario que a una penitenciaría. Ningún dictado de sentencia puede negar a una persona toda posibilidad de contacto con el mundo exterior como tampoco puede negarle el alimento. Es en todo momento una pena que por un lado controle la reclusión pero por otro lado haga prevalecer la vida. Muy bien, si siempre han sido lícitos un tipo de contactos presenciales, ¿Por qué no iban a serlo a través de las vías internáuticas de relación? Si esto es aceptado la supresión de la libertad de movimiento no es tanta, o no es tanta pena, en tanto que la libertad de relación con extramuros (que es otra forma en la que se expresa el movimiento) no es eliminada del todo.

Renacimiento de las Tertulias

utopiaenmarxa@hotmail.com @ 16:32

El renacimiento de las tertulias: pasar el mundo por la palabra.
Durante los discursos de la militancia y en la época en que era perentorio tomar partido y organizar las discusiones en torno a las acciones sociales, las apreciaciones que merecían las reuniones discursivas eran un tanto despectivas.Se las veía como charlas de café o conversaciones descomprometidas o debates pequeñoburgueses. Unos años después, con el modelo democrático consolidado y con una enorme multitud de grupos vertebrados en torno a sus praxis concretas (ediciones de boletines, parcelas ecologistas, ongs de solidaridad, ongs para lo que sea, peñas naturistas, grupos naturalistas, dentro de una variedad de especificaciones)se ha generado otro vacío con el que no se contaba: frente a tanta especificidad y fragmentos del movimiento social se encuentran a faltar lugares para la cultura lúdica. Antes estaba bastante mal visto reunirse para hablar sobre sociedad, teoría,opresión, problemas, sentimientos o realidades y no tratar de llegar a conclusiones. Mucho peor visto estaba no concretar caminos para solucionar las cuestiones detectadas sobre el tema hablado. La idea de la concreción era idolatrada, a la vez que temida, pues quien no proponía lo concreto corría el riesgo de ser tachado/a de intelectual, diletante, filósofo, abstracto, teoricista, estudiantil o inútil. Ciertamente para cambiar lo social y lo externo, los discursos no podían andarse por las ramas (otra denominación hiriente),sino que cada reunión debía llegar a una conclusión factible o a una evaluación de gestiones y pasos dados dentro de una táctica-plan o un programa de trabajo previamente decidido. No había otra forma para convocar a la conspiración y a la lucha y hacer de los deseos de cambio un movimiento fuerte de renovación. Tal herencia metodológica sigue persistiendo en nuestros días y no puede ser de otro modo.Para que un grupo determinado sea útil a un contexto social debe tener claro p ara que nace y qué persigue,sino caerá irremediablemente en su dispersión y en la demora de sus pretensiones. La variedad de grupos con los que colaborar es tal que hay un menú de propuestas y praxis políticas y reivindicativas al gusto de todos. Las ofertas están servidas y las elecciones están hechas. Pero ¿qué pasa con lo otro? ¿con las ganas de hablarlo todo? ¿con el discurso de la vida? ¿con la filosofía personal? ¿con la relación lúdica intelectual? ¿con el amor por el saber compartido? ¿con el flujo de conocimientos heterogéneos desde la base? ¿con conocer el pensamiento de los compañeros inmediatos de lucha sobre otros temas fuera de la reivindicación o gestión del momento? ¿qué sucede con el deseo pretérito de pasar al mundo entero por la palabra modesta de cada uno? Todas esas preguntas se resumen en una: ¿qué pasa con el habla sobre nosotroas mismoas?
No es extraño que la falta de la conversación plural más allá del ámbito amical o estrecho,esté incitando los últimos años a convocatorias tertulianas o a su florecimiento. Tácitamente hay una reivindicación de aquello época de los neutrales, o de los conversacionarios en sus cafés, que en torno a figuras lúcidas o a deseos creativos se reunían para ejercer una de las cosas más bonitas y más antiguas de la condición humana: hablar en paz. Volver a hacerlo ahora es tratar de compensarnos en algo que no nos ofrecen nuestros grupos reivindicativos, estemos en los que estemos y sin entrar en sus diferencias ideológicas o de programas. Si cada grupo tiene la ventaja de su especificidad también tiene el sesgo de su discurso parcial.En contrapartida las tertulias inspiradas en el impulso por el saber y por co-opinar sobre la vida, las efemérides o lo que se tercie otorgan unas coordenadas comunicativas más liberadas de normas o de eficacias forzadas. ¿Acaso las reuniones de trabajo y militantes,no pasan una y cien veces por la experiencia desagradable de eternizarse en un mismo punto de impasse?¿Acaso de eso no brota una inferencia frustrante,por la cual no se v vuelve a repetir asistencias irrentables? ¿Es o no es que cada grupo de trabajo social acaba siendo una porción parapetada en si misma que no admite otras entradas si los planteamientos son muy distintos? Bien,forma parte del panorama otoñal de la fragmentación.
