El análisis de productos contantes
El análisis de la realidad y de sus productos contantes.
El análisis de la realidad pasa por el análisis de las cosas que contiene. La realidad está compuesta por un gigantesco número de cosas grandes y pequeñas que la contienen. Está claro que de todas ellas cada individuo tiene relación sólo con una pequeña parte o se las arregla para vivir con aquellas a las que por su poder adquisitivo puede alcanzar. Depende del estatuto socio-cultural de cada cual si entramos en unos circuitos de consumo u otros y probamos la calidad máxima de unos productos o la extrema insolvencia de otros. También depende de la sensibilidad recursiva de cada consumidor. El ingenio más que el dinero lo consigue todo pero parece razonable pensar que a mayores posibilidades para pujar mas condiciones para conseguir tal o cual cosa. Sin embargo la sociedad clasista de la actualidad ha diferido notoriamente de la sociedad de clases de una y más generaciones atrás en las que el elitismo y el capital líquido era privilegio de los menos. Hoy concurre una masificación de la minoritariedad de entonces. Cualquier, bien cualquiera con una fuente de ingresos regular, puede costearse cosas que antes eran atribuciones únicamente de los más ricos. Hoy las familias compran y se abastecen en los grandes mercados y almacenes a los que llegan la mayor parte de los productos. Si bien no todo el mundo viste de marca ni va a los mejores hoteles sí puede viajar a países exóticos con alojamientos asequibles y vestir ropas que emulan los diseños de aquellas marcas. En definitiva, el gran milagro del capitalismo actual ha sido el de convertir en grandes consumidores a los más desfavorecidos de antes que no tenían otra asignación que la de ser productores o al menos esto lo está consiguiendo en una mayor geoárea planetaria. La existencia social y pública y extrovertida pasa por el consumo. Quien no consume no existe o de acuerdo con un slogan creo que de Eroski, pero eso es secundario, lo podría perfectamente subscribir cualquier otra cadena, “consumo, luego existo”. La cuestión no es tan felicísima como parece. Consumir significa interactuar tanto con el producto o servicio en concreto que se adquiere o contrata como aquel o aquellos que lo favorecen, venden o proporcionan. Dada la falta de calidad en las ofertas en el mercado se puede inferir que por un cálculo simple se adivina que a mayor cantidad de interacciones comerciales con el mercado mayor cociente de desajustes, desamparos, desarreglos, fraudes o problemas se van a conseguir. Cuantas más cosas compremos más nos arriesgamos a que nos defrauden con ellas. La relación con el comercio ha variado profundamente. Antes la tienda pequeña simbolizaba un lugar atencional y de servicio con la cosa vendida que quizás venía de un huerto o de una granja o de una fábrica cercanos, incluso de la misma localidad o zona en la que era distribuida. Eso permite a la imagen bucólica en la que los tenderos se preocupaban de sus clientes y donde recíprocamente los unos y los otros se conocían por sus nombres y se interesaban por sus vidas. El peso del dinero y el afán del lucro además del peso de los monopolios fueron reduciendo al pequeño comercio tanto en su crecimiento y presencia en tanto que establecimientos como en su noción de servicio a sus clientelas. Hoy en día predomina una relación de anonimato entre quien compra y quien vende además de desconocimiento de la trayectoria que ha seguido el producto hasta llega a la cesta de la compra y el domicilio particular que lo va a consumir. Esa enajenación de todas las partes del proceso deshumaniza a los vendedores y distribuidores intermedios en sus funciones respectivas como a los compradores que quedan reducidos a consumidores con perfil de engañables. La parte final de la historia la pone el consumidor cuando se encuentra con un producto nuevo averiado o un servicio negligente. Si eso ocurriera en un porcentaje bajo de veces se podría atribuir a la mala suerte. Posiblemente 1 pieza de cada mil o 10 mil puede salir defectuosa de una maquina. Lo sospechoso es que una de cada dos veces o, peor aún, dos de cada tres, haya productos que no funcionan, que estén deteriorados o que no se correspondan con lo que prometen. Por encima de las casas y marcas más predispuestas al fraude, para decirlo menos ofensivamente, al error; concurren unos perfiles de comportamientos en los que la calidad profesional tiende a estar ausente. Demasiados productos envasados de alimentados en latas tienen un porcentaje creciente de líquido conservante que ocupa una parte considerable e innecesaria del volumen que debería ocupar el alimento. Demasiadas reparaciones domésticas o del automóvil o del ordenador dejan desarreglos potenciales que salen con una cierta demora. Demasiados artículos vienen incompletos o carecen de elementos prometidos. El fenómeno de artículos de baja calidad ha llegado al sumum cuando hay tiendas especializadas en vender artículos a bajo coste sí pero que son absolutamente inservibles o no aguantan ni un día. Evidentemente hay cosas baratas que terminan por ser más caras que las de tiendas de lujo. Pero no las tiendas para pobres ni las tiendas para ricos están a salvo de proporcionar, en tanto que cadenas de transmisión, productos objetables. En principio lo lógico es que los artículos que contienen calidad, éstos prevalezcan. Y lo cierto es que hay ropa, muebles y objetos domésticos que duran toda la vida y fuera la que fuera su inversión quedan sobradamente amortizados. También hay otros elementos que quedan agotados en una semana.
El contacto con todos ellos proporciona una rica gama de experiencias que van del acierto con la excelencia al fracaso del engaño. Fundamentalmente en la nueva etapa de la economía como generadora de beneficio monetario en si misma, el sujeto es estafable en toda regla y debe saberlo. Estar atento a cada cosa al menos le permite dejar testimonio de los nombres de productos y fabricantes asociados a prácticas inaceptables.
Keynes ya señala la llegada de una etapa en que la economía queda reducida a una simple cuestión técnica, al servicio de la política que llevar adelante .Un recorrido por el panorama del mercado y de sus productos es también un recorrido por la realidad en la que nos toca estar. Cuánto más tiempo tengamos que perder en pelearnos por revindicar condiciones de calidad a las cosas que consumamos menor tiempo nos queda para vivir la vida en sus predicados más fundamentales: lo lúdico, lo relacional, lo amical, lo intelectual y lo filosófico para pasárnosla enganchados a la cotidianeidad deplorable de sus déficits.
Un modo de crear una realidad alternativa es examinando cosa a cosa los errores de la realidad impuesta que todavía le falta mucha para limpiarse de todas sus impurezas y engaños.

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