Por el contrario las tertulias de conversaciones no tienen que normativizar nada, programar ninguna política, demostrar ninguna eficacia, teorizar ninguna tesis sobre la comunicación.Les basta con dejarse llevar por los temas sin espantarse por el discurso ejecutivo. Una tertulia a diferencia de cualquier otro acto comunicacional con pretensiones (congresos o jornadas de debate programadas de partidos y organizaciones) no necesita llegar a un consenso,o a votar una cuestión.Todo lo contrario consiente el disenso que es una manera de describir la tolerancia ante el principio de diferencia. Poder hablar en grupo, que sea además abierta y al que se puedan ver caras nuevas en cada una de sus reuniones sobre el tema propuesto para ese día y no tratar de imponer las propias opiniones,es un ejercicio maravilloso, una escuela de vida cuya calidad puede ser alta y permite la diferencia de velocidad y de pensamientos ante todo lo que sea presentado. Es el diseño de la cultura lúdica, disociada de un baremo de medios para su rentabilidad. Aunque directamente y voluntariamente no hay conexión con un propósito o un compromiso, el acto de opinar, de decir aquello en lo que se cree a otros, de manifestar lo reprimido,es un acto compromisario.Es una actuación aunque no reditúe una contusión práctica. si los grupos específicos para trabajos sociales llegan a ser restrictivos y de acceso minoritario,las tertulias en tanto que su naturaleza es no exigente, tolerante y abierta pueden masificar sus asistencias y constituirse en actos sociales públicos y cívicos de referencia,aunque esa no haya sido su pretensión.
El solo hecho de crear una tradición de habla en concordia y no caer en las trampas de crecimiento de casi todos los grupo: su tendencia intestina al autoencierro; es ya un reto formidable. Hablar en un contexto de permisividad recíproca es una manera también´ de concretar la utopía aunque sea desde una moderación y una sencillez.
Observar la pirueta histórica que ha dado la concepción de la palabra y la importancia de todos sus foros en hacerla: desde los que negocian acuerdos para bisturizar la realidad, a los que no negocian nada para mantenerse como observadores. Estar en el lugar de la observación ya no significa estar en aquel descompromiso tan criticado de las épocas de las dictaduras, sino en la fase fundamental de toda ciencia.Sin colección de datos no ha manera de estudiarlos, comprenderlos y transformarlos. Un contexto tertuliano no espera otra cosa que tener un lugar de flujos y intercambios de palabras, que -desde luego-puede derivar a otros espacios,pero que no constituyen una meta inicial ni posterior. Se trata de un contexto más pasivo que activo, más captador que interventor, más relacional que operativo.Y aún así puede hacer bastante para la vida social de una ciudad o de un barrio o de una gente,si mantiene su talante de transparencia y de profundización en los temas. como otra ventaja supletoria,permite un buceo o un sondeo en un conjunto de opiniones heterogéneas que pueden revelar momentos de opiniones convergentes en una situación social. Participar en una tertulia es participar también en un sondeo,que revela por donde corren las ideas de la calle y los fantasmas públicos.Es conocer lo que sucede y no especular sin fundamento sobre ello. Una tertulia transparente y sin temor a ninguna invasión o manipulación de nadie si permanece abierta(contrarrestando la tendencia natural en el crecimiento inercial de todo grupo a una cierta dosis de enquistamiento, selectivismo y cierre)también lo estará a otroas tertulianoas de otras tertulias, con lo que la transmisión de la palabra, el intercambio de conocimientos y la filosofía de la mutua com-penetración podrán prevalecer. La tertulia por su carácter distenso y lúdico y su disociación liberada con la conclusión no impide que sea rigurosa y enriquecida. Cada punto de vista y aportación es un valor en si mismo y todo el mundo siempre tiene algo que decir aunque a veces quede guardado.de entrada unas intervenciones o unos asistentes no tienen más valor o importancia que otros . La tertulia ideal es la que acaba creando una conversación colectiva de la que nadie se sustrae,algo que no siempre sucede en otros ámbitos de la palabra con formatos presentados bajo la etiqueta del rigor. A diferencia de otros ámbitos de vínculo cultural,la tertulia admite que la última persona en llegar puede decir lo que a nadie se le haya ocurrido expresar con anterioridad. En ese sentido todoas loas participantes están en una igualdad de condiciones. otra diferencia perfectamente marcada con los grupos orgánicos de carácter severo. Y una cosa más que no puede dejarse de lado.La tertulia en tanto que no es una asociación no exige nada a nadie y lo agradece todo a todos quiénes pasan por ella: tanto a quienes recalan una temporada o a quienes fichan sin fallar nunca, como a quiénes acuden una vez para no volver nunca más porque no es un lugar que quieran incorporar en sus agendas o sus tiempos ocupados.De un extremo a otro, todo el mundo puede decir la suya atreviéndose a enseñar lo que sabe y a aprender en lo que escucha.

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